Liga BBVA

Modric desafía el gafe andaluz

Un golazo del croata desequilibra un choque competido ante un Granada valiente que no demostró su condición de vicecolista. Primera victoria fuera de casa de la era Zidane.

Modric celebra su gol ante el Granada.

Modric celebra su gol ante el Granada. EFE

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El Madrid cosechó tres puntos fundamentales este domingo en Granada en un partido a ratos vibrante que mostró a un visitante muy exigido, obligado a empeñar carácter, mucho esfuerzo y la dosis de genialidad de una estrella (Luka Modric).

Ante un Granada valiente desde el primer minuto, adelantado, que presionaba sin descanso a Modric y a Kroos, el Madrid tardó en encontrar su juego. Los locales aplicaron con inteligencia el esquema que les llevó a firmar un buen partido hace unos meses en el Bernabéu (1-0) y alumbraron un inicio de encuentro entretenido, sin dueño, en el que el vicecolista le hacía al Madrid lo mismo que el colista unas horas antes al Barcelona: descaro y posesión del balón, obligando a las estrellas a correr.

Marcelo y Carvajal se habían convertido en extremos y sorprendían al Granada, pero sufrían en defensa frente al dinamismo de Success y Peñaranda, dos futbolistas muy diferentes, pero que constituían un encordio de intensidad similar y permanente. Los andaluces jugaban sin complejos y el Madrid no fluía, no mandaba en el partido ni generaba las sensaciones del Bernabéu. Estaba atascado. Hasta Varane cometía errores; Modric se acercaba a la banda y retransmitía después órdenes de Zidane. Sobrevolaba el fantasma de Sevilla.

Había encontrado el Madrid dos veces la espalda del lateral izquierdo albirrojo, Foulquier, hasta que Marcelo volvió a entrar solo por la derecha, aprovechó una gran diagonal de Isco, se plantó a metros de la portería y entregó un pase de gol al que siempre desatasca los partidos (ya van ocho en esta Liga), Karim Benzema. Corría el minuto 29.

Mejoría blanca

El tanto animó el encuentro. Con la presión muy arriba, el Madrid asustaba pero sufría en las internadas del nigeriano Succees por la derecha. Durante algunos minutos, como del 35 al 40, los blancos se tranquilizaron y empezaron a disfrutar del intercambio de pases y el dominio total del juego. Los Cármenes parecía el Bernabéu, pero fue un espejismo.

El ímpetu del Granada regresó en las postrimerías de la primera parte, de nuevo por las bandas, obligando a Kroos y a Modric a cubrir mucho campo, beneficiados de nuevo por la mayor generosidad del trío ofensivo. Varane apareció por fin para sofocar los arreones de Miguel Lopes y Saxes por la derecha; los visitantes lograron marcharse al vestuario con la satisfacción de la victoria parcial.

El segundo tiempo comenzó con una buena intervención de Keylor Navas y el paradón de Andrés Fernández a un disparo de Modric. El Madrid disfrutaba de una posesión más relajada, triangulaba mejor, y asedió durante unos minutos la portería local, con un par de oportunidades claras. Kroos ofrecía su mejor versión. Modric seguía haciendo de Maradona de vez en cuando, pero Cristiano no estaba bien y James no desbordaba. Isco aparecía y desaparecía. El portero granadino volvió a robar la victoria a Benzema con una parada asombrosa en el minuto 56. Tres minutos después el árbitro se interpuso entre Modric y la pelota en medio campo y el rápido contraataque de los locales derivó en el empate de El Arabi. De nuevo el fantasma de Sevilla.

Desorden visitante

A la igualada le sucedió el desorden, las imprecisiones, la amarilla de Ramos y una sensación de desconcierto general. El Madrid perdió el control del partido y el balón. El equipo necesitaba un cambio para una victoria imprescindible: no se veía reacción, le faltaba media hora para reengancharse al sueño de la Liga y el equipo había vuelto a enredarse.

Hubo un gol justamente anulado a Al Arabi, Navas tuvo que volver a aparecer, era un buen partido y la afición local estaba maravillada. Jesé había entrado por James, pero tampoco desbordaba, y Kovacic sentó a Isco. El Madrid lo estaba pasando mal. Y entonces Modric se vistió definitivamente de Maradona en el 84 y mandó un disparo fuerte y calculado a la escadra desde la frontal del área. Celebró como un líder un gol absolutamente fundamental para la autoestima de su equipo.

El tanto les sentó igual de bien que el primero a los blancos, pero el Granada, aun tocado físicamente, siguió molestando hasta final, ante un respetable entregado, cuajando un partido muy meritorio en el que el Madrid fue de más a menos y con cuyo resultado puede estar definitivamente satisfecho. Sólo la lesión de Marcelo en el 90 enturbiaría su alegría por agarrarse a la Liga.