Daniel Briz, esta semana en la playa de San Juan de Alicante.

Daniel Briz, esta semana en la playa de San Juan de Alicante. Iván Villarejo

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Dani Briz, campeón de España de karts 'frenado' por el dinero: "Para llegar a la F1 hay que invertir 10 millones"

El piloto alicantino transmite su experiencia a otros jóvenes que se adentran en el motor a la espera de una oportunidad para demostrar su potencial.

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Alicante
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Dani Briz nunca ha dejado de ser rápido. Lo que dejó de tener fue dinero. Durante años fue uno de los nombres marcados en rojo dentro del karting español, uno de esos pilotos que aparecen pronto, ganan pronto y parecen destinados a seguir subiendo. Pero su progresión se ha detenido en un punto que no depende del talento ni de los resultados, sino de algo mucho más determinante en este deporte, la capacidad económica para seguir corriendo.

"Una temporada de Fórmula Cuatro es como pagar un alquiler. Llegas solo con el mono, casco y guantes. Puedes gastar 500.000 euros y yo podría correrla por menos de 150.000, que está bien, pero sigue siendo muchísimo dinero", recuerda.

Durante un tiempo logró competir sin asumir esos costes directamente. Equipos, apoyos, oportunidades. Pero ese escenario se agotó. "Hace cuatro años que dejé de pagar mi última carrera. He corrido en todos los lados sin pagar un euro, pero hay que invertir otra vez y es imposible. Mi familia vive bien, tengo dos hermanas y hay más vida, no solo mi deporte", explica.

La cifra para seguir subiendo es todavía más desproporcionada. "Para llegar a la Fórmula Uno desde el karting hay que invertir unos 10 millones de euros. No me he gastado ni una onceava parte y he logrado llegar hasta aquí. No quiero hipotecarlos". Ahí se produce el frenazo. No en la pista, sino fuera de ella.

"Estoy trabajando y me va bien, pero sigo buscando. El karting ya no es mi motivación, ya lo he ganado todo y son muchos años. El sueño de todo niño es la Fórmula Uno, pero solo hay 20 pilotos en todo el mundo y el 80 % son hijos de expilotos. Todo está complicado", denuncia.

El sistema, además, no garantiza nada. "Me ayudan en una parte, con becas, pero no con todo, la logística, mecánicos… y hay que darle continuidad. No es solo un año y tampoco te asegura que llegues seguro a la cima. Se paga hasta en la Fórmula 2", argumenta. "Al final es frustrante. Los demás que han estado compartiendo pista conmigo han avanzado, pero hay que ser consciente de la situación en la que estoy".

Hoy sigue en el automovilismo, pero desde otro lugar. Compite menos de lo que quisiera y entrena más de lo que imaginaba. Forma a jóvenes pilotos mientras espera una oportunidad que le permita volver a sentarse en un coche con continuidad. "Llega un momento en que mi deporte deja de ser deporte", resume.

Su historia arrancó antes de lo habitual. Con dos años y nueve meses ya estaba subido a un kart como una rutina que fue creciendo hasta convertirse en algo serio. A los ocho dio el salto a la competición oficial y empezó a medirse con otros niños que, como él, ya vivían más en los circuitos que en cualquier otro sitio.

Los resultados no tardaron en llegar. En 2016, con diez años, fue sexto en el Campeonato de España Alevín y tercero en el Catalán. Después vendrían los títulos. Campeón de España en categoría cadete y, años más tarde, campeón de España en categoría senior. Una progresión limpia, sin atajos, sostenida en el tiempo.

El camino se paga

Entre medias, formación en el Centro de Tecnificación Deportiva del Circuit Ricardo Tormo, horas de trabajo físico, adaptación técnica y un objetivo claro, dar el salto a los monoplazas. Ese salto estuvo cerca. En 2021 fue seleccionado como piloto reserva del equipo de Fórmula 4 del Centro de Tecnificación de la Generalitat Valenciana. Se quedó a décimas de tener un asiento titular. Décimas que en pista se pueden recuperar, pero fuera de ella pesan mucho más.

El problema llega cuando el camino se paga. Por eso arrastra una sensación amarga con el sistema de ayudas. "Competí con chicos de 20 y 21 años sin tener ni siquiera el carnet, gané una de las pruebas y pensé que me darían alguna puntuación más, pero hubo irregularidades. Las becas deben ser para la gente que las necesita y tiene proyección", reclama.

Mientras tanto, buscó alternativas para no quedarse parado. En 2024 y 2025 se subió a un registro distinto, el de la Euro NASCAR. Debutó con Speedhouse en el Valencia NASCAR Fest al volante de un Ford Mustang. Coches grandes, pesados, con otra manera de conducir. "No queda más que aceptarlo y seguir corriendo en coches grandes", dice, sin resignación pero con realismo.

Correr en Abu Dabi

También ha seguido compitiendo fuera de España. Abu Dabi, Yas Marina, pruebas de Rotax. Circuitos de estándar Fórmula 1 que le permiten seguir activo y no perder el pulso de la competición.

Porque el nivel, insiste, lo ha tenido siempre. En su etapa de formación coincidió en pista con pilotos como Andrea Kimi Antonelli, hoy en la élite del automovilismo con un volante en la Fórmula Uno. Compartieron carreras en igualdad. Después, cada uno siguió su camino.

Ahora trabaja como entrenador en la escudería Molaut Motul. Dirige, corrige, acompaña. Forma a pilotos que empiezan donde él empezó y ya empieza a ver resultados, con varios de sus chicos primeros en distintas categorías del Campeonato de España. "El presente mío es que sigo buscando coches y mientras sigo ayudando a hacer pilotos. Llevo 15 niños a los que tengo líderes en tres categorías".

Esa conciencia es la que le ha llevado a redefinir su presente. No es lo que había imaginado, pero tampoco es una renuncia total. "Sigo en el mundillo y ayudando a mejorar a chicos y eso es lo que me llena". Aun así, la puerta no está cerrada. Ni mucho menos. Tiene una carrera de Fórmula 4 pagada, guardada, esperando el momento. "No sé cuándo la gastaré, igual para Montmeló", reflexiona.

"¿Mi futuro? Volver a las grandes pruebas. No lo descarto. Dejo las puertas abiertas a la espera de que se me dé la oportunidad", asegura. Dani Briz no ha colgado el casco, solo espera que alguien le ayude a tener un nuevo coche. En la élite del automovilismo, el talento abre puertas, pero es el dinero el que decide hasta dónde se pueden cruzar.