El Hombre de Vitruvio.
Leonardo da Vinci escondió un secreto entre las piernas del Hombre de Vitruvio hace 500 años y expertos dan con él
Un dentista propone que el secreto del Hombre de Vitruvio está en un triángulo equilátero entre las piernas, no en la proporción áurea.
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Durante más de cinco siglos, el Hombre de Vitruvio ha sido un icono universal y, a la vez, una pequeña trampa: todo el mundo reconoce el círculo y el cuadrado, pero nadie terminaba de justificar con precisión por qué Leonardo da Vinci fijó exactamente esas proporciones.
La nueva explicación no viene de un historiador del arte, sino de un dentista londinense, Rory Mac Sweeney, que propone que la clave está en una instrucción escrita por el propio Leonardo: el espacio entre las piernas abiertas forma un triángulo equilátero.
Mac Sweeney publica su hipótesis en Journal of Mathematics and the Arts y sostiene que ese triángulo, pasado por regla y compás, genera un cociente cercano a 1,64–1,65. El autor lo compara con un valor teórico de 1,633.
Ese 1,633 al que apunta es lo que el texto divulgativo llama “relación tetraédrica”, asociada a geometrías de empaquetamiento eficiente. La apuesta es audaz: Leonardo habría intuido un principio geométrico que más tarde se formalizaría en matemáticas modernas.
Aquí aparece el giro 'dental'. El autor enlaza su lectura con el triángulo de Bonwill, un esquema clásico de oclusión mandibular descrito en odontología, también equilátero, que se usa para razonar posiciones “óptimas” de la articulación y el cierre.
Geometría mandibular
El argumento, contado en corto, es atractivo: si ciertas proporciones triangulares aparecen en la mandíbula y en otras arquitecturas biológicas, quizá Leonardo las detectó al observar cuerpos reales y al traducirlos a geometría. Ese puente entre anatomía y forma es muy renacentista.
Además, la propuesta encaja con una idea popular que, paradójicamente, fallaba: durante años se repitió que el dibujo se basa en la proporción áurea, pero cuando se miden los puntos anatómicos no encaja de manera limpia. El triángulo ofrecería una alternativa menos mítica.
Lo que Mac Sweeney presenta es una interpretación geométrica plausible, no una demostración histórica de intención. En arte y ciencia, que una proporción aparezca no prueba que el autor la buscara.
La propia historia del Hombre de Vitruvio está llena de lecturas retrospectivas: cada generación proyecta sus obsesiones —números, simetrías, cánones— sobre un dibujo que nació como diálogo con Vitruvio y como experimento de representación corporal.
El triángulo de Bonwill determina la función mecánica óptima de la mandíbula humana.
El otro punto delicado es la precisión. Entre 1,645 y 1,633 hay una diferencia pequeña, pero no despreciable si se pretende convertirla en constante universal. Parte del debate futuro será metodológico: qué mediciones se usan, qué tolerancia es razonable y qué sesgos se cuelan.
Aun así, el trabajo tiene un mérito claro: obliga a mirar el dibujo como Leonardo pedía que se mirase, con sus notas en la mano. Y rescata un detalle que muchos pasaban por alto porque está donde no miras”en un icono.