El cardiólogo José Abellán, famoso en redes sociales.

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Ciencia

José Abellán (38 años), cardiólogo: "El problema de las balizas V-16 no está en el dispositivo, sino en el imán"

El imán de la baliza V-16, clave para su sujeción al vehículo, puede alterar temporalmente el funcionamiento de implantes cardíacos.

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Las claves

La baliza V-16, obligatoria desde 2026, ha generado polémica por su diseño, visibilidad y ahora por riesgos sanitarios relacionados con su imán.

El cardiólogo José Abellán advierte que el potente imán de la baliza puede interferir con marcapasos y desfibriladores implantables, reconfigurando temporalmente su funcionamiento.

La Fundación Española del Corazón recomienda mantener la baliza a más de 20-30 cm del pecho y manipularla con el brazo opuesto al lado del implante para evitar riesgos.

Manipular la baliza no representa peligro si se mantiene alejada del implante, pero la proximidad puede provocar una reprogramación temporal del dispositivo cardíaco.

Desde su implantación definitiva la baliza V-16 ha estado rodeada de polémicas técnicas, críticas públicas y dudas operativas. Convertida en obligatoria desde el 1 de enero de 2026, su visibilidad, diseño y homologación han generado debate. Ahora, una advertencia médica añade un nuevo frente al cuestionar su compatibilidad con determinados implantes cardíacos.

La baliza luminosa V-16 es ahora el único sistema legal de preseñalización de averías en carretera. A los problemas de visibilidad, la retirada de la homologación a varios modelos y las críticas a su diseño técnico, se suma una alerta sanitaria relacionada con el potente imán que permite fijarla al techo del vehículo.

La Dirección General de Tráfico impulsó la V-16 con el objetivo de reducir los atropellos mortales asociados a la colocación de los triángulos de emergencia, estimados entre 20 y 25 muertes anuales. Sin embargo, su entrada en vigor ha estado marcada por controversias y una creciente desconfianza sobre su eficacia real.

Las críticas se han acumulado tanto desde la experiencia en carretera como desde el ámbito técnico. Conductores han alertado de situaciones de riesgo al detectar antes los intermitentes que la baliza. Son muchas las voces que han definido el dispositivo como “una chapuza de dimensiones siderales”.

A este escenario se añade ahora una preocupación que entra de lleno en el ámbito de la salud. El cardiólogo José Abellán ha advertido de que “el problema no está en el dispositivo en sí ni en la antena que llevan, sino en el imán que la mayoría incorporan para pegarse al techo del coche”.

Según explica el propio Abellán, las personas con marcapasos o desfibriladores implantables “dependen de su buen funcionamiento para seguir con vida”. Estos dispositivos están diseñados para responder a campos magnéticos, algo que los cardiólogos utilizan de forma controlada para revisarlos o programarlos en el entorno hospitalario.

El marcapasos genera impulsos eléctricos para mantener un ritmo cardíaco adecuado y es sensible a campos magnéticos estáticos, un fenómeno conocido como interferencia electromagnética. “Cuando detectan un campo magnético importante, se ponen en modo magnético y se reconfiguran temporalmente”, explica Abellán, describiendo un mecanismo bien conocido en cardiología.

En ese llamado “modo magnético”, el implante pasa a funcionar a un ritmo fijo, volviéndose “sordo al corazón del paciente”, ya que ignora transitoriamente la actividad eléctrica natural. Se trata de una configuración segura en un entorno clínico, pero no es la más adecuada fuera de ese contexto controlado.

El umbral habitual a partir del cual un marcapasos o un desfibrilador reacciona se sitúa en torno a los 10 gauss, una intensidad muy superior al campo magnético terrestre. Cuando se supera ese nivel, el dispositivo entra en ese modo especial mientras el imán permanece cerca del implante.

Estas interferencias pueden generar un “ruido” eléctrico que altere temporalmente el funcionamiento del dispositivo, inhibiendo la estimulación o provocando respuestas inapropiadas. En el caso de los desfibriladores, existe el riesgo de que se activen terapias innecesarias mientras persiste la proximidad del imán.

Tal como subraya Abellán, “no es que el marcapasos se rompa, es que se reprograma temporalmente mientras está el imán encima”. El riesgo aparece al colocar una baliza con un imán potente directamente sobre el pecho, especialmente en una situación de estrés, como una avería en carretera.

Entre la seguridad vial y la seguridad sanitaria

La Fundación Española del Corazón recuerda que la prevención pasa por mantener distancia con cualquier fuente magnética intensa. En este sentido, los especialistas insisten en que no existe peligro al manipular la baliza si se mantiene alejada del implante.

Desde el punto de vista práctico, Abellán ofrece dos recomendaciones claras: mantener la baliza a más de 20 o 30 centímetros del pecho y manipularla, si es posible, con el brazo contrario al lado donde está implantado el dispositivo, maximizando así la distancia de seguridad.

Como referencia general, la FEC aconseja a los portadores de marcapasos mantener el teléfono móvil a más de 15 centímetros del implante y evitar equipos con imanes potentes. Desde el punto de vista médico, no hay peligro de que el marcapasos “se rompa”, solo que "se reconfigure temporalmente", concluye Abellán, comparando el riesgo con el de manipular un microondas.