ATENTADOS EN PARÍS

Así se vigila a presos musulmanes para que no se sumen a la yihad

Los captadores utilizan la debilidad de los reclusos. Hay 180 internos controlados por su radicalidad. 

La Policía ha detenido a varios sospechosos de yihadismo en los últimos meses.

La Policía ha detenido a varios sospechosos de yihadismo en los últimos meses.

El danés de origen árabe Omar Abdel Hamid El Hussein mató a dos personas e hirió a otras cinco en Copenhague el pasado febrero. Quince días antes, había salido de la cárcel, donde se había radicalizado y había empezado a seguir al Estado Islámico. Igualmente, los terroristas que perpetraron los atentados contra los dibujantes de Charlie Hebdo y contra un supermercado judío el pasado enero en París habían pasado por prisión. Y allí habían aumentado su nivel de fanatismo.

En las cárceles está uno de los principales focos de yihadismo en Europa. Tal y como adelantó EL ESPAÑOL, en las prisiones españolas hay 92 reclusos yihadistas y, en total, hay entre 180 y 200 presos que se consideran potencialmente peligrosos. ¿Cómo se evita que estos reos se conviertan en terroristas? El Ministerio del Interior, a través de Instituciones Penitenciarias, hace un seguimiento pormenorizado de estos reclusos. Un seguimiento que incluye la elaboración de informes semanales y el análisis de sus comunicaciones y sus movimientos de dinero. 

La captación, por la debilidad

Fuentes de Acaip, el principal sindicato de funcionarios de prisiones, explican a EL ESPAÑOL que "la vigilancia en España funciona muy bien y, de hecho, hemos sido vanguardia en Europa en cuanto a la observación de conductas e indicios de reclusos que pueden radicalizarse". Y agregan que este trabajo viene realizándose desde los atentados del 11-M. "Aquello nos pilló por sorpresa, es verdad, pero desde entonces nos hemos adaptado muy bien". 

A veces, basta con una tarjeta de teléfono o con paquetes de tabaco para atraer a un preso

Las mismas fuentes señalan que los captadores utilizan la situación de debilidad de sus objetivos. "A veces, basta con una tarjeta de teléfono o con paquetes de tabaco para atraer a un preso". La ecuación es simple: el reclutador ofrece la ayuda económica que necesita el reclutado y así, ganándose su confianza, consigue introducirlo en su particular universo de fanatismo. 

Un programa explicativo

Corría el mes de julio de 2014 cuando Instituciones Penitenciarias aprobó el "Programa de Intervención con los Internos Islamistas en los Centros Penitenciarios", que hoy puede consultarse en internet. Este documento, recogido por EP, demuestra cómo se trabaja en las prisiones españolas para acabar con los brotes de yihadismo.

En dicho documento se dice que este trabajo consiste en "recoger, analizar y sistematizar un conjunto de datos y variables relevantes para detectar y acotar procesos incipientes o consolidados de radicalización". Y recoge que "especialmente hay que examinar las eventuales relaciones de algunos de los terroristas ingresados en prisión con personas con detenciones anteriores, con independencia de que hayan sido condenadas por terrorismo o por otros delitos".

Comunicaciones y visitas

En otras palabras, el principal problema es el contacto entre presos cuyo yihadismo es conocido con otros reos de religión musulmana a los que intentan convencer de sus postulados fanáticos. Por ello, los funcionarios de prisiones se dedican en estos casos a "observar las comunicaciones y visitas con estas personas, las relaciones establecidas entre ellos o con terceros y las relaciones con otras formas de delincuencia organizada o terrorista".

Los presos yihadistas (condenados o en prisión preventiva) están incluidos en el célebre Fichero de Internos de Especial Seguimiento (FIES). Y los reclusos que levantan sospechas sobre su posible radicalización también son sometidos al régimen especial. En concreto, Prisiones hace una división en tres grupos: A (yihadistas), B (en proceso de radicalización) y C (susceptibles de radicalización).

Antes no se incluía al tercer grupo, pero tras los atentados de Charlie Hebdo se decidió que las tres categorías se enmarquen en FIES por su peligrosidad. 

Las prisiones con más problemas

Desde Acaip explican a EL ESPAÑOL que quienes se ocupan de estas labores son los miembros de los grupos de control y seguimiento que hay en cada prisión española. Son ellos quienes elaboran cada semana un informe que hacen llegar al director de cada cárcel y este, a su vez, lo envía a sus superiores del Ministerio del Interior.

De todos los presidios que hay en España, hay algunos donde el nivel de radicalización es mayor que en el resto. Se trata de las prisiones de Ceuta, Melilla, Algeciras, Dueñas (Palencia), Montrerroso (Lugo), Las Mulas (León) y Tarragona). 

Los imanes, atención religiosa

Por otra parte, también hay que tener en cuenta la labor preventiva que acometen en prisión los propios imanes. Actualmente doce clérigos musulmanes trabajan en otras tantas prisiones españolas. Así lo explica a este diario el responsable de la Comisión Islámica de España (CIE) y presidente de la Unión de Comunidades Islámicas de España (UCIDE), Riay Tatary.

Nos acercamos a los presos, les formamos adecuadamente y quitamos de su mente conceptos erróneos

El representante de los grupos musulmanes señala que ellos no se dedican a detectar focos de radicalización. Pero, en todo caso, explica que "nosotros trabajamos a través de los asistentes en las cárceles españolas". "Nos acercamos a los presos, les formamos adecuadamente y quitamos de su mente conceptos erróneos", explica Tatary, que insiste en recordar su condena a los atentados de París y en detallar que la palabra "Islam" significa "paz". "Trabajamos para llegar a las causas que ha conducido a estas personas a la cárcel y para ayudarles a emprender un camino nuevo", concluye.