El Papa León XIV durante la misa del Domingo de Ramos.

El Papa León XIV durante la misa del Domingo de Ramos. Reuters

Blog del suscriptor

'Tempus omnia revelat'

Publicada

El papa León XIV se ha manifestado, al igual que su predecesor, el papa Francisco, en contra del negocio de la minería, al considerarlo un sector perjudicial para el medio ambiente y la ética.

Pero todavía ha ido más lejos en este asunto: en lo que llevamos de año está haciendo intervenciones en las que apoya abiertamente la desinversión en el sector minero. No obstante, lo más llamativo de todo es que, en esas intervenciones, ha hecho alusión al uso inadecuado de la minería en Latinoamérica, al parecer olvidando que los gobiernos que llevan a cabo prácticas espurias dentro de este sector son comunistas.

Sin ir muy atrás en el tiempo, el dictador Nicolás Maduro extrajo, en 28 años de dictadura comunista en Venezuela, toneladas de oro para venderlo o llevarlo fuera del país latinoamericano, a pesar de las sanciones europeas y estadounidenses.

En la encíclica Laudato Si, Francisco expuso las razones por las que habría que controlar la minería. Principalmente, se centró en la «degradación ambiental» y el «cambio climático». Sin embargo, olvidó las mejoras tecnológicas dentro del sector minero; a saber: la descarbonización de maquinaria, cambiándola por capital eléctrico; la restauración de terrenos mediante el uso de tecnosoles, o la reutilización del agua para la criba del oro.

Cuando Francisco redactó el texto, seguramente desconocía los beneficios que proporciona la minería en favor de la transición energética, mediante la obtención de las materias primas necesarias para este fin, así como la generación de empleo y su contribución fiscal a los Estados desde una perspectiva extractiva.

En definitiva, el peligro al que debe hacer frente el papa León XIV —como ya manifestó antes de ser elegido máximo representante de la Iglesia católica— es la ideología comunista dentro de la Santa Sede, que está provocando, entre otras cosas, el vaciamiento de iglesias en todo el mundo, mientras el número de católicos no para de aumentar en todo el mundo.

Tempus omnia revelat.