Debate de investidura

El sanedrín de EL ESPAÑOL pone nota a los líderes políticos

Rivera obtiene la máxima nota seguido de Pablo Iglesias, según el análisis de 10 firmas del diario.

Rivera charla con el presidente del Congreso.

Rivera charla con el presidente del Congreso. Efe

Albert Rivera es el líder político mejor valorado por un sanedrín de 10 firmas de EL ESPAÑOL que ha analizado el fondo y la forma de las intervenciones de los cuatro líderes políticos en el debate de investidura.

El líder de Ciudadanos obtiene una nota media de 7,05 (sobre 10) por delante de Pablo Iglesias, que logra un 6.

El presidente en funciones Mariano Rajoy obtiene un 5,4 y el candidato Pedro Sánchez se queda al borde del aprobado con un 4,5. 

En la encuesta lanzada en el perfil de Twitter de EL ESPAÑOL, Rivera ganaba holgadamente la votación de los lectores. 

A continuación, el análisis y las notas personalizadas de las diez firmas de EL ESPAÑOL

1. Alberto Lardiés

Albert Rivera, 7

Es el único de los cuatro que no ha leído ni una línea. Su discurso ha sido el más centrado ideológicamente y el menos bronco en las formas. Ha sido el más tranquilo. No ha caído en las provocaciones de Iglesias y ha sorprendido al atacar con dureza a Rajoy. Ha defendido su pacto con el PSOE con más solidez que el candidato a la investidura.

Pablo Iglesias, 6'5

Desde el punto de vista formal, su discurso inicial quizá haya sido el más brillante de todos los que se han pronunciado. Sus dotes como orador y su telegenia han funcionado. Ha conseguido marcar la pauta con sus ataques a Sánchez y, sobre todo, con sus feroces críticas a Rivera. Eso sí, ha desbarrado en su rifirrafe con el candidato y con el grupo socialista. En ese momento, ha perdido los nervios que suele controlar.

Mariano Rajoy, 6

El presidente del Gobierno en funciones se ha despachado a gusto contra Sánchez. Su retranca y su ironía han sido efectivas a lo largo de su discurso. Domina el estrado por su experiencia. En cuanto al contenido, se ha limitado a atacar y desacreditar al candidato del PSOE. 

Pedro Sánchez, 4

Paradójicamente, el peor parado en este debate es el candidato a la presidencia del Gobierno. Carente de reflejos y de capacidad para improvisar, Pedro Sánchez no ha sabido defenderse de los múltiples ataques recibidos. Al igual que en su discurso del martes, no ha aportado ningún golpe de efecto en la forma ni en el contenido. 

2. Ana Romero

Mariano Rajoy, 8

Ha exhibido maestría parlamentaria: experiencia e ironía. Ha hecho reír incluso a diputados que no son del PP. Ha despertado a la Cámara del letargo del día anterior.

Pablo Iglesias, 7 

Leído y cultivado, le fallan las formas: cuando se enfada le sale la vena asamblearia. Grita demasiado. En el futuro, si logra amaestrar a la fiera que lleva dentro, puede ser un gran parlamentario.

Albert Rivera, 6 

No tiene la talla parlamentaria de Rajoy ni la garra de Iglesias, pero ha cumplido con creces. Hace buenos intentos por improvisar (no como Sánchez).

Pedro Sánchez, 4

El peor. Plano, aburrido, no se sale del guión (como le han echado en cara Rajoy e Iglesias). Tiende al 'rigidismo mecanicista': da igual lo que le digan, repite su guión. Debate mal.

3. Daniel Basteiro

Albert Rivera, 8

Defendía el mismo acuerdo que Sánchez, pero su discurso tuvo un hilo conductor, apeló al sentido común y estaba salpicado de citas pertinentes y buenas referencias. Desde la lógica básica fue capaz de poner contra las cuerdas al PP. La agresividad de Iglesias contrastó con su talante, mucho más sereno, que potenció su imagen frente a los demás líderes.

Mariano Rajoy, 6

Rajoy tiró de retórica para tapar una verdad incómoda. Nadie fuera de su partido apuesta por que sea reelegido como presidente. Rajoy fue capaz de transmitir la idea de un cierto vigor y se le vio fresco, quizás porque no se jugaba nada, pero sus argumentos fueron fácilmente desmontados por sus oponentes. Su tono burlón y sus insultos a Sánchez le restaron credibilidad. Llamar “bluf” a Sánchez no le ayudará a conseguir sus votos.

Pablo Iglesias, 6

Iglesias tuvo algunos momentos muy efectivos, pero evitó hablar de la aritmética, principal argumento en contra del Gobierno que le propone a Sánchez. Tampoco habló del fondo de las medidas y se centró en hablar de las formas y del pasado. Sus gritos y falta de respeto a los demás partidos (ante los que Errejón ponía una cara que era un poema) restaron credibilidad a la pretendida épica.

Pedro Sánchez, 5

Tenía el papel más difícil. Como candidato a La Moncloa, era el saco de boxeo llamado a recibir más golpes. Y, sin embargo, el debate podía suponer un gran trampolín mediático, una pasarela para un nuevo liderazgo. Pero Sánchez no destaca por su oratoria y en el cuerpo a cuerpo es peor que sus contrincantes. Podría haber hecho mucho más y salió muy magullado.

4. Ana I. Gracia

Albert Rivera, 8

El presidente de Ciudadanos ha sabido defender mejor que el candidato Pedro Sánchez el pacto que firmó con los socialistas. Además de presentarse en un tono mucho más educado que el de sus contrincantes políticos, supo sacar de sus casillas al PP diciéndole a la cara que tiene que regenerarse.

Pablo Iglesias, 7,5

El líder de Podemos no defraudó a su electorado. Si bien falló en las formas y en pasarse de frenada, supo resquebrajar el discurso del PSOE y revolvió al candidato Pedro Sánchez, que no será capaz de sacar adelante la investidura sin su apoyo. Sacar los trapos más sucios del PSOE de Felipe González provocó el momento más tenso de la sesión y la escenificación de que el pacto de izquierdas está roto.

Mariano Rajoy, 6

El presidente del Gobierno en funciones resurgió de sus cenizas, donde estaba desde que el rey encomendó a Pedro Sánchez formar gobierno. El líder del PP utilizó una fina ironía para desmontar el Pacto de 'El abrazo' y, a la vez, levantar la moral de su grupo parlamentario, que la tenían por los suelos desde que dejó pasar el turno y cedió todo el protagonismo a los socialistas. Aún hay algo de esperanza, creen en Génova.

Pedro Sánchez, 3

Ha sido el portavoz que más desapercibido pasó por el hemiciclo y su discurso no fue el de un candidato a la Presidencia del Gobierno. Ni estuvo hábil en sus palabras ni rápido en la réplica. Por no sacar, el socialista no sacó a relucir ni la corrupción que asola al Partido Popular para intentar ganarse la confianza de los diputados que aún no tienen decidido su voto.

5. Jordi Pérez Colomé

Pablo Iglesias, 8

Ha leído el texto demasiado rápido, pero es su actitud. Ha sido duro y con poco humor, pero eficaz. Cuando habla, se hace escuchar. Siempre dice algo o al menos lo dice distinto.

Albert Rivera, 7

Con Iglesias, ha refrescado al panorama. Rivera no lee y lo que puede ser una ventaja hace que a veces recurra demasiado a repeticiones o vaguedades para asegurar. Las réplicas de Rivera e Iglesias han sido igual o más brillantes que sus intervenciones iniciales. Entre ambos, han sacado de quicio a PP y PSOE. Sus diputados han sido más educados que los partidos tradicionales.

Mariano Rajoy, 5

Su único rol era decir no y descalificar el pacto entre Ciudadanos y el PSOE. Ha cumplido con discreción. Su discurso ha sido más jugoso que el inicial de Pedro Sánchez. Pero ha sido más de lo mismo.

Pedro Sánchez, 5

Tenía la oportunidad de demostrar que era su momento para ser presidente. No lo ha aprovechado. Sus discursos y réplicas han sido correctos. Tenía un muro delante y no lo ha superado.

6. John Müller

Mariano Rajoy, 4,5

El diputado de La Restauración.

Pedro Sánchez: 3,5 y Albert Rivera: 6,5

Ambos son diputados de la democracia, pero con distinto tonelaje.

Pablo Iglesias, 5

Diputado del final de la Segunda República.

7. Peio H. Riaño

Mariano Rajoy, 3

Con el guión es insuperable. Las dotes de parlamentario parecen haber aflorado una vez se ha convertido en un cargo en funciones. Siempre se ha legitimado como un ser compungido, circunspecto y cariacontecido, sobrio y comedido por la responsabilidad de gobernar al resto. Parece que la nueva versión de Rajoy es la del sujeto cínico que cree tener los deberes hechos y con matrícula de honor. Parece haber encontrado en el sarcasmo su única tabla de salvación.

Albert Rivera, 5

Apelando al espíritu de la serenidad y del pacto, ha tratado de convencer a los votantes conversos del PP que miraban atentos su actuación en el Congreso. A todos aquellos votantes que traicionaron su papeleta tradicional les ha pedido que sigan creyendo en él en las inminentes Elecciones Generales. Ha hecho lo posible por evitar el enfrentamiento y las malas formas de patio de colegio de la vieja política, y erigirse como el individuo ejemplar que cumple con su deber por encima de lo personal. Símbolo de la España petrificada.

Pablo Iglesias, 5

En precampaña es imparable. Ha demostrado, desde el tono al contenido, que sus intenciones están en las Elecciones Generales. Recupera su discurso más duro y enfrentista para ganar por KO a la izquierda tradicional, más preocupada por pactar con la derecha. Se ha centrado en fulminar a Sánchez y lo ha conseguido, sobre todo con sus artes asamblearias, cuando lo dibujaba como un desperdicio de las maneras más pervertidas de la vieja política.

Pedro Sánchez, 3

Rígido, tieso y sin profundidad. Probablemente hayamos visto al peor candidato a presidir el Gobierno de España de todos los que se han presentado en el Congreso de los Diputados. Sin contenido y con una solvencia de ficción, ha apelado al debate y al diálogo, al consenso por el interés general, en una investidura suicida para reforzar su renacimiento en el PSOE. Pedro Sánchez -que ha llegado a decir que “el PP no es un partido corrupto”- ha recordado al personaje de Bill Murray en Lost in Translation.

8. Jorge Sáinz

Pablo Iglesias, 6

El líder de Podemos estuvo certero en su primer turno. Pero se 'calentó' demasiado en las réplicas. Iglesias ha perdido la sonrisa de la campaña electoral. No encaja las réplicas cuando le descolocan. Pero sus palabras son toda una novedad en el Congreso.

Albert Rivera, 8

El presidente de Ciudadanos fue de menos a más. Iglesias lo dijo: "Si hay un ganador hoy, ése es usted señor Rivera". Vendió el pacto con el PSOE con más vehemencia que el PSOE y logró doblegar al PP, forzando a Rajoy a pedir un turno de palabra por alusiones para contener la hemorragia. La improvisación de Rivera es marca de la casa, pero a veces le lleva a repetir mantras. Fue uno de los primeros diputados en normalizar el castellano en el Parlament de Cataluña. Sus palabras en catalán en el Congreso fueron un acierto. 

Mariano Rajoy, 6

El presidente demostró que está cómodo en la oposición. El primer turno fue de lo mejor del día, minimizando el pacto entre PSOE y Ciudadanos con ironía y cierto ingenio. "Se estudiará en los colegios", dijo. En las réplicas no aportó nada nuevo.

Pedro Sánchez, 5

El candidato ha tratado de mostrar un perfil más presidenciable y de consenso. No ha entrado a las provocaciones de Iglesias y sin embargo ha conseguido sacar de punto al líder de Podemos con dardos certeros como el de Otegi. Ha logrado defenderse, pero no es un orador brillante. Ha estado templado y algo mejor que el día anterior.

9. Miguel Ángel Mellado

Mariano Rajoy, 5

El discurso leído del presidente den funciones fue bueno: se vio que le dio tiempo a prepararlo. En las réplicas estuvo fresco, pero el problema de Rajoy es él mismo, perseguidos por dos palabras agudas: corrupción e inacción.

Pedro Sánchez, 5

Estuvo más entonado que en la primera sesión del debate. Se atrevió a decirle a Pablo Iglesias lo que pensaba de él y sus políticas. Su problema es el 20-D y la debilidad de sus resultados. No venció y convenció a medias.

Pablo Iglesias, 6

Pensando en su electorado, estuvo como siempre: mitinero, asambleario, efectista y eficaz. Pero su enorme ego y su soberbia no le dejan sumar más, si es que lo pretendiera.

Albert Rivera, 7

Dijo algo que se corresponde con el nombre de su partido: nuestros jefes son los ciudadanos. Su afán constructivo y dialogante lo valora la ciudadanía. Los ataques despiadados de Pablo Iglesias le favorecen.

10. Vicente Ferrer

Pedro Sánchez, 8

El líder del PSOE partía con el lastre de la mala intervención de la víspera. No se arredró ante los ataques que le llovieron de izquierda y derecha y contestó a todos sin perder el temple. Supo estar en su papel y, a las patadas de Iglesias, respondió tendiendo la mano una y otra vez. Estuvo ocurrente al referirse a Rajoy "tapón de su partido y de la regeneración". Le faltó expresividad en algunos momentos.

Albert Rivera, 8

El líder de Ciudadanos logró encontrar el tono institucional y de acontecimiento histórico que merecía la ocasión y supo dar un par de aguijonazos al belicoso Iglesias ("usted nombraría ministro del Interior a Otegi") y a Rajoy. Demostró reflejos. Cuando, al hablar en catalán, le gritaron "Visca Catalunya Lliure", respondió: "Libre de corrupción". Estuvo un poco envarado.

Mariano Rajoy, 5

Su intervención incial fue brillante, pero se fue diluyendo a lo largo del debate hasta acabar flojo y reiterativo en sus argumentos. Su imagen reclamando al árbitro por una falta que Rivera no cometió lo dice todo. Después se ausentó en la réplica del líder de Ciudadanos y pareció descolocado.

Pablo Iglesias,3

Puede que su agresiva intervención cause los efectos esperados por él, pero el líder de Podemos se confundió de ámbito. Hizo un mitin en lugar de un discurso. Hablar más rápido no es hablar mejor; de hecho, las pausas suelen causar un gran efecto en el auditorio. Sacar a relucir la Guerra Civil, los GAL, Millán Astray y los muertos del franquismo, puede contentar a una parte de la sociedad, pero España hace tiempo que superó aquello.