La Font del Cirer.

La Font del Cirer. Laurine Maurice

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El agua más pura de España está en esta sierra rodeada de bosques a 1.100 metros de altitud: "Me cura los riñones"

La Comunitat brilla por su abundancia de lugares oníricos que tienen la particularidad de dejarte sin palabras cuando ya creías haber visto todo.

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Alicante
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Hay planes que surgen sin esperarlo, de estas experiencias que no fueron pensadas y sin embargo quedarán ancladas para siempre en el rincón de los recuerdos.

La Comunidad Valenciana brilla por su abundancia de lugares oníricos que tienen la particularidad de dejarte sin palabras cuando ya creías haber visto todo lo que ofrece esta zona de España.

La sierra de Mariola forma parte de estos lugares que dejan sin habla. Subiendo en coche hasta el área recreativa de Font de Mariola, uno ya siente la naturaleza en su máximo esplendor.

Una vez aparcado el coche, la ruta que va al Montcabrer espera a los senderistas con un montón de sorpresas. Primero un paisaje impresionante lleno de praderas verdes y flores, nacidas esta primavera tras un invierno intenso en lluvias.

Acto seguido, los visitantes se adentran en un bosque en el que cualquier conversación se torna íntima, teniendo como testigos el canto de los pájaros.

De camino al Montcabrer, de repente uno se encuentra con estanques de agua y un ruido de fuente que llama la atención.

Si uno se acerca un poco más, descubrirá la Font del Cirer, desde la cual cae el agua potable y pura directamente desde la sierra.

Una mañana de primavera, el visitante puede incluso toparse con vecinos que rellenan sus botellas para disfrutar de este agua en casa, como es el caso de Ángel, quien viene una vez al mes desde Banyeres de Mariola a rellenar agua.

La sierra que se bebe

Y es que Mariola es una sierra que se mira mucho desde la distancia pero, en realidad, se entiende cuando se bebe. No cuando se fotografía desde un mirador, sino cuando te agachas, apoyas la mano en la piedra mojada y dejas que el agua helada te corte un poco la respiración.

En la Font del Cirer el paisaje se condensa en un gesto muy sencillo como lo es abrir el tapón, acercar la boca al chorro, notar el sabor casi metálico, casi vegetal, de una montaña que se filtra durante años bajo las raíces de los pinos.

La despensa invisible

Ángel podría ser cualquier hombre de Mariola, pero ese día es tu guía involuntario. Mientras tú bebes con la curiosidad de quien descubre un tesoro escondido, él abre y cierra tapones con la serenidad de quien repite un ritual de toda la vida.

No hay prisa, no hay pose. Solo el sonido del agua llenando las botellas y el eco suave del plástico al encajarse, mientras confiesa que este agua ha "curado" sus riñones.

En su gesto se condensa una forma de relación con el territorio que muchas veces pasa desapercibida desde la ciudad. Para él, esta fuente es infraestructura doméstica. Es la diferencia entre abrir el grifo en casa y saber que lo que sale viene de "su" sierra, o resignarse al agua clorada y anónima.

La Font del Cirer.

La Font del Cirer. Laurine Maurice

Tú, en cambio, llegas con la mirada turística aunque vengas de cerca. Te maravilla que el agua sea "potable" y "con muchas propiedades", repites las palabras como si fueran una etiqueta de supermercado, pero lo que de verdad te atrapa es la rutina de Ángel. Y es que su normalidad desmonta tu épica porque para él no hay milagro mineral, hay costumbre. Y precisamente ahí está la historia.

Racó del Cirer

La ruta que une el área recreativa de la Font de Mariola con la Font del Cirer funciona como un pequeño tránsito simbólico. Te adentras en una Mariola más silenciosa, más trabajada. Aparecen los restos de bancales, las masías que fueron, los caminos que servían para subir leña, bajar ganado, ir de un mas a otro cuando la sierra era sobre todo un lugar de trabajo.

El Racó del Cirer, por donde avanza el sendero, es uno de esos topónimos que parecen un susurro. Suena a rincón, a umbral. Es un trozo de sierra donde se cruzan muchas historias pequeñas. Ganaderos, agricultores, pastores, hoy senderistas que siguen las marcas blancas y rojas del GR como si fueran señales de tráfico.

Debajo de esas señales, sin embargo, siguen latiendo las lógicas antiguas como lo es el agua en la fuente, la sombra en el pinar, el viento que se encajona en el barranco.