El psicólogo Charlie Heriot-Maitland.

El psicólogo Charlie Heriot-Maitland.

Ciencia

Heriot-Maitland (45), psicólogo, sobre la felicidad: "Autocrítica, perfeccionismo y procrastinar son 3 autosabotajes del cerebro"

El especialista aboga por reconocer estos comportamientos que tratan de evitarnos instintivamente males mayores.

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Paolo Fava
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Las claves

El psicólogo Charlie Heriot-Maitland identifica la autocrítica, el perfeccionismo y la procrastinación como formas de autosabotaje mental que tienen raíces evolutivas.

Estos comportamientos surgen como mecanismos de protección del cerebro para evitar daños mayores, funcionando como 'explosiones controladas' que anticipan amenazas.

La autocrítica y el perfeccionismo generan estrés y frustración, mientras que la procrastinación actúa como un freno ante el miedo al fracaso.

Heriot-Maitland recomienda reemplazar la autocrítica por la autocompasión y aprovechar la neuroplasticidad para crear hábitos mentales más saludables.

Los comportamientos de autosabotaje o autodañinos abarcan desde el 'ghosting' -ignorar a personas con las que conversábamos habitualmente- a morderse las uñas. Y su origen es muy remoto: se remonta a los mecanismos evolutivos de supervivencia.

Así lo plantea el psicólogo clínico Charlie Heriot-Maitland en su última obra, en los que los califica como 'explosiones controladas' de salud mental. Aunque pueda parecer contraproducente, argumenta, el cerebro usa pequeños sabotajes para protegernos de daños mayores.

Por ejemplo, el comportamiento de procrastinación -dejarlo todo para después- se interpreta como una prevención del daño ante el fracaso del proyecto. "Nuestro cerebro es una máquina de supervivencia, no le gustan las sorpresas", explica.

"No está programado para optimizar nuestra felicidad o bienestar, sino para mantenernos vivos", prosigue Heriot-Maitland. "Necesita que existamos en un mundo predecible, no quiere que nada nos pille por sorpresa o con la guardia baja".

Los autosabotajes, por tanto, son versiones "controladas y previsibles" de los males mayores que nuestro cerebro nos hace concebir. "Prefiere ser el autor de nuestros fracasos que arriesgarse a que nos lleve por delante algo externo".

Dicho de otro modo, "el cerebro prefiere que hayamos ensayado recibiendo hostilidad creada internamente que arriesgarse a la de los demás sin preparación". Evolutivamente, el cerebro busca amenazas en todas partes, sean físicas o emocionales.

"Hemos heredado un sistema extremadamente sensible de detección de amenazas y de respuesta, incluso cuando son inexistentes", plantea Heriot-Maitland. Eso nos puede llevar, por ejemplo, a romper con una persona ante un mínimo desencuentro por miedo a un rechazo mayor.

Además de la procrastinación, el psicólogo menciona el perfeccionismo como otro gran autosabotaje del cerebro. "Los procrastinadores se distraen con otras tareas, mientras que los perfeccionistas se preocupan en exceso por los detalles para evitar errores, lo que provoca estrés y frustración".

La autocrítica es otra forma de autosabotaje, prosigue, sea como intento de mejorarse a uno mismo o para culparse, creando una ilusión de control sobre los acontecimientos. Se produce un secuestro neurológico, argumenta, en el que el sistema de respuesta a amenazas se impone sobre las funciones cognitivas como la imaginación y el razonamiento.

Estos comportamientos pueden convertirse en profecías autocumplidas, subraya Heriot-Maitland. "Basta pensar que no se nos da bien algo para que no nos esforcemos tanto y terminemos desempeñándonos peor de lo que haríamos con otra predicción", afirma.

Otro ejemplo se da en las relaciones. "Si nos convencemos de que no le gustamos a alguien, le evitaremos, y eso creará una mala relación donde podría haber habido una mejor". E incluso reconocer que se trata de autosabotajes es solo una parte para solucionarlo.

"Resolver el problema del daño subyacente puede involucrar a menudo estos dos factores: la necesidad de crear una situación de seguridad alrededor de la situación temida, y superar el duelo por una necesidad básica que no fue satisfecha o cumplida".

La autocrítica no es la solución, insiste Heriot-Maitland, sino la autocompasión. Sin embargo, instilar los comportamientos compasivos en nuestros procesos no es algo que venga dado. "Lleva tiempo, esfuerzo e intencionalidad", insiste.

El primer paso es usar la neuroplasticidad que nos permite nuestro cerebro para incorporar nuevos hábitos menos dañinos. Se trata de un mecanismo deliberado, que implica optar por reconocer y comprender la motivación tras la compasión.

"No queremos combatir estos autosabotajes", concluye Heriot-Maitland, puesto que se trata de las 'explosiones controladas' que pretenden evitarnos daños mayores. "Pero tampoco queremos alimentarlos, y permitir que sigan controlando, dictando y boicoteando nuestras vidas".