Vista general de la manifestación en la plaza de Cibeles en Madrid con motivo del Día de Ceuta.
Se cumple un mes desde que Marruecos permitió que miles de sus conciudadanos invadieran la ciudad de Ceuta, territorio que, junto a Melilla, añora desde hace décadas, pese a que nunca ha pertenecido a su soberanía. Los hechos que han acontecido se deben llamar de forma clara y precisa: guerra híbrida e invasión.
Estos acontecimientos no fueron un hecho aislado motivado por mafias como se ha intentado argumentar desde el Ejecutivo Sánchez. Tuvieron el beneplácito de Mohamed VI el mismo día que se celebraba el aniversario de su ascensión al trono. Además, el 15 de agosto, cuando Ceuta estuvo de nuevo amenazada, sus fuerzas del orden demostraron que cuando ellos quieren, pueden ejercer eficientemente el control de sus fronteras.
No obstante, cuando consideran que España ha hecho algo mal, permiten entrar a cualquiera con el objetivo de presionar y tensionar nuestra nación. A finales de 2025 se celebró en Madrid una Reunión de Alto Nivel entre España y Marruecos, afirmando nuestro Estado, a lo trumpiano, que las relaciones entre los dos países se encontraban en el mejor momento de su historia. Aun así, Marruecos parece que no pensaba lo mismo ni le cayó en gracia el viaje a Argelia que realizó el Presidente del Gobierno tras la victoria de nuestra selección en el mundial de fútbol.
Durante estos días, estamos viendo a los ministros del Gobierno acudiendo al Congreso de los Diputados a dar explicaciones sobre la situación en la ciudad autónoma. Comparto las palabras del Ministro Bolaños al decir que es una situación compleja. Ahora bien, ello no avala la negligencia y la inaptitud del Ejecutivo central que, durante este largo mes, no ha sido capaz con todas sus herramientas jurídicas y diplomáticas de solucionar un problema que cada vez escala a mayor intensidad. Los ceutíes acorralados en sus casas, con miedo e inseguridad, y como último recurso, ejerciendo su derecho de manifestación al ver que los máximos responsables políticos no están garantizando el mínimo vital que sus ciudadanos necesitan. Ni la democracia es fe ni la Constitución su Biblia.
Posiblemente los regímenes democráticos sean los mejores para garantizar el bienestar de la población, la libertad, la justicia y la igualdad. Sin embargo, cuando sus dirigentes no la cuidan tomando decisiones que garanticen el bien de la comunidad y no se solucionan los problemas reales y actuales de la gente, las personas buscan el modo más inmediato de conseguir respuestas a sus demandas, sea de forma democrática o no. En ocasiones, el ciudadano es consciente de que se comporta bien y cumple con sus obligaciones (sobre todo tributarias, en un mundo que gira en torno al dinero). En el momento que observa que se encuentra desprotegido y necesita más que nunca a su Estado, a quien le cedió el monopolio de la fuerza para garantizar la seguridad y la defensa, y no atisba ningún tipo de respuesta, cabe esperar los acontecimientos que estamos viendo en estos días.
Los propios ceutíes con sus fuerzas haciendo lo que deberían hacer otros. Quien haya visto la serie Daredevil: Born again se habrá dado cuenta qué ocurre y cuál es la respuesta de la gente cuando ve que el sistema no funciona, aumentando el hartazgo cada milésima de segundo, sobre todo, ante un Presidente del Gobierno que podría denominarse el Wilson Fisk español.
Ante esta situación, el Gobierno ha decidido, casi un mes después, tomar el mando único (como si todo lo anterior no hubiera servido de nada). Además, han optado por aprobar en Consejo de Ministros la modificación de la Ley Orgánica 4/2000 sobre derechos y libertades de los extranjeros y la aprobación de una nueva ley de asilo para, supuestamente, prevenir y solucionar los problemas existentes. Será un camino largo y tedioso al aprobarse los anteproyectos de ambas leyes, quedando el cumplimiento de los requisitos previos para su posterior conversión en el proyecto de ley que definitivamente se traslade a las Cortes Generales. Asimismo, está pendiente de conocer si se tramitarán por el procedimiento de urgencia, si acabarán durmiendo el sueño de los justos en el cajón de la Mesa del Congreso, o si decaerán en el caso de que el Presidente disuelva las Cortes anticipadamente.
A pesar de que los hechos no son nada halagüeños, debe permanecer la esperanza en que esta situación acabe lo antes posible. Ceuta debe saber que toda España, cada ciudadano que la compone, de norte a sur, está con ellos, con la verdad, la justicia y la libertad de sus compatriotas.