La nave espacial china Chang'e-4 que ya está en la Luna.

La nave espacial china Chang'e-4 que ya está en la Luna.

Ciencia

China encuentra la región lunar en la que aterrizarán sus astronautas en 2030 y es todo un museo geológico

Un estudio propone Rimae Bode, cerca del ecuador lunar, como alternativa al polo sur para el primer alunizaje tripulado chino antes de 2030.

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Las claves

China ha identificado Rimae Bode, cerca del ecuador lunar, como candidata principal para su primer alunizaje tripulado antes de 2030.

La región destaca por su diversidad geológica, permitiendo el acceso a muestras de diferentes edades y materiales en distancias cortas.

Rimae Bode ofrece pendientes suaves y comunicación directa con la Tierra, facilitando el aterrizaje y las operaciones de los astronautas.

El programa chino prevé enviar la nave tripulada y el módulo de alunizaje por separado, con acoplamiento en órbita lunar y descenso de dos astronautas a la superficie.

China ya tiene sobre la mesa un dilema que también es toda una declaración de intenciones: para su primer alunizaje tripulado, previsto antes de 2030, ¿prima la búsqueda de hielo en el polo sur o un buffet geológico en plena cara visible? Un estudio acaba de proponer cuatro candidatos fuera del guion habitual.

La región señalada se llama Rimae Bode, en el límite entre Mare Vaporum y las tierras altas, cerca del ecuador lunar. No es el lugar donde se espera agua, pero sí un punto donde, en pocos kilómetros, se tocan materiales de edades y orígenes muy distintos.

El paper, publicado en Nature Astronomy, identifica cinco unidades de terreno dentro del área y, a partir de esa diversidad, selecciona cuatro zonas de alunizaje desde las que la tripulación podría acceder a depósitos piroclásticos, basaltos de “mares” y restos de impactos.

La metáfora del buffet no es solo una frase bonita: el valor científico está en que Rimae Bode permite recoger, en un recorrido corto, muestras que suelen estar dispersas. Eso ayudaría a reconstruir con precisión la cronología de volcanismo e impactos del Sistema Solar temprano.

Uno de los reclamos principales son los depósitos oscuros del manto y materiales piroclásticos —vidrios y cenizas volcánicas— que funcionarían como una ventana al interior. En términos de geología lunar, es un intento de leer capas profundas sin perforar kilómetros.

Quieren traer muestras de valor

También hay pragmatismo. Los autores subrayan que buena parte del terreno presenta pendientes suaves, adecuadas para un módulo de aterrizaje y para la conducción de un rover. Además, al estar en la cara visible, la comunicación con la Tierra sería directa, sin relés obligatorios.

En esa lógica, Rimae Bode compite por un atributo que suele decidir misiones: operabilidad. Cerca del ecuador hay ciclos de iluminación más cómodos para energía solar que en latitudes polares. Es una promesa de sencillez en la primera vez, cuando todo es debut.

El contraste con el polo sur es evidente. La propia planificación china ha señalado el interés por explorar esa zona con Chang’e-7, precisamente porque allí se buscan volátiles y hielo en sombras permanentes. Rimae Bode, en cambio, ofrece historia geológica más que recursos.

La jugada también encaja con el tipo de ciencia que el país ha cultivado con sus Chang’e: traer muestras con contexto y convertirlas en datación. En un lugar con mezclas de basaltos, vidrio volcánico y eyecta de cráteres lejanos, cada roca puede ser una fecha en el calendario lunar.

Eso sí: estas localizaciones aún no están cerradas en el calendario. El estudio pide cartografías aún más finas para medir distribución de rocas grandes, seguridad de trayectorias y distancias reales de trabajo. En la Luna, un campo de bloques mal colocado puede convertir un “sitio fácil” en un problema logístico.

Mientras tanto, el programa tripulado avanza con sus propios tiempos. China desarrolla el cohete Long March-10, la cápsula Mengzhou, el módulo lunar Lanyue, el traje Wangyu y el rover tripulado Tansuo, con prototipos ya en fases preliminares, según comunicaciones oficiales.

La arquitectura de misión prevista recuerda a Apolo en un punto clave: hará falta más de un lanzamiento. La idea descrita en fuentes oficiales es enviar por separado la nave tripulada y el módulo de alunizaje, acoplarlos en órbita lunar y que dos taikonautas desciendan a la superficie mientras el vehículo principal espera.