Tatiana y Adrián, en el Paseo Juan Aparicio de Torrevieja.

Tatiana y Adrián, en el Paseo Juan Aparicio de Torrevieja. Laurine Maurice

Vega Baja

Tatiana y Adrián, la pareja de ucranianos que huyó de la guerra y ya da trabajo en sus dos empresas en Torrevieja

Destacan las excelentes relaciones con los españoles y con otras nacionalidades presentes en la ciudad, aunque destacan el carácter muy "pro Putin" de algunos rusos.

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Alicante
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En pleno 2024, con ya dos años de guerra y la incertidumbre que no deja de crecer, Tatiana y Adrián deciden finalmente dejar su Kiev natal para huir del país y comenzar una nueva vida en España.

La pareja ya llevaba tiempo viendo testimonios de otros ucranianos que vinieron a Torrevieja: "Tiktok estaba lleno de videos de ucranianos en Torrevieja", aseguran.

Así, partieron finalmente para darse una nueva oportunidad de construir su propio futuro lejos de los bombardeos.

Tras 4 años del inicio de la guerra y dos años en Torrevieja, ambos reflexionan acerca de una certeza incómoda: "El futuro ya no está en Ucrania, y si se para la guerra hoy, el país tardaría muchos años en reconstruirse", asegura Adrián.

"Cuando decidamos tener un hijo, quiero que nazca sabiendo que está en un lugar seguro", añade Tatiana.

Nueva vida en Torrevieja

Cuando Rusia invadió Ucrania el 24 de febrero de 2022, en Torrevieja vivían algo más de 2.300 ucranianos; cuatro años después ya son alrededor de 10.000 y se han convertido en la comunidad extranjera más numerosa del municipio, aproximadamente el 10% de la población empadronada.

A lo largo de los años, la ciudad se ha promocionado casi sin querer como refugio gracias a un clima suave todo el año, alquileres relativamente más asequibles que en grandes capitales y una estructura ya montada de asociaciones, colegios de fin de semana y servicios municipales acostumbrados a funcionar en varios idiomas.

Tatiana y Adrián aterrizaron en este ecosistema y, como tantos otros, primero se agarraron a la red ucraniana antes de ir tejiendo la española.

"El primer año estábamos en contacto muy fuerte con nuestra gente", recuerda él, que empezó trabajando como barbero para clientes casi exclusivamente ucranianos, gracias al boca a boca de compatriotas que corrían la voz de que en Torrevieja "se vive bien" y "es más fácil alquilar un piso" que en ciudades como Madrid.

Torrevieja también cuenta con una importante comunidad de rusos, por lo que, al ser preguntados acerca de su relación con ellos, Adrián lo resume así: "Nos llevamos bien con unos pocos pero también hemos visto que muchos son muy defensores de Putin".

De refugiados a empresarios

Hoy, apenas dos años después de llegar, la pareja dirige una barbería y un pub en Torrevieja. Abrieron primero la barbería, que se consolidó como punto de encuentro para ucranianos recién llegados, y en enero levantaron la persiana de su segundo negocio, un bar con nombre español que ha despertado la curiosidad del vecindario, el pub Chin-Chin Borrachín, especializado en licor de cereza, típico de Ucrania.

"Cuando abres un segundo bar con un nombre más español, la gente empieza a mirarte diferente y quiere saber quién eres", resume Adrián.

Él trabajaba en Ucrania como director comercial de una empresa de tecnologías de la información y tenía la barbería como "hobby"; Tatiana, por su parte, asesoraba a emprendedores que querían montar negocio.

Ese bagaje les ha permitido moverse con soltura en el papeleo, contactar con un arquitecto español que les ayudó con los trámites y apoyarse en proveedores locales para sacar adelante su proyecto.

Mientras muchos desplazados todavía se pelean con contratos de alquiler y citas imposibles en Extranjería, ellos se han convertido en la prueba viviente de que se puede saltar de la protección temporal a la iniciativa privada en tiempo récord.

Integrarse entre 127 nacionalidades

Torrevieja es hoy una ciudad de más de 100.000 habitantes en la que cerca de la mitad de los vecinos proceden de hasta 122-123 países distintos, lo que la sitúa entre los municipios más cosmopolitas de la Comunitat Valenciana.

Esa diversidad se nota en la calle, en los menús de los bares, en los carteles de las inmobiliarias y también en el interior del pub de Tatiana y Adrián, donde la carta mezcla jamón serrano con licores de cereza típicos de su país y donde los vinos españoles sorprenden menos de lo esperado a una clientela que, dicen, "prefiere empezar con algo más suave y dulce".

"Los españoles son muy curiosos y siempre quieren probar el licor de cereza", asegura Tatiana.

En total, juntando la barbería y el bar, la pareja da trabajo a seis personas, 5 de ellos ucranianos y un argentino-español.

La pareja en el paseo Juan Aparicio de Torrevieja.

La pareja en el paseo Juan Aparicio de Torrevieja. Laurine Maurice

Su integración ha seguido un patrón muy torrevejense. Primero acudieron a una comunidad ya creada de su país y después se abrieron a otras nacionalidades, empezando a adoptar un estilo de vida muy español: "Ya no puedo vivir sin el sol de Torrevieja", bromea Tatiana.

Él insiste en que "los españoles son muy buenos, siempre quieren ayudar" y subraya el papel de la Asociación de Hostelería, a la que se han sumado para conocer a otros empresarios y aprender cómo se mueve la ciudad en temporada alta.

La solidaridad en casa

No todo ha sido sencillo. Como cualquier extranjero en España, Tatiana y Adrián se han topado con el laberinto de Extranjería con citas que tardan meses, intermediarios que cobran por conseguirlas y la paradoja de no poder abrir una cuenta bancaria, alquilar un piso o firmar un contrato de trabajo hasta resolver trámites que se eternizan.

Ellos mismos se acogieron al régimen de protección temporal para ucranianos, que da permiso de residencia y trabajo mientras dure la activación de esta figura a nivel europeo, prorrogada al menos hasta 2025.

Con el tiempo, esa experiencia burocrática se ha convertido en un conocimiento práctico que comparten con otros.

A sus amigos y conocidos recién llegados les buscan cita, les orientan con el empadronamiento y, cuando hace falta, les ceden un hueco en su propia casa para que tengan una dirección mientras salen los papeles.

"Muchas veces ayudamos porque ya sabemos cómo funciona y sabemos lo difícil que puede ser", explican. Su apoyo va más allá del círculo íntimo, pues ahora asesoran a otros ucranianos que quieren abrir negocio y les ponen en contacto con arquitectos, proveedores y asociaciones, replicando en otros lo que ellos hicieron al llegar.

"Aquí está el futuro"

En Ucrania les quedan padres y abuelos, casas a las que, en teoría, siempre podrían regresar. Pero, cuando se mira el calendario, el futuro se complica.

La guerra entra en su quinto año, con menos frentes abiertos pero con bombardeos constantes que alimentan la sensación de "guerra de desgaste" en la que nadie sabe cuándo llegará el final.

Tatiana y Adrián en su barbería 'Tsirulnik' en Torrevieja.

Tatiana y Adrián en su barbería 'Tsirulnik' en Torrevieja.

Adrián hace sus propias cuentas: con 35 años, esperar diez o quince para ver un país reconstruido significaría cruzar la barrera de los 50 empezando casi desde cero.

"Estamos seguros de que el futuro va a ser muy bueno, pero en Ucrania hay muchas cosas que ahora mismo no están bien. Primero, el comportamiento invasivo de Vladímir Putin, segundo, una corrupción muy fuerte en el Gobierno y tercero, el clima", resume, sin rodeos.

Mientras tanto, su presente está claramente en Torrevieja, en una barbería que se llenó de compatriotas nada más abrir y en un pub que empieza a atraer a españoles curiosos por descubrir quién está detrás de ese nombre castellanizado.