El presidente de las Cortes y candidato de Vox a las elecciones autonómicas del próximo 15 de marzo, Carlos Pollán, y el presidente de Vox, Santiago Abascal, en octubre de 2025 en Segovia

El presidente de las Cortes y candidato de Vox a las elecciones autonómicas del próximo 15 de marzo, Carlos Pollán, y el presidente de Vox, Santiago Abascal, en octubre de 2025 en Segovia Nacho Valverde ICAL

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Carlos Pollán, el candidato sereno pero con mano de hierro de Abascal en CyL lejos de los incendios de Gallardo

El templado pero firme presidente de las Cortes, que será previsiblemente el cabeza de lista de Vox el próximo 15 de marzo, se enfrenta al reto de que el partido vuelva a ser determinante en el próximo Gobierno de la Junta.

Más información: Mañueco: "A Sánchez le alegra cada voto a Vox, está al lado del PSOE para planificar estrategias contra Castilla y León"

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Carlos Pollán no alza la voz en los debates, ni se deja llevar por el fragor de las sesiones parlamentarias. Su presencia en el hemiciclo es la de un guardameta experimentado: observa, calcula y actúa con precisión quirúrgica cuando llega el momento.

Nacido en León en 1967, hijo de un minero que le inculcó el valor del esfuerzo y la disciplina, Pollán ha forjado una trayectoria que lo llevó hace cuatro años de las canchas de balonmano a la Presidencia de las Cortes de Castilla y León, y ahora, a ser, con toda probabilidad, el elegido de Santiago Abascal para encabezar la candidatura de Vox a la Presidencia de la Junta en las elecciones del 15 de marzo. Una elección que se anunciará oficialmente en las próximas horas.

Su estilo, sereno en la superficie pero con una determinación de hierro por debajo, lo distancia radicalmente de las polémicas que marcaron la era de Juan García-Gallardo, candidato en los anteriores comicios de febrero de 2022, y vicepresidente de la Junta entre 2022 y 2024, caracterizado por convertir cada intervención en un espectáculo de confrontación.

Una historia de tenacidad

La vida de Pollán antes de la política ya era un testimonio de tenacidad. Licenciado en Derecho y graduado social, el previsible candidato de Vox se abrió camino como autónomo en una asesoría laboral desde los 23 años, gestionando empresas y resolviendo conflictos laborales con la misma calma que ahora aplica a las tensiones institucionales.

Pero su verdadera forja fue en el deporte. Durante ocho temporadas defendió la portería del Ademar León, parando balonazos con una concentración imperturbable. Luego pasó 12 años como entrenador de categorías inferiores, moldeando a jóvenes jugadores con mano firme pero motivadora.

Su etapa como presidente del club, entre 2009 y 2013, fue la más turbulenta: asumió el cargo en plena crisis económica, navegó por aguas revueltas y terminó declarando el concurso de acreedores para salvar la entidad de la desaparición. Aquella experiencia le enseñó a lidiar con presiones intensas sin perder la compostura, una lección que ha trasladado intacta a la arena política.

El salto a la política

Pollán entró en Vox en 2019, cuando el partido empezaba a consolidarse en Castilla y León como una fuerza emergente. No venía de una militancia larga ni de cargos intermedios; era un novato relativo, pero con una madurez que lo diferenciaba. Sus primeros intentos electorales fueron discretos: no logró el Ayuntamiento de Sariegos ni un escaño en las Cortes como número cinco por León. Sin embargo, en las elecciones de 2022, encabezando la lista por su provincia natal, irrumpió con fuerza.

El pacto de Gobierno entre PP y Vox en marzo de 2022, el primero entre ambas formaciones en España, lo catapultó a la Presidencia de las Cortes, convirtiéndolo en el primer dirigente de Vox en presidir un parlamento autonómico. Desde entonces, ha dirigido la Cámara con un equilibrio peculiar: mano de hierro para defender las posiciones ideológicas de su partido, pero un perfil dialogante que ha sido reconocido incluso por adversarios políticos.

Mano de hierro

Esa mano de hierro se ha manifestado en varias controversias que han marcado su mandato. Una de las más sonadas fue la del despliegue de la bandera LGTBI por parte del PSOE en las ventanas de sus despachos de las Cortes con ocasión del Día del Orgullo. Pollán no dudó en enviar un requerimiento formal exigiendo su retirada inmediata, calificándola de "exhibicionismo infantil" y argumentando que las instituciones deben mantenerse neutrales ante símbolos partidistas.

Los socialistas se negaron pero Pollán no cedió un ápice, defendiendo con firmeza lo que considera principios innegociables, como el rechazo a lo que Vox ve como imposiciones ideológicas. Otro episodio revelador fue el enfrentamiento con la Junta por los impagos millonarios. Las Cortes reclamaron 11,6 millones de euros pendientes para nóminas y subvenciones, y Pollán exigió el abono inmediato al presidente de la Junta, Alfonso Fernández Mañueco.

A pesar de estas batallas, Pollán ha cultivado una imagen de dialogante que trasciende las trincheras partidistas. Incluso sus rivales han reconocido esa capacidad para mantener el diálogo abierto, aunque públicamente lo hayan criticado. El presidente de las Cortes siempre ha respondido con contención: "No voy a entrar en provocaciones", ha repetido, priorizando el funcionamiento institucional sobre el ruido personal.

Esta dualidad, firmeza ideológica con disposición al consenso, lo ha convertido en un gestor efectivo, capaz de presidir sesiones maratonianas sin salirse del guion, pero cortando en seco cuando se desvían de lo esencial. Sus críticos lo acusan de parcialidad, pero sus aliados lo ven como un baluarte de estabilidad en un Parlamento fragmentado.

Cada vez mayor presencia

Hasta hace poco, Pollán mantenía un perfil bajo, centrado en su rol institucional y evitando los focos mediáticos. Sin embargo, desde que se le presupone como el candidato natural de Vox, bendecido por Abascal como un ejecutor leal y sin ambiciones de liderazgo nacional, su proyección ha crecido exponencialmente.

Ha multiplicado apariciones en medios afines, como El Toro TV, donde ha comentado temas de calado nacional con su habitual serenidad. En una de ellas, defendió al rey emérito Juan Carlos I, cuestionando por qué debe estar fuera de España y apelando a un sentido de justicia histórica. En otra, reiteró el apoyo de Vox a medidas beneficiosas para los ciudadanos, incluso fuera del Gobierno, enfatizando que el partido no busca confrontación estéril sino resultados concretos.

Estas intervenciones lo muestran como un político maduro, capaz de debatir sin estridencias, un contraste deliberado con el bajo perfil que mantuvo durante sus primeros años en las Cortes, donde se limitaba a intervenciones puntuales y a la gestión interna. Este cambio de visibilidad llega en un momento clave, cuando queda poco más de un mes para unos comicios autonómicos en los que Vox podría adquirir un papel aún más determinante en la configuración del próximo Gobierno autonómico que hace cuatro años.

La antítesis de Gallardo

Pollán representa para Vox la antítesis de Gallardo: lejos de los incendios que provocaba el anterior vicepresidente con declaraciones explosivas sobre temas como el feminismo o la inmigración, que generaban titulares diarios pero también desgaste interno, Pollán opta por una estrategia de contención.

No compite por el protagonismo; cumple la línea marcada desde Madrid con lealtad absoluta, sin generar ruido innecesario que pueda eclipsar a Abascal. Esta serenidad se vio clara en su respuesta a las acusaciones de Mañueco sobre la supuesta "pinza" entre Vox y PSOE en un centenar de votaciones en las Cortes. En lugar de contraatacar con virulencia, Pollán replicó con ironía medida: "Querido Alfonso, te veo muy aburrido con las pinzas y las nueces".

A continuación, enumeró con calma las propuestas rechazadas conjuntamente por PP y PSOE: control de la inmigración irregular, memoria histórica, financiación de sindicatos, el acuerdo con Mercosur y reformas al Diálogo Social. El mensaje era inequívoco: no entraremos en el barro, pero no cederemos en lo sustantivo.

Un reto titánico

El reto para Pollán es titánico. Vox llega a estas elecciones con el lastre de la ruptura gubernamental, en un escenario donde el electorado de derechas está desencantado y dividido, aunque con las encuestas nacionales a su favor. Debe convencer de que su candidatura no es un gesto testimonial, sino una alternativa viable de Gobierno, apelando a su experiencia como segunda autoridad de la Comunidad durante cuatro años.

El candidato de Vox es un gran conocedor de los entresijos de la política autonómica: ha presidido plenos, gestionado comisiones y navegado por alianzas frágiles. Su baza principal es esa confianza absoluta de Abascal, que lo ve como un hombre de orden, disciplinado y poco amigo de los focos personales.

En privado, se le describe como alguien meticuloso, familiar y profundamente leal. En público, se posiciona como el candidato que no necesita gritar para imponer respeto. Si Pollán logra trasladar esta percepción a las urnas, el 15 de marzo podría marcar un hito para Vox en Castilla y León: el triunfo de un liderazgo tranquilo pero inquebrantable. Lejos de los fuegos fatuos de Gallardo, Pollán avanza con paso firme, demostrando que en política, como en el balonmano, la victoria a menudo llega no al que más corre, sino al que mejor resiste.