Rómulo en su cafetería.

Rómulo en su cafetería. E.E.

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Rómulo, el argentino que lo dejó todo y abre una nueva cafetería en Zaragoza: "La gente me desea mucho éxito todo el tiempo"

El local se ubica en el paseo Gran Vía, 11, y se centra en el café de especialidad para llevar.

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Zaragoza
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Rómulo llegó desde Argentina a Zaragoza hace cinco años cumpliendo uno de sus sueños y no puede estar más feliz con su nueva vida. Encantado con la ciudad y con su gente, ahora ha dado otro paso más para formar parte de la comunidad que tan bien le ha tratado: abrir su propia cafetería, algo que jamás hubiera pensado.

En 2019, cuando sus hijos se fueron de casa, Rómulo se replanteó su futuro. Tenía ganas de experimentar, de hacer las locuras que le quedaban en el tintero. Una de esas cosas que siempre quiso hacer era mudarse a España. Consiguió convencer a su mujer, que le llamaba loco, y dejó su casa y su trabajo en Tucumán (Argentina) para asentarse en la capital aragonesa.

Y su historia continúa con otra locura. Hace dos semanas el argentino inauguró el local que lleva su nombre, Rómulo, y se ubica en el centro de Zaragoza, en el paseo Gran Vía, 11, donde anteriormente se instalaba Amalaleche Gallery.

Se trata de una cafetería con café de especialidad y exclusivamente para llevar. Es un espacio acogedor, pero muy pequeño, aunque es posible tomarse el café en la barra.

Sin embargo, abrir su cafetería surge “de casualidad”, porque el propietario estaba trabajando en otro proyecto, un centro recreativo (ahora en ‘stand-by’), que necesitaba de cafetería. Al no tener mucho conocimiento del tema, empezó a interesarse, a conocer y disfrutar del café y visitando todas las cafeterías de especialidad de la ciudad.

“No sé qué tiene el café, pero tiene algo seductor”, destaca Rómulo, que sin experiencia previa en la hostelería quedó atrapado hasta el punto de querer emprender. “Podríamos decir que empecé como aficionado y me pasé de rosca”, bromea.

Diferenciación

No obstante, también es consciente de que el sector ha crecido mucho y es muy difícil diferenciarse. Eso sí, él considera que lo está consiguiendo.

En este aspecto, destaca tres puntos como claves. El primero, el diseño de un local que le cautivó al verlo: “El estándar estético de una cafetería suele ser más femenino con colores pasteles, florecitas y mucha pastelería. Yo decidí hacer una estética totalmente distinta con tonos verdosos y a la gente le está gustando”.

De hecho, reconoce que cuando la gente pasea por la calle y pasa por la puerta, sistemáticamente se quedan mirando al escaparate.

Además, en su caso no prepara nada de pastelería, sino que sus productos son congelados y horneados durante el día.

En segundo lugar, el concepto de café para llevar: “Yo no estoy habilitado para tener mesas y sillas. Ese perfil de cafetería en Zaragoza no existía”.

Por último, Rómulo destaca la configuración de la barra, ya que el cliente cuando pide el café ve el paso a paso de la preparación.

Además, aunque no era algo que él planteara, se ha dado cuenta durante los primeros días de que en su rincón se dan diálogos espontáneos entre gente que no se conoce mientras disfruta de su café. Así pues, todo ello construye “una experiencia distinta”.

Por tanto, la acogida ha sido espectacular y Rómulo asegura que los clientes se van contentos, algunos incluso le visitan dos veces por día y que le desean “mucho éxito todo el tiempo”. “Llevo 15 días y el potencial lo sigo viendo cada vez mejor”, añade.

De este modo ve recompensado su esfuerzo, pues él está solo en la cafetería, que al ser pequeña puede gestionarse, y hace turnos de 12 horas diarias.

En una cafetería, por supuesto, tiene que haber un buen café. Rómulo trabaja como tostadero con una marca reconocida, Onawa. Pero, a estas alturas, el argentino entiende que tener un café de calidad es solo la base y que lo que hace que te elijan son otros aspectos como el lugar, la experiencia o la cercanía.