Opinión

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11 marzo, 2018 10:56

Décima semana de 2018, la del Día Internacional de la Mujer, con permiso de la crecida de ríos y arroyos en la provincia de Salamanca, que ya se sabe que nunca llueve a gusto de todos. Hace dos semanas los embalses estaban al borde del desastre, sin agua para abastecimiento y riego dentro de dos meses, y ahora hay ya para dos años. Y otro aspecto positivo, la bellas estampas que deja el Pozo de los Humos, entre Masueco y Pereña de la Ribera, con una majestuosa cascada, inexistente hace apenas dos meses. Acostúmbrense a estos vaivenes, por eso se llama cambio climático. Claro que seguirá haciendo frío en invierno y calor en verano, pero no de la forma que lo hemos vivido hasta ahora. Busquen gráficos históricos en google y verán lo que ha sucedido en la última década.

Histórica fue la jornada del 8 de marzo de 2018, que ha supuesto un punto de inflexión en la sociedad, un antes y un después en la reivindicación de una igualdad real entre hombres y mujeres, con masiva presencia en las calles de Salamanca. Ya la primera concentración del mediodía hacía prever lo que acontecería por la tarde. Más de 5.000 jóvenes se concentraban en la Plaza Mayor en una marea violeta como jamás se había visto un 8M, pero la manifestación de la tarde desbordó todas las previsiones. Decenas de miles de salmantinos, hombres y mujeres, mayores, jóvenes y niños, en una concentración que personalmente jamás había visto.

Siendo adolescente participé en la prueba de ‘El Juego de la Oca’ de Emilio Aragón, un programa de Antena 3 que congregó a 40.000 personas. Por aquel tiempo también celebré los ascensos a Primera División de la Unión Deportiva Salamanca, con una cantidad similar de gente. Años después llegó la manifestación en defensa del Archivo de la Guerra Civil, que en 2005 reunió a unas 50.000 personas (hay quienes dijeron que apenas 30.000 y quienes la extendieron a 80.000, pero me quedo con la cifra intermedia, que fue la oficial). Y similar cantidad de jóvenes se congregaron en el casco histórico de Salamanca durante la Nochevieja Universitaria de hace una década, antes de que comenzara a degenerar esta tradición. También multitudinaria fue la manifestación contra ETA tras el asesinato de Miguel Ángel Blanco y la celebración de la Eurocopa y el Mundial de Fútbol de la Selección Española, pero estas últimas con dispersión, por lo que no cuentan como concentración ciudadana. Porque lo vivido el jueves me atrevería a decir que superó con creces estas cifras. No acababa de salir la cola de la manifestación de El Corte Inglés y la cabecera ya llegaba a la plaza del Liceo. Fueron más de quince minutos de reloj pasando gente por delante de uno, mientras se repetían frases como “esto es histórico”, “esto no lo he visto nunca” o “esto es impresionante”.

Ahora bien, de nada servirá este 8M si no se adoptan medidas. Contra la discriminación salarial en la empresa privada, por ejemplo obligando a las sociedades a tener los mismos sueldos para hombres y mujeres, como ocurre en la administración pública. Y aquella que no lo haga, perfectamente se puede comprobar por las nóminas en la Seguridad Social o Hacienda, pues multa al canto. Pero también se deben adoptar medidas contra la discriminación social, y eso pasa por la educación desde bien pequeños, asimilando conceptos que dejen poso cuando lleguen a la madurez. Si la educación no es utilizada como arma arrojadiza por izquierda y derecha, se podrá centralizar y encauzar la recuperación de unos valores sociales cada vez más en entredicho.

Hecha esta reflexión, un apunte. El Día de la Mujer se desarrolló una huelga feminista, como así se denominó. Legítima, faltaría más, pero con algunos lunares. Amén de pancartas muy desacertadas como ‘Hombre muerto no viola’ y expresiones como ‘Una 38 me aprieta el chocho’, que al final no dejan de ser la ocurrencia personal de alguien, hay algunas actitudes que tampoco ayudan a crear un espíritu de concordia. Aquí destaco a Ganemos y Podemos, que legítimamente se sumaron a la huelga de 24 horas convocada por la Confederación General de Trabajadores, en lugar de las dos horas convocadas por Comisiones Obreras y la Unión General de Trabajadores. Estaban en su derecho, pero no de exigir a los demás grupos políticos que secundaran la huelga o que cambiaran de día la agenda de trabajo de esa jornada. Igual que ellos son libres de hacer huelga, los demás también lo son de no secundarla. Porque, por esa regla de tres, si los cargos públicos de Ganemos y Podemos son consecuentes con sus ideas, muchos de ellos, en contra de la Semana Santa, deberían trabajar esos días en lugar de tomárselos como festivos.

Hablando de Ganemos, su portavoz, mujer, Virginia Carrera, tendrá a partir de ahora que lidiar con otro problema después de que el secretario general de Podemos, Pablo Iglesias, dijera ayer que en las elecciones municipales tendrá que aparecer el nombre de su partido en las papeletas. Menudo papelón más bien para esta izquierda de Salamanca, con enemistades notorias entre cargos de Podemos, Ganemos, Izquierda Unida y Equo, el Frente Popular de Judea disgregado que ya comenté semanas atrás. ¿Habrá coalición Izquierda Unida-Podemos? ¿Qué pasaría entonces con el nombre Ganemos? ¿O será Ganemos-Podemos? ¿Muchos ‘emos’ entre tanto ego, no?

En la semana de las mujeres, teniendo en cuenta que esta columna de opinión es mayoritariamente una reflexión sobre la actualidad política, varios nombres femeninos son protagonistas. En el Ayuntamiento de Salamanca, la teniente de alcalde y concejal de Educación, Carmen Sánchez Bellota, a quien sus compañeros siguen felicitando cada vez que pueden. ¿Será porque es la elegida para ser la alcaldesa interina desde que Alfonso Fernández Mañueco sea designado candidato del Partido Popular a presidente de la Junta de Castilla y León (o nombrado presidente, que cada vez es más real esta posibilidad que aparece y desaparece como el Guadiana)? En la Diputación de Salamanca, su vicepresidenta y encargada de Economía y Hacienda, Chabela de la Torre, a quien muchos compañeros, tanto de La Salina como de partido, ven como la persona ideal para optar a presidir la institución provincial si Javier Iglesias da el paso de ser sólo senador, como rumorean algunas lenguas, ya veremos si acertadas o simplemente malintencionadas.

Son días de elucubraciones en la política, de quién suena para este puesto o aquel cometido, de quién es el favorito o favorita. En Salamanca las cúpulas de los partidos hablan de elegidos, mientras las bases de preferidas. Uno de los que se consideraba elegido y así lleva años postulándose a ello comenta en privado y a círculos cercanos que no seguirá en su puesto en 2019. ¿Será porque ya le han cortado de raíz sus aspiraciones o porque le darán una patada hacia arriba? En ascenso sólo mira un político de otro partido, de quien dicen sólo está pendiente de los mensajes que lleguen de Valladolid y Madrid, obviando a sus compañeros en Salamanca, que están que trinan. Y dentro de esta retahíla de chascarrillos, para cerrar el círculo femenino de esta semana, me viene a la memoria una mujer que hace una década dijo que su objetivo era vivir de la política y para lograrlo haría lo que fuera necesario. Hoy día ocupa varios puestos de responsabilidad. La igualdad real se logra desenmascarando y desterrando actitudes como ésta, que sólo contribuyen a alimentar la lacra machista. Pero ya saben, se dice el pecado, no el pecador. La próxima semana, les prometo más madera.