CARTA DEL DIRECTOR

El año que murió Franco

El año que murió Franco no habían nacido ni Pablo Iglesias, ni Albert Rivera, ni siquiera Luisa Ramona Humberta.

El año que murió Franco el padre de Luisa Ramona Humberta, un militante del FRAP llamado José Luis Sánchez-Bravo e identificado como el camarada Hidalgo entró en el restaurante La Milagrosa de Cuatro Caminos -un tugurio de un tenedor ha tiempo desaparecido-, conoció al mecánico Ramón García Sanz, a quien en el hospicio bautizaron como Pito por el silbato que era su único juguete, y le captó para la causa.

Ilustración: Javier Muñoz

Ilustración: Javier Muñoz

El año que murió Franco el presidente Arias Navarro resumió su oferta política exhortando a los españoles en TVE: "Que se acerquen al Palacio del Pardo, que, aunque sea desde la lejanía, contemplen esa luz permanentemente encendida en el despacho del Generalísimo, donde el hombre que ha consagrado toda su vida al servicio de España sigue, sin misericordia para consigo mismo, firme al pie del timón". Entre tanto el propio dictador repudiaba el aperturismo, previniendo a su fiel Pedrolo Nieto Antúnez contra Fraga "que pretende alzarse con la herencia del Régimen", y por las cárceles pasaban todo tipo de presos políticos, desde los sindicalistas del proceso 1.001, con Marcelino Camacho a la cabeza, a los líderes de la huelga de actores de los teatros de Madrid.

El año que murió Franco el padre de Luisa Ramona Humberta conoció en el metro de Ciudad Lineal a la madre de Luisa Ramona Humberta sin saber que también era militante del FRAP. Se llamaba Silvia Carretero alias camarada Andrea; y aunque él empezó aconsejándole lecturas sobre "la emancipación de la mujer albanesa", pronto se escandalizó de su biquini como buen machista-leninista: "¿No pretenderás ir a la piscina con eso?".

El año que murió Franco el cabo Piris, miembro de la policía municipal de Cáceres, entró una mañana en una papelería y ordenó a la propietaria que retirara del escaparate una litografía de "La maja desnuda" de Goya, haciéndose acreedor de múltiples muestras de simpatía de las fuerzas vivas de la ciudad. Casi simultáneamente la revista Semana reflejaba la experiencia de los angelicales Sergio y Estíbaliz al representar a España en el Festival de Eurovisión en Estocolmo donde se proyectaba Emmanuelle: "Yo no hubiera tenido reparos en ir, pero como no me apetecía nada que fuera Estíbaliz, pues me he aguantado", explicaba el cantante. Su competidora Hola recibía con sentimientos encontrados el nacimiento de la primera hija de los "amancebados" Marisol y Antonio Gades: "¡Lástima que la situación de los padres de la pequeña no permita celebrar con el júbilo natural el acontecimiento de esta maternidad!" .

El año que murió Franco cuando España despertó, Isabel Preysler ya estaba ahí, reinando en ese papel satinado que aun no llegaba a cuché pero reflejaba el "amor indestructible" que la unía a su marido Julio Iglesias, junto al "amor indestructible" que unía a su íntima amiga la nietísima Carmen Martínez Bordiu con el duque de Cádiz. Mientras María José Goyanes (Equus) y Victoria Vera (¿Por qué corres Ulises?) competían enseñando por primera vez los pectorales en escena, un estudio seudocientífico del doctor Abril se atrevía a sostener que "el 70% de las españolas son seudofrígidas".

El año que murió Franco cuando España despertó, Isabel Preysler ya estaba ahí, reinando en ese papel satinado que aun no llegaba a cuché

El año que murió Franco el viejo buda revolucionario desgajado del PSOE para fundar el FRAP Julio Alvárez del Vayo ordenó desde Perpiñan a su "rama militar" la comisión de atentados que impulsaran "la violencia de las masas", con objeto de "golpear más y más a la dictadura". El camarada Hidalgo y la camarada Andrea observaron un día en las inmediaciones del paseo de Extremadura al teniente de la guardia civil Antonio Pose Rodríguez, aparcando su modesto utilitario. Era un pobre oficinista de la agrupación de Tráfico que sumaba unas pesetillas reparando televisores por las tardes pero propusieron incluirlo entre los objetivos de la organización.

El año que murió Franco también murió su primero paladín ideológico y después antagonista vital, Dionisio Ridruejo, cuyos versos se oyeron en el cementerio de la Almudena de labios de Luis Rosales: "Español apagado/ ceniza de un fuego/ ¿dónde estás que te busco/ y me busco y nos pierdo?". Casi a la vez Evangelina Sobredo, una veinteañera conocida como Cecilia a la que quedaban muy pocos meses de vida, escribió la letra de su canción más célebre: "Mi querida España/ esta España en dudas/ esta España cierta/ de las alas quietas/ de las vendas negras/ sobre carne abierta".

El año que murió Franco el camarada Pito asesinó a bocajarro al teniente Pose disparándole con una escopeta recortada bajo el portal de su casa, en presencia del camarada Hidalgo que ejercía de jefe del comando, mientras la camarada Andrea vagaba para hacer tiempo de centro de El Corte Inglés en centro de El Corte Inglés, hasta que en la planta de oportunidades de Goya fue poco menos que a dar de bruces con una dependienta que, en una ciudad de cuatro de millones de habitantes, había resultado ser la única testigo del crimen y contaba, sofocada, a un grupo de clientes cómo "tres chicos jóvenes, uno con bigote, han matado a un policía a sangre fría".

El año que murió Franco, durante uno de sus paseos por el campo de golf de la Zapateira, el Caudillo confesó a su médico el doctor Pozuelo que había llegado a la conclusión de que la legislación se había quedado obsoleta porque solo permitía aplicar el procedimiento sumarísimo a aquellos terroristas que fueran capturados in fraganti o tras una "persecución no interrumpida". Y claro, "entonces -cuando fue redactada- no había tantos coches como ahora". El resultado era, a su modo de ver, que, cada vez que asesinaban a alguien, "los terroristas" abandonaban su vehículo "siguiendo la huida en otro coche", con el propósito deliberado de burlar la ley. Pocos días después, mientras Franco permanecía en vilo por el estado de su nieto Francis que había estrellado su deportivo en las inmediaciones del Pazo de Meirás, el Gobierno ponía coto a esa "argucia" con un decreto ley cuyo artículo 11 facultaba a la Justicia Militar a recurrir al sumarísimo en cualquier caso de terrorismo.

El año que murió Franco el policía Antonio González Pacheco, más conocido como Billy el Niño, torturaba a los detenidos en la Dirección General de Seguridad con una mano escayolada -"Mira, esta me la he roto pegándole a uno de tus camaradas"- y a los acordes de "Ru-more, ru-more", último éxito de Rafaella Carrá. Hidalgo, Pito y sus cómplices habían dejado tal reguero de pistas que para la policía había sido coser y cantar detenerlos en pocas semanas. La camarada Andrea también había sido capturada cuando trataba de huir a pie a Portugal haciéndose la excursionista. "Sabemos que estás embarazada por lo gordas que tienes las tetas pero nos importa tres cojones si abortas", le dijeron los guardias civiles que la interrogaron.

"Hidalgo", "Pito" y sus cómplices habían dejado tal reguero de pistas que para la policía había sido coser y cantar detenerlos en pocas semanas

El año que murió Franco cuando de la noche a la mañana se convocaron los procedimientos sumarísimos de Hoyo de Manzanares para aplicar la ley del Talión a los asesinos del teniente Pose y otro policía, todos los despachos de abogados progresistas se apresuraron a asumir las defensas para tratar de obstruir -o al menos denunciar- el simulacro de juicio en marcha. La excepción a la regla fue el despacho de Manola Carmena y José Luis Núñez que rehusó hacerlo para no comprometer al PCE con el que todos les identificaban. Máxime cuando Santiago Carrillo veía tan claro el futuro: "¿Qué posibilidades tiene Juan Carlos? Todo lo más ser rey por algunos meses", acababa de declarar a Oriana Fallaci.

El año que murió Franco un consejo de guerra exprés sin garantías de ninguna clase, del que fueron expulsados sus defensores, condenó a muerte al camarada Hidalgo y al camarada Pito, aprovechando la confesión de otro miembro del comando que salvó así el pellejo, aconsejado por un bisoño letrado del despacho del PSOE, liderado por Peces Barba. Acumulando esa sentencia con otras tres similares, el Consejo de Ministros acordó conceder seis indultos y "darse por enterado" de cinco penas capitales que afectaban además al miembro del FRAP Humberto Baena y a los etarras Txiki y Otaegui.

El año que murió Franco el primer ministro Olof Palme recogió fondos por la calle con una hucha para ayudar a los "antifascistas españoles", Yves Montand se plantó en Madrid para pedir que se pararan las ejecuciones, Pablo VI exhortó a la clemencia y hasta Nicolás Franco apeló en vano a la conciencia de su hermano menor: "Querido Paco, no firmes esa sentencia... Tu eres buen cristiano, después te arrepentirás. Ya estamos viejos, escucha mi consejo". La víspera de las ejecuciones el Caudillo recibió a los niños de la Operación Plus Ultra en El Pardo, los fue saludando uno a uno como un autómata, comenzó a llorar y se quedó bloqueado en el centro de la sala. Doña Carmen acudió en su ayuda -"¡Paco, Paco...!- y le dio la vuelta para mostrarlo a los fotógrafos. Esa noche las embajadas españolas en Lisboa y La Haya fueron asaltadas, saqueadas y quemadas mientras los reos aguardaban su suerte en capilla.

El año que murió Franco el padre de Luisa Ramona Humberta fue fusilado tras el alba, convencido de que su mujer esperaba un varón y acariciando la idea que le había transmitido durante su despedida en el corredor de la muerte de Carabanchel: "Quiero que nuestro hijo sepa la verdad sobre el modo en que murió su padre, que no le ocultes nada. Y que lo eduques en los principios del marxismo leninismo. Y que le pongas mi nombre y el de nuestros camaradas".

El año que murió Franco es el título del libro que publiqué en 1985, con motivo del décimo aniversario de aquellos estertores sangrientos que engulleron al dictador. Recogía, a modo de epílogo, el momento en que pocos meses antes, en el estado de naturaleza de la playa nudista de las islas Cíes, frente a la bahía de Vigo, la madre de Luisa Ramona Humberta había cumplido su promesa: "Mira, Luisa, tu padre no murió en un accidente. A tu padre lo fusiló Franco... Le dieron cuatro tiros porque luchó contra la dictadura... Pero de verdad que era un tío cojonudo. Cuando seas mayor te lo terminaré de explicar". Ahí les perdí la pista a ambas.

El año que murió Franco acaba de ser reeditado por La Esfera de los Libros con un prólogo que explica cómo el éxito de la reforma política propició la ruptura social con aquella España pacata y oscura; y recoge los hallazgos de mi propia hija, la subdirectora de EL ESPAÑOL María Ramírez, tal y como han quedado plasmados en su reportaje de este fin de semana: Luisa Ramona Humberta Sánchez-Bravo Carretero se crió con su abuela materna en un ambiente conservador, escondió cuanto pudo su segundo y tercer nombre y su apellido, jamás participó en acto alguno que reivindicara la trayectoria o las ideas de su padre, se puso de largo en el Palace, camuflada bajo el alias de Louise Sánchez Gastaut en un lujoso baile de debutantes, estudió después la carrera diplomática, pasó por diversos destinos hasta representar al Estado como primera secretaria de embajada en la misma legación ante La Haya que fue destrozada en solidaridad con los fusilados y mostró hace poco su beligerancia en favor de la unidad de España, al plantar cara de forma vehemente a las tesis del independentista Sánchez Piñol durante un coloquio en la universidad de Amsterdam. Ni siquiera sus amigos conocen su historia. ¿Puede alguien reprocharle que cure lo que Pérez-Reverte llama "las heridas de la memoria" con el bálsamo del derecho al olvido?

El inesperado baile de la hija del último fusilado por Franco