Juan Román en su joyería, ubicada en la calle del Médico Pascual Pérez.

Juan Román en su joyería, ubicada en la calle del Médico Pascual Pérez. Jorge Verdú

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Juan Román, cuarta generación de joyeros en Alicante: "Hace 50 años el cliente era fiel, hoy no quiere que le asesores"

El establecimiento ha formado parte de bodas, aniversarios y momentos especiales de cientos de alicantinos.

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Quien pasee habitualmente por el centro de Alicante conocerá un apellido que ha estado vinculado a la ciudad desde hace décadas y que remonta su tradición joyera hasta el siglo XIX.

Román Joyeros es producto de cuatro generaciones que, desde su bisabuelo, pionero en la ciudad, han continuado con un negocio cada vez más amenazado por las grandes superficies, la venta online y los relojes inteligentes.

Juan Román y su hermano mantienen en pie un comercio local ubicado en la calle del Médico Pascual Pérez que ha formado parte de bodas, aniversarios y momentos especiales de cientos de alicantinos.

En su despacho, decorado con fotografías de sus antepasados joyeros y recuerdos de joyas traídas de otras latitudes durante sus expediciones, Juan Román cuenta que desde pequeño tenía bien claro que su camino estaba entre el oro y los diamantes.

"Todo esto se remonta a mediados del siglo XIX, hacia 1850 aproximadamente. Mi bisabuelo abrió una joyería en la calle de la Princesa, al final de la Rambla. Era de esos establecimientos cuyas puertas se abrían hacia fuera y tenían grabados unos cuernos de la abundancia, dejando entrever el escaparate y la entrada", recuerda.

Él tenía tres hijos y una hija, pero, por las costumbres sociales, las mujeres se quedaban en casa. Así que montó una joyería para cada uno de los hermanos varones de su abuela.

Fue su padre el que reconectó con el oficio trabajando en los establecimientos de sus tíos. "Fue un paso generacional un poco 'en falso', pero tiene un valor inmenso porque él, con su propio esfuerzo y trabajo, fundó esta joyería en 1972 sin que fuera un legado familiar directo. Decidió que, aunque su madre no hubiera tenido tienda, él la crearía".

Una infancia entre joyas y relojes

Juan Román se crio con biberones detrás del mostrador y nunca contempló otra opción que no fuera continuar el legado.

Juan Román señala una imagen de sus padres (al lado se encuentra una imagen de la antigua joyería en la calle del Teatro).

Juan Román señala una imagen de sus padres (al lado se encuentra una imagen de la antigua joyería en la calle del Teatro). Jorge Verdú

"Mi ilusión al salir del colegio, mientras otros niños se quedaban jugando al fútbol, era venir corriendo a la tienda. Hacía gracia ver a un niño de 6 o 7 añitos detrás del mostrador, donde apenas asomaba la cabeza, interactuando con los clientes", comenta.

Pero durante todos estos años la sociedad ha cambiado su forma de consumir este tipo de productos exclusivos y la firma alicantina ha sufrido desde asaltos hasta la irrupción de la venta en línea.

En 1992 su padre inauguró otra tienda frente al Teatro Principal. Ambas convivieron activamente durante décadas en una época en la que el consumo era muy diferente y había mucha demanda de joyas.

Sin embargo, las cosas cambiaron drásticamente. Además de la crisis, en el año 2008 sufrieron un atraco a mano armada muy grave, valorado en 600.000 euros de la época.

"Fue perpetrado por una banda organizada de argentinos que se asentó en Alicante 15 días antes, visitándonos en varias ocasiones simulando interés para planificar el golpe. Entraron un viernes a las 11 de la mañana, encapuchados, con pelucas, gafas de sol y pistolas. Gracias a Dios no tuvimos que comprobar si las armas eran reales o no", sostiene el joyero.

Aunque la Interpol los atrapó en Argentina y cumplieron condena aquí, no se recuperó ni un solo anillo, ya que confesaron que robaban por encargo y entregaron todo el alijo en la ciudad de Cartagena tras salir por Lisboa.

Aquello les dejó "una enorme sensación de inseguridad, miedo e insatisfacción profesional. Finalmente, debido a que mi padre se hacía mayor, a que el negocio requería mucha implicación y a que la distancia entre locales era corta, decidimos unificar todo en este local histórico".

Resistencia frente a internet

Otro golpe, esta vez para todas las joyerías, fue el acceso a la información de los clientes, lo que ha transformado el papel de los joyeros y los ha relegado de asesores que contaban con la plena confianza del cliente a meros comerciantes.

"La sociedad y el acceso a la información han cambiado por completo. Hace 50 años, el cliente era absolutamente fiel; si la señora García compraba aquí, sus hijos y nietos también lo hacían. La gente venía buscando tu criterio y te decía: 'Se casa mi hija, asesórame y dame un reloj para mi futuro yerno para quedar bien'".

Mientras que asegura que "hoy en día, el cliente viene y te exige directamente un modelo específico. Ya han visto tres vídeos explicativos en internet y no quieren que les asesores. En esos momentos, te sientes un poco más como un tendero o un vendedor que despacha, en lugar de un joyero", lamenta el alicantino.

De la cruz al 'smartwatch'

Otro frente abierto son los llamados relojes inteligentes, a los que el joyero no les da ni la categoría de reloj.

"Los relojeros de verdad no llamamos 'reloj' a un reloj inteligente o smartwatch; para nosotros eso es tecnología. Sin duda, nos ha quitado mucha cuota de mercado, especialmente en ocasiones como las comuniones. Antes, una abuela regalaba una cadena con una cruz o un buen reloj para toda la vida; hoy en día, si regalas eso, el niño se enfada", indica.

Por fortuna para el sector, los amantes de la relojería no tienen una edad definida y aún hay apasionados de todas las generaciones.

"Tengo clientes que tienen en sus casas colecciones de 500 o 600 relojes. Lo que nosotros vendemos es un reflejo de nuestros orígenes y representa un trozo de historia que perdura en el tiempo", reflexiona.