Protestas Irán.

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La teocracia iraní en su agonía final

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El comienzo del año 2026 está siendo especialmente revelador para todos aquellos que creemos en la libertad. La caída del régimen chavista en Venezuela, unida a la revolución iraní —encabezada fundamentalmente por mujeres—, está poniendo contra las cuerdas al régimen teocrático de Irán y acelerando sus últimas horas.

El detonante de una sociedad que anhela libertad ha sido claro: poner fin al régimen de los ayatolás. El Gobierno iraní decidió prohibir —en otra muestra más de su obsesión intervencionista— el acceso a los dólares, lo que provocó la inmediata movilización de los comerciantes del Gran Bazar. Cuando incluso el corazón económico del país se levanta, el mensaje es inequívoco.

Los males que hoy asfixian a Irán son consecuencia directa de décadas de intervencionismo estatal, que han desembocado en una inflación superior al 40%. En términos prácticos, un euro europeo equivale a 49 reales iraníes. Para que el lector se haga una idea del desastre económico, se trata de un nivel de inflación comparable al que sufrió la peseta durante la Guerra Civil española dentro del bando nacional.

A este colapso económico se suma el saqueo sistemático de los recursos naturales del país por parte de las élites corruptas, especialmente del petróleo. Junto a ello, el régimen mantiene un historial de asesinatos masivos de ciudadanos acusados de conspirar, violaciones sistemáticas de mujeres y una brutal represión contra los homosexuales.

Conviene que las autodenominadas feministas españolas —entre ellas Irene Montero e Ione Belarra— presten atención: en Irán, las torturas se ceban principalmente con las mujeres. Uno de los métodos más crueles es la llamada “tortura blanca”, basada en el control absoluto de la luz dentro de la celda para destruir los patrones del sueño y anular la noción del tiempo, complementada con el vendaje permanente de los ojos cuando las presas son sacadas al exterior.

El nivel de degradación humana ha alcanzado extremos difíciles de imaginar. Padres que denuncian a sus propias hijas por mantener relaciones sexuales, familias obligadas a pagar hasta 6.000 dólares para recuperar los cuerpos de sus seres queridos, y una cifra de asesinados que ya supera las 5.000 personas, son la radiografía moral de un régimen en descomposición.

Sin lugar a dudas, el año 2026 está llamado a marcar el principio del fin de dos de las autocracias más repugnantes del planeta: Irán y Venezuela. Ojalá las fichas del dominó tiránico continúen cayendo, porque lo que está en juego no es ideología, sino derechos humanos.