Alfonso Fernández Mañueco Europa Press
Mañueco y Ceuta: los relatos prestados
"Si la pauta se repite en otras crisis futuras al PP de Castilla y León debiera inquietar quien maneja el discurso político del gobierno de la región".
La crisis que sufre la Ciudad Autónoma de Ceuta ha generado en los socios de gobierno en Castilla y León unas valoraciones cronológicamente diferentes. El Partido Popular y Vox han pronunciado declaraciones en las que el partido de Abascal ha esprintado el primero.
Hay formas de medir el poder real de un socio de gobierno, que no aparecen en ningún acuerdo firmado: la velocidad en la que uno de los dos coaligados expresa su vocabulario. En Castilla y León ese “tempus” ha quedado constatado con cronométrica precisión en las últimas semanas, y el resultado no favorece al Partido Popular.
El pasado once de agosto, Carlos Pollán, vicepresidente de la Junta de Castilla y León y baranda de Vox en la región fijó una posición contundente: La Comunidad castellano y leonesa no participaría en el reparto de menores no acompañados (MENAS) que llegaron en masa a Ceuta. Invocó el pacto de gobierno con los populares. El término utilizado fue concluyente: “invasión”.
Un mes más tarde, el lunes de esta misma semana, Fernández Mañueco en el desayuno informativo de “Fórum Europa” adoptó – casi palabra por palabra- el mismo léxico. Reclamó “eliminar cuanto antes la invasión” y exigió que se devuelva “a todos los inmigrantes, por donde han venido”. La toma de posición no es exclusiva del PP de Castilla y León, pues en Salamanca su vicesecretario nacional Elías Bendodo, refrendó a Mañueco y adoptó con mimetismo esa locución.
En política, no basta con coincidir en el diagnóstico. Importa quién lo enuncia primero -en Castilla y León lo hizo Pollán-, porque quien lo hace se apropia de ese terreno simbólico y obliga al resto a moverse en “sus” coordenadas. Carlos Pollán no esperó a que el PP marcase su postura; sino que construyó un marco interpretativo no tanto personal, sino como ratificación del fijado por la dirección nacional de Vox – invasión, oposición frontal, impugnación judicial – semanas antes que Mañueco se pronunciara sobre el asunto en Madrid.
Cuando el presidente Fernández Mañueco finalmente se expresó sobre la crisis ceutí, no ofreció un encuadre temático alternativo, ni apenas matizado: replicó el de Vox, su aliado de gobierno, con la misma palabra clave – “invasión” – y el mismo tono de emergencia nacional.
No es una coincidencia ideológica casual entre las dos formaciones de la derecha política que se disputan electorado. Es lisa y llanamente un patrón. Y los patrones, a diferencia de los episodios aislados, permiten extraer conclusiones sobre el “liderazgo” de algunas iniciativas dentro de la coalición de gobierno en Castilla y León.
El PP ha actuado en esta ocasión al rebufo de Vox. No ha gestionado la opinión de la crisis de Ceuta desde una posición propia, sino que lo hace desde un emplazamiento anteriormente ocupado por los de Abascal. El Partido Popular de Castilla y León ha quedado amarrado al melifluo terreno de la mera confirmación, no al encabezamiento de propuestas para resolver el drama que sufre esa Ciudad Autónoma y sus habitantes. Drama – por cierto- también para los MENAS manejados sin piedad humana por el reino alauí como muñecos de barraca de feria.
En comunicación política la reactividad proporciona réditos muy desiguales. Cuando dos “actores”- PP y Vox- convergen en el mismo diagnóstico, pero uno llega a meta primero, el beneficio reputacional nunca se reparte a partes iguales. El votante que aprecia la firmeza ante el magno colapso que sufre Ceuta es bastante probable que premie primero a quien lo anunció con antelación y sin eufemismos, y no a quien se subió a la escalera de ese mismo discurso previa constatación que no había causado demasiada alharaca pública ni mediática.
Puede lo afirmado sentar a “cuerno quemado” en el PP regional. Cuando se realiza un análisis desde el punto de vista profesional de la comunicación corporativa o pública, emocionalmente hay que situarse en el neutro espacio de la evaluación técnica. No se trata de dar o quitar razones al PP o a Vox. Para aplaudir o dar patadas en la tarima están los teatros.
En la sede de la calle Génova deberían auto cuestionarse algunos procederes, entre ellos el encabezamiento de la vanguardia comunicativa. Lo verdaderamente relevante no es si Fernández Mañueco comparte el diagnóstico de Pollán sobre la crisis de Ceuta. La reflexión que debieran hacer los pensantes “genoveses” es lo que significa para la identidad de un partido -que es el actualmente el mayoritario en la derecha española- ir en ocasiones tan relevantes como la actual de Ceuta, “a trancas y barrancas” y detrás de un relato en el que Vox se ha instalado previamente.
Un partido – el Popular – que reacciona a “toro pasado” no gobierna la conversación pública, solamente la administra desde una posición subordinada. Si la pauta se repite en otras crisis futuras al PP de Castilla y León debiera inquietar quien maneja el discurso político del gobierno de la región. A juzgar por la cronología de las últimas semanas, la respuesta empieza a ser incómodamente clara. El PP no puede andarse con relatos prestados.