La presidenta de México, Claudia Sheinbaum, y la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso. Fotos: EFE
Apelamos continuamente a la palabra "democracia" como garantes de su subsistencia, y asumiendo que los que piensan diferente a nosotros son la amenaza natural de la democracia.
Partiendo de que no es una forma de gobierno perfecta, podemos asumir que la democracia es la forma de gobierno más democrática.
Pero ¿de verdad tenemos claro que es eso que llamamos "democracia"?
En un país democrático, hay una garantía ineludible en derecho penal: "Las responsabilidades penales de un progenitor no las heredan los descendientes".
¿Por qué? Muy sencillo, son individuos completamente independientes. Cada individuo es responsable de sus propios actos, y nunca de los de ninguna otra persona (aunque sea su madre, su padre o su hija). Pero algo tan básico no parece que lo tengamos claro.
Solemos presuponer delincuentes a gente que tiene otra manera de pensar –o más bien de reproducir las opiniones de los que consideran ser sus guías ideológicos– por el hecho de que una minoría de personas con ideología similar sí cometieron delitos.
Nos creemos en derecho de determinar quién puede decir qué, cómo y dónde. Nos creemos con la potestad de suspender las garantías democráticas de las personas que consideramos un peligro para las garantías democráticas.
De lo que pasó en México hace siglos, es historia que hoy en día seguimos tratando de reescribir. La historia se estudia, no para cambiarla, sino para aprender de ella. Lo que ocurrió tras el descubrimiento de América (o conquista, o evangelización, o mestizaje, o colonización, o como sea que se llame, o se le quiera llamar), se hizo en base a la idiosincrasia de todas y cada una de las personas que tuvieron algún tipo de influencia, legislativa y/o ejecutiva. Si se estudia con objetividad, se encontrarán actos deleznables, actos malos, actos regulares, actos buenos y actos excelentes. Vamos, un reflejo de los modelos de personas que podemos observar en cualquier sociedad.
El comportamiento de todas y cada una de las personas que formamos parte de la sociedad tiene más que ver con la genética de cada uno, las circunstancias personales en las que se criaron, de la educación que recibieron y de qué manera la digirieron. Nada tiene que ver (según los derechos humanos) su nacimiento, raza, sexo, religión, opinión, edad, discapacidad, orientación o identidad sexual, enfermedad, condición socioeconómica o cualquier otra circunstancia personal o social. Desde que hay gente, hay gente buena y hay mala gente.
Ha habido mucha crueldad intersticial en ambos lados: la Revolución Mexicana, las Guerras Cristeras, los cárteles del narco, las Guerras Carlistas y la Guerra Civil Española, y esas guerras fueron de unos entre ellos mismos, y de los otros entre ellos mismos. Nadie -externo al país- al que culpar. También hubo mucha gente que tuvo actos de tremenda heroicidad (y humanidad).
De lo que pasó en América ni tenemos que pedir perdón, ni tenemos que sentirnos orgullosos de que fuera un acto heroico. Es algo que ocurrió, y que nos hace tener muchas cosas en común, y es una gran oportunidad para compartirlas en paz. Si mi abuelo hubiera violado a una mujer de otro país, y que por ello yo tenga un primo, y después de años, con mi abuelo muerto, creo que puedo celebrar el cumpleaños de mi primo -con el que compartiría muchas cosas en común- sin que nosotros seamos violadores, y sin que sea apología de la violación (algo que despreciamos).
Ahora todo está "sesgado" en "los de izquierdas" y "los de derechas", y resulta que ahora parece que los españoles que cruzaron el charco hace siglos eran "de derechas" y los indígenas del otro lado "eran de izquierdas". Solo hay dos opciones de ser persona, y "mucho cuidado con elegir la contraria a la que me he ubicado… que te democratizo".
Hace ya miles de años, alguien escribió una de las primeras constituciones de la humanidad, en la que se decían cosas básicas como "No robarás" o "No matarás", ya entonces había gente que robaba y mataba, y al resto, la mayoría, les parecía mal.
Poco hemos mejorado.
Que los políticos nos quieran dividir, a millones de personas, en solo dos grandes grupos ideológicos lo hacen por su propio interés, y lo hacen así porque tienen la hipótesis de que los ciudadanos somos imbéciles. Pero el hecho de que los propios ciudadanos seamos los que nos ubiquemos voluntariamente en uno de los dos bandos, quiere decir que la hipótesis de que somos imbéciles tiene una base muy sólida.
Hacer críticas en tercera persona es de chismosos, las críticas en segunda persona alimentan el odio, las críticas en primera persona del singular hacen mejores personas, y las críticas en primera persona del plural hacen mejores sociedades.
De Isabel y Fernando (los Reyes Católicos) se decía que: "Tanto monta, monta tanto".
De los dos bandos ideológicos, en los que hemos decidido dividirnos como sociedad, podemos decir que: "Tanto tonto, tonto tanto".