Región

Prosperidad, el camino del agua y del progreso

11 marzo, 2018 10:09

En un mundo tan célere y alocado como el actual apenas sobreviven los recuerdos que van más allá de un lustro. Ésa es la barrera que marca la pervivencia de la información en internet, pero hay otra mucho más valiosa que aún se atesora en álbumes de fotos escondidos en recónditos cajones, esos que ya apenas casi se ven en familia, y sobre todo, una información guardada a fuego en la memoria de quienes vivieron cada momento. NOTICIASCYL tiene en marcha una serie dominical que repasa la evolución de los barrios de Salamanca a través de los recuerdos de niñez de sus habitantes.

Hoy es el turno para Prosperidad, ‘laprospe’, uno de los barrios más típicos de la ciudad denominado así porque estaba formado por vecinos que llegaron de los pueblos de la provincia charra, principalmente de la Sierra de Francia, en busca de trabajo en las fábricas de la zona, en busca de desarrollar su proyecto de vida, en definitiva, de prosperar.

Surgió a principios del siglo XX en la zona de Cuatro Caminos, junto a lo que hoy es la rotonda del museo del Comercio, donde se construyeron casas de planta baja en dirección hacia el río. Entre ellas y el Tormes había numerosas huertas, que muchos compraron para ir construyendo su casa, mezcla de alcobas y un patio. Viviendas de obreros de la fábrica de fertilizantes de Mirat, ubicada en el barrio, pero también del ferrocarril y la fábrica de zapatillas de Puente Ladrillo. “Iban a trabajar andando de lunes a sábado, llenos de barro cuando llovía y de polvo en verano, porque las calles eran de tierra. Los domingos las mujeres tendían el mono de sus maridos para que estuvieran limpios el lunes y otra vez a empezar”, recuerda Rosario Hermosa, presidenta de la asociación de vecinos Prodesi y residente en el barrio desde los tres años.

Camino de las Aguas

Urbanísticamente el barrio estaba rodeado y no tenía más salida que expandirse hacia el río. Por un lado estaba el convento de los Jesuítas, por otro el de Delicias y por otro el antiguo hospicio, donde en los últimos años se ha levantado la sede de la Junta de Castilla y León. Después llegaría el convento de las Madres Bernardas, nombre por el que se conoce al Monasterio de Santa María de Jesús, un convento femenino de monjas cistercienses donde se trasladó la congregación tras la venta del convento del Santo Nombre de Jesús a los Escolapios en 1957.

La zona antigua se complementó en los primeros años del siglo XX con una zona industrial junto al río, hoy transformada en polígono industrial con múltiples naves. Procesos de concentración empresarial para dar lugar a talleres de carpintería, curtidores, imprentan y hornos de pan. La apertura de la fábrica de Mirat supuso un impulso a la zona y el espacio entre medias, ocupado por huertas, comenzó a edificarse. Surgen así a mediados del siglo pasado manzanas de edificios de varias plantas con calles y plazas peatonales, además del bulevar de la Milagrosa, al hilo del colegio construido en los años setenta. “De la calle Almería hacia abajo era una gran escombrera, se consiguió que estos edificios tuvieran las calles más anchas y plazas abiertas”.

El barrio comenzó a hacer honor a su nombre y las casas de planta baja se fueron transformando en bloques de viviendas, no sin lucha por parte de la asociación de vecinos. “Luchamos infinito, primero mi padre y después yo con mucha gente para que no quedase ningún vecino en la calle”, recuerda Rosario Hermosa. Y es que el Ayuntamiento promovió un plan urbanístico para hacer en los años setenta un barrio con grandes edificios a costa de demoler las viejas casas y a precio de saldo para sus propietarios. Hasta hace pocos años ha perdurado la última en la zona de la Milagrosa. “Quisieron hacer lo mismo que en el barrio del Conejal, donde hoy está la plaza del Campillo, pero la asociación de aquí luchó”, añade la presidenta de Prodesi.

Las tres zonas urbanísticas diferenciadas en el barrio se fueron uniendo y su fisonomía homegenizándose. Así hasta llegar a los albores del siglo XXI, en que la Capitalidad Cultural Europea de Salamanca impulsa la construcción del Centro de las Artes Escénicas y Musicales (CAEM) y la transformación de la antigua cárcel provincial en el Museo de Arte Contemporáneo Domus Artium 2002 (DA2). Después llegarían el nuevo cuartel de la Policía Local y la sede de la Junta de Castilla y León.

Estructura social obrera y humilde

El hecho de que los habitantes de Prosperidad fueran obreros de las fábricas de la zona le confirió al barrio un carácter humilde. “En cuanto los chavales tenían trece años ya empezaban a trabajar”, explica Rosario Hermosa. Así que su infancia era corta y se desarrollaba junto a la antigua cárcel, donde los niños jugaban a policías y ladrones, dada la influencia de la cercana prisión, y las niñas al aro o el clavo. “Sobre todo corríamos mucho, como el barrio estaba rodeado con tantas tapias de conventos nuestra salida era hacia el río, pero no en la orilla, nos lo tenían prohibido y no bajábamos solos”. Entre canicas y chapas de ciclistas, también era costumbre la cría de los gusanos de mora. “Los chavales saltaban la tapia del Luis Vives y cogían los gusanos de sus árboles, porque tenían unas moreras preciosas. Después, en la verja moldeaban el cristal que colocaban encima de las chapas para hacer las carreras”.

Vecinos de Prosperidad jugando a la rana en el Camino de las Aguas

El agua marcaba el transcurrir de la vida de los vecinos de Prosperidad. En verano, las familias desfilaban hasta las orillas para merendar, pasar un día de campo en la ciudad y darse algún chapuzón. Pero también eran varias las fuentes donde se lavaba la ropa y se obtenía el líquido elementos, porque servicios esenciales como el agua, el alcantarillado y el alumbrado no llegaron hasta la segunda mitad del siglo XX. Por su parte, la vida comercial estaba en torno a pequeñas tiendas de ultramarinos, la mayoría de serranos “que vendían de todo”.

Con el buen tiempo, el barrio revivía, sobre todo en las fiestas de San Juan. “Unos vecinos compraron las andas a la imagen de los Jesuítas y se sacaba en procesión. Luego había verbenas, se hacía sangría y se asaban sardinas. También hacíamos las hogueras de San Juan, se hacían en varios sitios, a veces tan junto a las casas que daba miedo”. Y es que había gran fervor por el bautista, máxime en un barrio caracterizado por el agua del Tormes y cuya arteria principal es el Camino de las Aguas. Después llegaría el Cristo del Perdón del convento de las Bernardas, que hoy día es también santo y seña de un barrio con un importante fervor religioso. Un barrio que ha hecho honor a su nombre y prosperado con el transcurso de las décadas.