Gitte Lund Thomsen, concejala de Residentes Internacionales del Ayuntamiento de Torrevieja.

Gitte Lund Thomsen, concejala de Residentes Internacionales del Ayuntamiento de Torrevieja. L.M

Alicante

4 años después de la invasión rusa, los ucranianos ya son el 10% de la población de Torrevieja: "Pocos volverán"

Se estima que aproximadamente 5,3 millones han buscado refugio en otros países, según datos de ACNUR.

Más información: Igor lleva cuatro años en Torrevieja tras salir de Ucrania: "Tengo amigos de todas las nacionalidades y aquí soy feliz"

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El 24 de febrero de 2022, Vladimir Putin anunció el inicio de una "operación militar especial" contra Ucrania, marcando el comienzo de una invasión a gran escala por parte de Rusia.

En la madrugada, Rusia lanzó ataques con misiles y bombardeos contra múltiples ciudades ucranianas, incluyendo la capital, Kiev, así como Járkov, Odesa y otras zonas estratégicas.

Poco después, tropas terrestres cruzaron la frontera desde el norte, incluida Bielorrusia, el este y el sur, avanzando rápidamente hacia puntos clave.

Ya han pasado 4 años, y se estima que aproximadamente 5,3 millones de ucranianos han buscado refugio en otros países, según datos de ACNUR.

Unos ucranianos que se han refugiado en países vecinos como Polonia y República Checa, pero también en países lejanos como España, donde han elegido ciudades como Madrid, Barcelona, Valencia y Torrevieja.

En el caso de esta última, cuatro años después de la invasión, los ucranianos ya representan en torno al 10% de la población empadronada y se han convertido en la comunidad extranjera más numerosa del municipio, con alrededor de 10.000 personas.

Para analizar el impacto de 4 años de guerra y entender la elección de Torrevieja por parte de los ucranianos, EL ESPAÑOL charla con Gitte Lund Thomsen, concejala de Residentes Internacionales del Ayuntamiento de Torrevieja.

De 2.300 a más de 10.000

Antes de la guerra, Torrevieja ya tenía una pequeña comunidad ucraniana de unas 2.300 personas, con asociación propia y hasta colegio de fin de semana donde las familias preservaban idioma y tradiciones.

Eran una comunidad visible pero minoritaria en una ciudad acostumbrada a convivir con británicos, rusos o nórdicos.

La invasión de febrero de 2022 lo cambia todo. A la red previa de compatriotas se suma la decisión de la Unión Europea de activar la protección temporal, que permite a los ucranianos entrar y residir legalmente sin pasar por el laberinto habitual de extranjería.

España aplica esa protección de forma amplia —incluyendo a quienes ya estaban en situación irregular— y Torrevieja se convierte en uno de los grandes polos de llegada.

Hoy el padrón cuenta con algo más de 10.000 ucranianos sobre un total de 110.500 habitantes. La “locura” de los 10.000 que Gitte pronosticó en febrero de 2022 se ha quedado corta, pues "nadie me creía cuando estimé esa cifra en 2022", asegura.

Torrevieja convertida en refugio

La concejala explica que Torrevieja reúne varios ingredientes que la han hecho especialmente atractiva para los ucranianos.

Había ya una asociación fuerte, una oferta educativa específica y una ciudad acostumbrada a vivir en varios idiomas a la vez. El boca a boca, en gran parte, ha hecho el resto.

El otro factor a tomar en cuenta es el geográfico y casi emocional, pues Torrevieja está lejos de la guerra. Mientras Polonia y los países vecinos absorben las grandes cifras, España aparece como un refugio lejano, caro de alcanzar, pero percibido como seguro y estable.

En esa periferia mediterránea, una ciudad donde más de la mitad del censo es extranjero lleva años ensayando lo que, a ojos de Lund, hoy empieza a suceder en otros puntos de Europa.

Una sensación que se ve materializada con la aparición de urbanizaciones multilingües, supermercados con productos de medio continente y una administración local que necesita intérpretes para gestionar lo cotidiano.

Una integración acelerada

La fotografía social que describe la concejala tiene un perfil claro y apunta que han llegado sobre todo madres con hijos en edad escolar.

Un dato que marca la diferencia. A diferencia de otros colectivos formados en gran medida por jubilados que no necesitan el idioma para trabajar, las familias ucranianas aterrizan obligadas a integrarse deprisa para poder comunicarse en el día a día entre el colegio, el médico y conseguir empleo.

Esa necesidad, explica Lund, se traduce en ganas de integrarse de forma rápida mediante cursos de español masivos, apertura de comercios en tiempo récord y adolescentes que salvan en el aula la brecha entre el ruso, el ucraniano y el castellano.

Conjugación de los verbos españoles en las paredes de la escuela ucraniana.

Conjugación de los verbos españoles en las paredes de la escuela ucraniana. L.M

En las calles del centro se multiplican las peluquerías, tiendas de alimentación y pequeños negocios regentados por ucranianos, mientras que en los institutos se normaliza que en cada clase haya al menos un alumno capaz de traducir al ruso o al ucraniano para los recién llegados.

La convivencia con la comunidad rusa, ya de por sí numerosa, se vive de forma totalmente natural, con parejas mixtas, bodas en el Ayuntamiento en pleno bombardeo de Kyiv y conflictos mínimos que, cuando aparecen, se parecen más a las peleas de cualquier familia que a un trasunto de la geopolítica.

Una escuela para no romper el hilo

La otra pieza clave está en el aula ucraniana. En un colegio ubicado en la zona del Acequión de Torrevieja, más de 400 niños y jóvenes siguen el currículo oficial ucraniano con sus libros y materias, de preescolar a segundo de Bachillerato, atendidos por una docena de docentes ucranianos.

La directora, que lleva casi un cuarto de siglo en la ciudad, lo resume así: "Aquí estudian como si estuvieran en Ucrania".

Natalia Zhezhnyavska, directora de la escuela ucraniana, junto a Gitte.

Natalia Zhezhnyavska, directora de la escuela ucraniana, junto a Gitte. L.M

Ese doble sistema entre el colegio español y la escuela ucraniana, funciona como cordón umbilical con el país de origen. Se aprende lengua, historia, geografía y se bailan danzas tradicionales, mientras en el instituto se comparte patio con compañeros españoles, marroquíes, rusos o colombianos.

Para muchos niños, Torrevieja es ya el lugar donde han hecho amigos y aprendido a conjugar verbos en castellano mientras que Ucrania se ha convertido en el país de su familia y de unas vacaciones que no saben si llegarán.

"Pocos querrán volver"

Esa es la gran preocupación que traen también en la maleta los responsables ucranianos que visitan la ciudad, la sangría demográfica.

Ucrania teme que una parte importante de quienes se han ido—se habla de al menos un 30% a escala europea— no regrese nunca. Y, según la propia concejala, esa hipótesis encaja con lo que se percibe en Torrevieja, pues muchas familias ya han normalizado la idea de que su futuro está aquí.

Unas familias que ya tienen trabajo, amistades, hijos integrados y por las que volver significaría empezar de cero otra vez y, quizá, renunciar a una seguridad que aquí se ha hecho rutina.

En este sentido, entre medias, Torrevieja se enfrenta al reto de sostener ese modelo de ciudad "extrema" en términos de mezcla que "a menudo anticipa lo que después se extenderá a otros territorios", tal y como lo concluye la concejala.