Imagen de Dickinsonia, un organismo que formaba parte de la biota de Ediacara.

Imagen de Dickinsonia, un organismo que formaba parte de la biota de Ediacara. iStock

Ciencia

Océanos que convirtieron la arena en 'cemento': hallan por qué fósiles de hace 570 millones de años no desaparecieron

Las criaturas que pertenecieron al período Ediacárico no se preservaron por la dureza de sus cuerpos, según se ha descubierto en un reciente estudio.

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P. G. Santos
Publicada

Las claves

Un equipo de científicos ha descubierto por qué fósiles de la biota de Ediacara, de hace 570 millones de años, se conservaron tan bien a pesar de la fragilidad de sus cuerpos blandos.

La preservación excepcional de estos fósiles se debió a la química única de los océanos primitivos, ricos en sílice y hierro, que permitió la formación de 'cemento' natural alrededor de los organismos.

Las arcillas autigénicas formadas en el lecho marino actuaron como un molde rápido, protegiendo los cuerpos antes de que se descompusieran, y explican cómo sobrevivieron estos fósiles tan detallados.

Este hallazgo ayuda a entender un momento clave de la evolución, situando a la biota de Ediacara como precursora de la explosión cámbrica y del aumento de complejidad animal en la Tierra.

Hace unos 570 millones de años, mucho antes de que los dinosaurios pisaran nuestro planeta, los océanos de la Tierra estaban poblados por formas de vida que hoy nos parecerían alienígenas. Una de ellas es la biota de Ediacara.

Este conjunto de organismos de aspecto extraño, sin huesos ni caparazones, que reinaron en las profundidades marinas. Durante décadas, estas criaturas han representado uno de los mayores misterios de la ciencia.

No sólo por su bizarra anatomía —con simetrías de tres radios, brazos en espiral o patrones fractales—, sino por un enigma aún mayor: ¿cómo es posible que seres tan frágiles y blandos dejaran fósiles tan perfectos en la arena?

Normalmente, las criaturas sin partes duras, como las medusas, desaparecen sin dejar rastro en el registro fósil. La fosilización es todavía más difícil en la arenisca, una roca formada por granos gruesos donde el agua fluye fácilmente y que suele formarse en ambientes turbulentos.

Bajo estas condiciones, cualquier resto biológico delicado debería haber sido borrado por las olas y las tormentas mucho antes de convertirse en piedra. Sin embargo, los restos de esta colosal forma de vida perdida, hallados en yacimientos de todo el mundo, se conservan con todo nivel de detalle.

Ahora, un equipo de científicos dirigido por Lidya Tarhan, paleontóloga de la Universidad de Yale, ha logrado resolver este rompecabezas.

En este estudio, publicado en la prestigiosa revista Geology, los investigadores revelan que el secreto no residía en una supuesta dureza biológica, sino en las aguas de los antiguos océanos que habitaban, las cuales actuaron como una máquina natural de hacer fósiles.

'Cemento' en océanos primitivos

Para desentrañar el misterio, el equipo de Tarhan utilizó un enfoque químico innovador, analizando isótopos de litio en fósiles de Ediacara procedentes de Terranova y el noroeste de Canadá. Descubrieron que el milagro de su preservación fue obra de la peculiar química del agua de mar en aquella época, extraordinariamente rica en sílice y hierro.

Cuando estos organismos morían y quedaban sepultados, unas partículas de arcilla presentes en el sedimento actuaron como base. Impulsados por el agua marina primitiva, nuevos minerales (conocidos como arcillas autigénicas) comenzaron a formarse directamente en el lecho marino y crecieron alrededor de los cuerpos enterrados.

En la práctica, estas arcillas funcionaron como un cemento natural de fraguado rápido, uniendo los granos de arena y moldeando a la perfección los contornos antes de que pudieran descomponerse.

Este hallazgo no solo explica cómo sobrevivieron los fósiles más extraños de la Tierra, sino que arroja luz sobre un capítulo crucial en la historia evolutiva. Durante mucho tiempo se pensó que la vida animal compleja surgió de golpe hace 540 millones de años en la explosión cámbrica.

No obstante, los científicos ven cada vez más a la biota de Ediacara como la "larga mecha" que encendió esa explosión, una fase temprana en la que los animales comenzaron a ganar tamaño y complejidad.

"Es difícil exagerar lo dramático que es el salto desde las formas de vida pequeñas y microbianas que dominaron gran parte del Precámbrico hasta este gran aumento de tamaño y complejidad", explica Tarhan.

Comprender esta fosilización excepcional permite a los científicos evaluar con precisión por qué aparecieron estos pioneros y por qué, al final del periodo Ediacárico, se extinguieron para siempre, dando paso al mundo que hoy conocemos.