Biodiesel.

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Ciencia

Brasil cambia de estrategia: refuerza su apuesta por el biodiésel contra la dependencia de combustible extranjero

Brasil acelera las pruebas para subir el biodiésel al 20%: con el diésel caro y más importación en riesgo, la mezcla se vende ya como “seguro” energético.

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Las claves

Brasil refuerza su apuesta por el biodiésel para reducir la dependencia de diésel importado, acelerando los ensayos técnicos para aumentar la mezcla obligatoria hasta el 20%.

El encarecimiento del diésel por la guerra en Oriente Medio y la ventaja económica del biodiésel nacional impulsan la estrategia del Gobierno brasileño.

Brasil, como mayor productor mundial de soja, usa esta materia prima para fortalecer su soberanía energética y económica mediante el biodiésel.

El contexto internacional, con China e India aumentando compras de crudo brasileño y el desplome de importaciones desde EE.UU., presiona al país a tomar decisiones rápidas en política energética.

Brasil lleva años presentándose como una potencia energética capaz de mezclar petróleo, etanol y biocombustibles en una misma estrategia. Pero la nueva sacudida del mercado internacional, con la guerra en Oriente Medio encareciendo el diésel, ha obligado a Brasilia a acelerar el paso.

La preocupación no es abstracta. Aunque el país es un gran productor de crudo, sigue importando alrededor de una cuarta parte del diésel que consume, una dependencia incómoda cuando el comercio global se tensa y los precios del combustible vuelven a dispararse.

Ahí es donde el biodiésel ha regresado al centro del tablero. El Gobierno estudia acortar de forma drástica los ensayos técnicos necesarios para evaluar mezclas de hasta el 20%, frente al 15% obligatorio que rige hoy en el país.

La clave está en el calendario. Con un solo laboratorio, las pruebas podrían prolongarse durante 14 meses. Si se incorporan dos centros adicionales, el proceso podría reducirse a unos cuatro meses, lo que permitiría al Ejecutivo intentar cerrar una decisión este mismo año.

El giro no surge de la nada. En junio de 2025, el Consejo Nacional de Política Energética aprobó elevar la mezcla obligatoria de biodiésel del 14% al 15%, mientras el etanol en gasolina subía del 27% al 30% como parte de una hoja de ruta de seguridad energética.

Una guerra de materias primas

Ahora el contexto ha cambiado y la presión es mucho más fuerte. Reuters informó en marzo de que, en un escenario poco habitual, el biodiésel brasileño llegó a cotizar por debajo del diésel importado, dando al sector una munición económica que hasta hace poco no tenía.

Ese dato explica buena parte de la ofensiva actual. Si el combustible renovable producido en casa resulta más barato que el gasóleo que llega del exterior, aumentar la mezcla deja de venderse solo como una política verde y empieza a presentarse como una herramienta defensiva.

Brasil, además, dispone de una baza que pocos competidores pueden igualar. Es el mayor productor mundial de soja, materia prima dominante en su biodiésel, y esa base agrícola permite al país defender el biocombustible también como una pieza de soberanía económica e industrial.

La patronal Abiove y el grupo Aprobio han aprovechado ese momento para crear la alianza AliancaBiodiesel, desde la que presionan para autorizar mezclas de hasta el 20% de una sola vez, aunque luego la implantación pueda hacerse de forma gradual.

El trasfondo internacional ayuda a entender la prisa. En marzo, China elevó sus compras de crudo brasileño hasta 1,6 millones de barriles diarios, mientras India también aumentaba su peso como comprador y las importaciones de diésel en Brasil caían un 25% respecto a febrero.

Ese reordenamiento del mercado también alteró proveedores. Reuters señaló que los envíos de diésel desde Estados Unidos se desplomaron a menos del 1% del total importado por Brasil, mientras Rusia mantenía una posición dominante con cerca del 75% del mercado brasileño.

La apuesta no se limita a subir unos puntos el porcentaje de mezcla. En marzo también arrancó en Passo Fundo un ensayo con BeVant, un nuevo biocombustible diseñado para sustituir completamente al diésel fósil en vehículos compatibles, y no solo para acompañarlo.

Eso no significa que el camino esté despejado. Cada salto del biodiésel reabre debates sobre costes, motores, cadena alimentaria y ritmo de implantación. Pero en plena tensión geopolítica, el argumento del sector gana fuerza: el biodiésel ya no se presenta solo como bandera climática, sino como seguro energético.