Rus, 9 años, junto a sus padres el primer día de cole este miércoles.

Rus, 9 años, junto a sus padres el primer día de cole este miércoles. Laurine Maurice

Educación

“En casa no hay pantallas”: los padres de una niña de 9 años vinculan el batacazo de España en PISA al uso de móviles

El informe registra un desplome que sitúa a los estudiantes de 15 años por debajo de la media de la OCDE y de la UE en las tres disciplinas evaluadas.

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Alicante
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Con los ojos llenos de ilusión, Rus viene corriendo de jugar para abrazar a sus padres en un banco situado enfrente del que a partir de este miércoles pasará a ser el lugar en el que aprenda y haga nuevos amigos.

Son las 8.30 y todavía falta media hora para que abra la gran puerta verde del CEIP Óscar Esplà de Alicante, pero ya son muchas las familias que se apresuran para no perderse ni un minuto de la vuelta al cole de sus hijos.

Un regreso a las aulas que se solapa con los resultados del último informe PISA en los que España ha registrado los peores resultados de su historia, con un desplome generalizado que sitúa a los estudiantes de 15 años por debajo de la media de la OCDE y de la Unión Europea en las tres disciplinas evaluadas.

Concretamente, en lectura, España obtiene 451 puntos, lo que supone una severa caída de 23 puntos respecto a 2022. El alumnado se sitúa medio año escolar por detrás de la media de la OCDE.

Por otra parte, en matemáticas la puntuación cae hasta los 458 puntos (16 puntos menos que en la anterior edición) y en ciencias se registran 466 puntos, perdiendo 8 puntos frente a los datos de 2022.

Unos resultados preocupantes que algunos expertos asocian, en parte, al exceso de pantallas desde la más temprana edad.

En casa no hay pantallas

Frente a este panorama, los padres de Rus no tienen dudas: “En casa no hay pantallas”. Mientras esperan la apertura del colegio, explican que su hija solo tiene permitido usar el móvil 9 minutos al día, “uno por año”, y que tratan de que la tecnología “no absorba su vida, ni la nuestra tampoco”.

“Los niños toman ejemplo de los adultos. Si nosotros estamos todo el día con el móvil, ellos también”, reflexiona la madre, quien recuerda una escena reciente en la iglesia: “Todo el mundo estaba enfocado en el móvil, nadie con un libro en la mano”. Para esta familia, el ejemplo es la primera lección, pues si los adultos no leen, los niños tampoco lo harán.

De Venezuela a Alicante

Recién llegados de Venezuela hace apenas un mes, los padres de Rus afrontan su primer curso en España con la ilusión de que su hija estudie “en unas buenas condiciones”, dicen, pero también con la realidad de una inflación que encarece hasta lo básico.

“Hemos comprado un solo cuaderno y lo necesario nada más, mientras vamos tirando”, explica la madre, quien añade que una amiga profesora les ayudará con más materiales.

Rus, ilusionada por “estudiar” y con las matemáticas como materia favorita, llega con lagunas por la crisis educativa en su país de origen, pues en Venezuela asistía solo dos días a la semana y, a menudo, sin clases efectivas por la precariedad docente. “Perdimos la casa y salimos por ellos, para que tengan una educación”, resume el padre.

Fomentar intereses saludables

Mientras Rus sueña con retomar el ballet y la danza, actividades que practicaba en Venezuela, y disfruta del yoga, mientras que su hermano de 17 años muestra interés por la mecánica, un oficio que el padre considera más viable que el bachillerato en el actual mercado laboral español.

“Los trabajos manuales ahora piden mucha gente”, señala, aunque admiten estar perdidos con la orientación académica y esperan cita con una trabajadora social para que les asesore.

Esta apuesta por actividades saludables como la lectura, el deporte y el arte, frente a la pantalla es, para ellos, una estrategia consciente para evitar el “retraso” que ven en tantos niños “que ya no juegan como antes”.