Debate de investidura

Rivera enfurece al PP al ofrecerle un pacto sin Mariano Rajoy

Un ministro en funciones: “No puedes subir a la tribuna, llamarnos perezosos y pedirnos el voto”.

Albert Rivera junto con Rafael Hernando, portavoz del PP en el Congreso.

Albert Rivera junto con Rafael Hernando, portavoz del PP en el Congreso. Efe

Una simple frase, dicha en caliente a unos pasos del hemiciclo, explica el alcance que ha tenido el discurso de Albert Rivera en el debate de investidura fallido de Pedro Sánchez. “Rivera es un ser innecesario en esta Cámara”. Palabra de un alto cargo del Gobierno en funciones, firme defensor del líder del PP, Mariano Rajoy, tras escuchar cómo Albert Rivera pedía desde la tribuna que el PP se regenere.

El líder de Ciudadanos hizo un discurso de defensa de su acuerdo con el PSOE, como era de esperar, pero pocos esperaban que fuera él quien se encargaría de revolver en su asiento a Mariano Rajoy. Rivera dio la campanada al hacer un marcaje político inédito al Partido Popular. Nunca antes un partido que comparte con el PP su caladero de votos había tenido una representación tan amplia en el Congreso (40 diputados). Rivera la utilizó como munición de un fuego amigo dirigido directamente contra el presidente en funciones y comerle, ya de paso, otro bocado más de su electorado con la vista puesta en el 26J, fecha probable de las nuevas elecciones. A juicio del líder de C´s, Rajoy "desprecia que España tenga que ser reformada".

Albert Rivera está dispuesto a abrir un diálogo con los populares en busca del ansiado consenso, pero con condiciones: el partido debe deshacerse de Rajoy, “incompatible” con la “regeneración” y la nueva etapa política. “¿Me puede dar una sola razón para que los españoles confíen en usted para liderar una nueva etapa política?”, preguntó, delante de los 122 diputados del Grupo Parlamentario Popular.

El líder del cuarto partido de la Cámara Baja se creció ante el PP. Rajoy lo escuchó durante un rato, pero luego se fue a charlar al pasillo mientras esperaba que el fuego amigo se apagase. Rivera seguía atizando al partido del Gobierno con la corrupción incluso cuando el líder del PP volvió a su escaño. "¿Qué hacen decenas de diputados blanqueando dinero de mordidas públicas?", se preguntó. "Si España tiene que impulsar un pacto contra la corrupción, ¿lo va a impulsar el señor Rajoy, alguien se lo va a creer? No puede hacerlo porque no ha limpiado ni su casa", le afeó en público.

Mariano Rajoy traía un dossier con todos los casos de corrupción que asolan al PSOE, por si Pedro Sánchez entraba de lleno con el asunto. Nadie en el PP contaba con que quien le iba a hacer “el trabajo sucio” iba a ser Rivera, que aludió incluso a los “lingotes de oro” que, según investiga la Unidad Central Operativa (UCO), podrían haber servido para blanquear la presunta caja b del PP valenciano. La mera referencia provocó que Rafael Hernando, el portavoz popular en el Congreso, tratase de responderle amparándose en el reglamento de la Cámara. El intento fue frenado en seco por el presidente del Congreso, Patxi López, que apenas le dejó pronunciar un par de frases.

“¿Cuánto peor, mejor?”, pregunta a Rajoy

Rivera acusó a Rajoy de estar instalado en una “trinchera ideológica”, de mantener una “extraña pinza” con Pablo Iglesias y de bloquear el Gobierno que necesita España. "¿Es que prefiere cuánto peor, mejor?”, le espetó a Rajoy. “Yo prefiero cuanto mejor, mejor", propuso. Y ese “mejor” no tiene techo, ya que, parafraseando a Suárez, Ciudadanos ha optado por la solución “difícil” en vez de por la “cómoda”. Tanto es así que Rivera está decidido a reformar la Constitución. ¿Con qué votos?, se preguntó a sí mismo mientras miraba a las filas del PP. “Yo espero que con los suyos, ¿o van a hacer como en el 78?” Entonces, sectores del centroderecha se desmarcaron de la actual Carta Magna, que ahora defienden a ultranza.

Rivera consiguió su objetivo: sacar de sus casillas al PP. Miembros del Gobierno de Rajoy clamaban contra las palabras de Rivera, que desde la tribuna del Congreso les pidió dejar a un lado la “pereza” y la “pasividad” y tener la “valentía” de acercarse al PSOE y a Ciudadanos. “No puedes subir a la tribuna, llamarnos vagos y perezosos y pedirnos nuestro voto para derogar todo lo que hemos hecho”, decía un ministro, indignado en la Cámara Baja. “En 2011 recogimos este país cuando estaba en la ruina y ahora Rivera nos pide que apoyemos al responsable”, reprochaban.

Los más oficialistas dentro del PP presumían de la energía de su líder y lamentaban que Rivera e Iglesias hablaban para las cámaras de televisión. Otros acusaban el golpe propinado por el líder de Ciudadanos. “Ha sido más duro que el propio Sánchez”, en palabras de un diputado que no está en el Gobierno pero que es uno de los nuevos altos cargos del partido. “¿Quién es él para pedirnos que sustituyamos a Rajoy? Lo que pasa es que no soporta que Rajoy le haya dicho que Sánchez era su candidato y por eso respondió así”.

“Hemos hecho algo mal”

“Esta es la prueba de que algo hemos hecho mal. No hemos tratado bien a Ciudadanos, un partido con el que compartimos tantas cosas. Deberíamos habernos reunido antes con ellos”, reconocía en privado un veterano senador de los muchos se han dejado caer por el Congreso para seguir los debates. Para este parlamentario, Rajoy había estado soberbio, pero Ciudadanos ganaba en frescura y en ganas hasta el punto de despertar “envidia” en las filas populares.

Rajoy apuesta por un acuerdo con Ciudadanos y con el PSOE, pero estos dos partidos han unido fuerzas en su contra. Por ese motivo, en el PP reina el desconcierto sobre los pasos a partir de la semana que viene. “La verdad es que aún no sabemos qué vamos a hacer”, confesaba un alto cargo del partido, que lo sigue fiando, de momento, todo al criterio de Rajoy.

Fiel a su estilo, el presidente del Gobierno en funciones quiere que se desinfle “el suflé del debate” para empezar él a mover ficha. “No será el sábado ni el domingo. Esperaremos unos días, hay tiempo. Quedan dos meses”, reconocían fuentes cercanas al líder del PP. En Ciudadanos afean que Rajoy no haya querido verse con Rivera hasta que falle la investidura de Pedro Sánchez y todavía sienten como un puñal clavado en el costado la carta que Rajoy envió al líder de C´s rechazando una entrevista previa. “Quizá éste haya sido el motivo que ha provocado que Albert Rivera se haya comportado como el portavoz de Pedro Sánchez”, reprochaba otro diputado de la bancada azul.