Deshielo en la Antártida.

Deshielo en la Antártida. Pauline Askin Reuters

Ciencia

Científicos ingleses alertan sobre la transformación de la Antártida: está dejando de ser blanca a vista de satélite

La retirada masiva de los glaciares antárticos abre la puerta a especies invasoras que amenazan el delicado equilibrio del continente helado.

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Las claves

La Antártida está perdiendo su color blanco debido a la multiplicación de la vegetación, visible desde el espacio.

Desde 1986, la cobertura vegetal en la Península Antártica ha pasado de 1 a casi 12 km², acelerándose desde 2016 por el aumento de temperaturas.

El crecimiento de musgos y la formación de suelo orgánico facilitan la llegada de especies invasoras, alterando el equilibrio ecológico.

La pérdida de hielo y el aumento de áreas verdes afectan la capacidad de la región para reflejar radiación solar, acelerando el calentamiento y el deshielo.

La Antártida está perdiendo su identidad cromática a una velocidad que desconcierta a la comunidad internacional. Lo que antes era un desierto de blanco infinito está dejando paso a un tono verde visible desde el espacio.

Un equipo de investigadores de las universidades de Exeter y Hertfordshire ha detectado un cambio sin precedentes. Mediante el análisis de datos satelitales, los científicos alertan de que la vegetación se ha multiplicado por diez en las últimas décadas.

Desde 1986, la cobertura vegetal en la Península Antártica ha pasado de ocupar apenas un kilómetro cuadrado a casi 12. Este crecimiento, impulsado por el aumento de las temperaturas, se ha acelerado de forma drástica desde el año 2016.

El fenómeno se debe principalmente a la colonización de musgos en áreas donde el hielo se retira. A medida que estas plantas mueren, generan una capa de suelo orgánico que facilita la llegada de especies más complejas.

Según la NASA, más del 90% de los glaciares de la región están perdiendo masa de forma constante. Esta retirada del hielo deja expuesta roca desnuda que, en cuestión de pocos años, es colonizada por vida vegetal oportunista.

Esta transformación del paisaje también altera la capacidad del continente para reflejar la radiación solar. Al dejar de ser blanco, el suelo absorbe más calor en lugar de rebotarlo, lo que acelera todavía más el deshielo local.

Los expertos denominan a este proceso retroalimentación positiva, donde el propio crecimiento vegetal calienta la superficie. Este ciclo podría modificar los patrones de temperatura regionales mucho antes de lo que sugerían los modelos previos.

La amenaza de las especies invasoras

El "enverdecimiento" de la Antártida no es una buena noticia para el equilibrio ecológico del continente. La aparición de suelo orgánico abre la puerta a especies no nativas que podrían viajar en las botas de turistas o investigadores.

El Comité Científico para la Investigación en la Antártida (SCAR) advierte sobre el riesgo biológico inminente. El aumento de las temperaturas facilita que plantas de otros climas logren sobrevivir en un entorno anteriormente hostil para ellas.

Las proyecciones del IPCC indican que la región seguirá calentándose a un ritmo de 0,34 grados por década. Este calentamiento, muy superior al promedio mundial, podría triplicar las zonas sin hielo antes de que termine el presente siglo.

Aunque el paisaje sigue siendo mayoritariamente de roca y hielo, la tasa de expansión vegetal es alarmante. Cada año, más de 400.000 metros cuadrados de nuevo verde aparecen en un territorio que antes se consideraba estéril.

Este proceso guarda paralelismos con lo detectado en otras latitudes extremas del planeta. Mientras en el Sahara el verdor responde a cambios en las lluvias, en la Antártida es el calor extremo el que impulsa la vida.

El impacto se extiende también a la fauna local que depende de la estabilidad del hielo. La pérdida de superficies blancas afecta directamente a los ciclos reproductivos de diversas especies que no están adaptadas a entornos vegetales.

Los investigadores subrayan que estamos ante el inicio de una transformación ecológica profunda e irreversible. La Antártida está dejando de ser el gran congelador del mundo para convertirse en un ecosistema vulnerable bajo la presión humana.

Actualmente, la comunidad internacional vigila con satélites cada metro cuadrado de esta expansión. Entender cómo se asienta la vida en el hielo es un punto clave para lograr el reto de proteger uno de los últimos desiertos vírgenes del planeta.