Imagen de archivo de unos gatos callejeros.

Imagen de archivo de unos gatos callejeros. Juan Carlos Cárdenas EFE

Ciencia

Los veterinarios coinciden: los gatos que sufren el cáncer más común poseen síntomas que se confunden con envejecimiento

El cáncer causante del 30% de las neoplasias en felinos, en su forma leve, suele atribuirse erróneamente a un envejecimiento del animal.

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Las claves

El linfoma es el cáncer más común en gatos domésticos, representando el 30% de las neoplasias malignas felinas.

Sus síntomas iniciales, como pérdida de peso, menor apetito o debilidad, suelen confundirse con signos normales de envejecimiento.

El linfoma intestinal de bajo grado puede ser difícil de distinguir de enfermedades inflamatorias crónicas, incluso con ecografías.

El diagnóstico precoz es clave para el éxito del tratamiento, por lo que se recomienda evaluar cualquier cambio progresivo en gatos adultos o mayores.

El linfoma es, según la literatura veterinaria actual, el cáncer más frecuente entre los gatos domésticos, llegando a representar el 30% de las neoplasias malignas felinas. Sin embargo, su diagnóstico precoz sigue siendo un desafío clínico relevante por diferentes motivos.

La razón principal para retrasar este diagnóstico se debe a sus síntomas iniciales, muy inespecíficos y fácilmente atribuibles al envejecimiento normal del animal.

Esta confusión retrasa el abordaje diagnóstico y terapéutico, impactando directamente en la evolución y pronóstico de la enfermedad, como han explicado recientemente en Clinlabvet.

Aunque todas las razas de felinos pueden verse afectadas por la enfermedad, algunas parecen tener más predisposición que otras, e incluso parecen haber diferencias a nivel geográfico.

Cáncer frecuente, difícil diagnóstico

El linfoma felino es un tipo de cáncer originado en los linfocitos, células clave del sistema inmune, que pueden llegar a infiltrarse prácticamente en cualquier órgano; de ahí la enorme variabilidad de síntomas que esta neoplasia puede llegar a producir.

La revisión de Clinlabvet hace hincapié precisamente en este punto: la presentación del linfoma, especialmente en su forma intestinal de bajo grado (la forma más común en los gatos) puede llegar a ser indistinguible de procesos inflamatorios crónicos como la enfermedad inflamatoria intestinal (EII).

Por ello, este solapamiento clínico, donde tanto los síntomas como las pruebas de imagen por ecografía pueden dar lugar a error, constituye uno de los principales problemas diagnósticos en la práctica veterinaria.

Uno de los aspectos más relevantes señalado por los veterinarios es que los signos clínicos iniciales suelen ser sutiles y progresivos, destacando especialmente la pérdida de peso progresiva, disminución del apetito, menor actividad, debilidad general y problemas digestivos inespecíficos como diarrea intermitente o vómitos.

Estos mismos síntomas son también comunes en gatos en edades avanzadas, lo que a su vez lleva a muchos propietarios e incluso a algunos veterinarios a interpretarlos como cambios asociados al envejecimiento.

Por desgracia, en el caso del linfoma gastrointestinal, el tipo de linfoma felino más frecuente en la actualidad, estos signos reflejan infiltración tumoral de la pared intestinal, que puede empezar con alteraciones mínimas en fases iniciales.

Tanto en el caso de las enfermedades inflamatorias intestinales como en los linfomas de bajo grado, síntomas como alteraciones digestivas, engrosamiento de la pared intestinal y cambios leves en las analíticas son características compartidas.

Incluso la realización de ecografías puede no ser concluyente, dado que el linfoma de bajo grado puede no haber llegado a alterar las capas intestinales, imitando un proceso inflamatorio benigno. En muchos casos es necesario llegar a realizar biopsias y estudios de tejido para confirmar el diagnóstico.

Respecto a los factores de riesgo para acabar desarrollando esta enfermedad, aunque se sabe que el desarrollo de un linfoma es multifactorial, la infección por virus como FeLV o FIV, alteraciones inmunes previas, edades avanzadas y exposición a tóxicos ambientales serían algunos factores para tener en cuenta.

Actualmente, dada la vacunación frente al virus FeLV, es más habitual detectar casos asociados a edades avanzadas, lo que da lugar a una mayor confusión entre los síntomas reales de una enfermedad maligna y el mero envejecimiento del gato.

A pesar de estos obstáculos, se sabe que la detección del linfoma felino en fases tempranas tiene un impacto directo en la supervivencia del animal: la quimioterapia puede ofrecer muy buenos resultados en incluso remisiones prolongadas, especialmente en linfomas de bajo grado. Pero, de nuevo, el problema principal es el retraso del diagnóstico.

Los veterinarios suelen insistir en un mismo mensaje: cualquier cambio progresivo en el comportamiento, peso o hábitos digestivos de un gato adulto o geriátrico debe ser evaluado con un enfoque clínico riguroso, evitando atribuir estos cambios directamente a la edad o el envejecimiento.