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Antes de poner los pies en Jeju, la isla más grande de Corea del Sur, uno ya sabe que está a punto de aterrizar en un lugar diferente; fascinante. Porque solo tiene que mirar al otro lado de la ventanilla, aún desde en el avión, para sorprenderse con su exuberante naturaleza regada de cascadas que se precipitan al océano, imponentes volcanes, campos de lava solidificada y paisajes de ensueño.

Estampas que vaticinan un viaje extraordinario en el que entenderemos, sin ningún tipo de duda, por qué se trata de una de las 7 Maravillas del Mundo.

Pero, para aclarar todavía mejor qué convierte en especial este recóndito destino, situémonos: Jeju se halla en el extremo sur del país, rodeada por las aguas del mar de China Oriental y dominada por el espectacular monte Hallasan, el pico más alto del territorio surcoreano. Hallarse separada del continente, le otorga un carácter aislado y singular que queda plasmado, además, en sus tradiciones. ¿Descubrimos sus encantos?

Las estatuas típicas de Jeju que representan a los ancianos.

Las estatuas típicas de Jeju que representan a los ancianos. iStock

Comenzar a explorar la isla con una caminata a la cima del cráter de Seongsan Ilchulbong, volcán surgido de las entrañas del fondo marino hace más de cinco mil años, no es un mal plan. Indudable icono de Jeju, alcanzar su parte más alta implica el reto de subir 600 peldaños, algo bastante popular entre visitantes y locales, sobre todo, a primera hora de la mañana: disfrutar de un amanecer desde el denominado "Pico del Sol Naciente", es una experiencia para recordar.

Las buceadoras tradicionales de marisco en la isla de Jeju.

Las buceadoras tradicionales de marisco en la isla de Jeju.

Las buceadoras de Jeju

Una vez empapados de belleza, descubriremos que los atractivos de Jeju abarcan desde los paisajes visibles desde las alturas del cráter al silencio del fondo marino: en las playas que rodean al volcán es común toparse con inesperadas escenas protagonizadas por alguna que otra haenyeo, buceadoras tradicionales de Jeju que descienden sin oxígeno para recolectar mariscos, perpetuando así una práctica transmitida de generación en generación desde el siglo XVII.

Con la sola ayuda de sus pulmones, estas mujeres pasan horas en el mar capturando moluscos, crustáceos y algas que después son servidos en restaurantes o, incluso, en improvisados puestos callejeros: toparse con uno de ellos es de lo más habitual, y brindará una oportunidad única de degustar las delicias marinas más frescas.

El hecho de que cada vez sean menos las mujeres que se animan —porque siempre son mujeres— a seguir adelante con este oficio tan antiguo y duro, le aporta aún más valor, así que admirarlas en la distancia resulta de lo más interesante.

Viaje al centro de la Tierra

Continuando con los orígenes volcánicos de la isla, que se revelan ante el viajero a cada paso, hay algo que queda claro: Jeju no escatima en tesoros naturales. Y para muestra, otro botón: Manjanggul, unas laberínticas cuevas de lava que, con 7 kilómetros de extensión, conforman el tubo volcánico más grande del mundo —aunque solo una pequeña parte está abierta al público—.

Admirar las infinitas formaciones creadas en la lava es como leer la historia geológica del planeta, algo que también sucede un poco más al norte, en Geomunoreum, donde el sistema de tubos volcánicos se siente como un viaje al centro de la Tierra.

Sin embargo, los paisajes moldeados por la actividad volcánica en Jeju son tan diversos, que también en el exterior se puede disfrutar de su espectacularidad. ¿Por ejemplo? Acercándonos hasta los acantilados de Jungmun Daepo, rodeados de miles de columnas basálticas de formas hexagonales surgidas del contacto del magma de los volcanes con las frías aguas del océano.

Cascadas directas al mar en la isla surcoreana de Jeju.

Cascadas directas al mar en la isla surcoreana de Jeju. iStock

Muy cerca se halla la cascada de Jeongbang, cuya belleza radica en que va a caer directamente al mar. Según una leyenda, en sus aguas habitaba un dragón cuyo espíritu sigue aún presente, por eso tienen propiedades curativas.

En el sur es menester deleitarnos con la cascada de Cheonjiyeon, de 22 metros de altura y 12 de ancho. Llegar al mirador desde el que se obtienen las mejores vistas supone un agradable paseo rodeado de exuberante vegetación.

Y mientras, por aquí y por allá, al tiempo que exploramos y recorremos el territorio isleño, nos topamos con unas figuras de lo más singulares que llaman nuestra atención. Son los famosos dolharubang, esculturas hechas en piedra volcánica que representan a los ancianos de Jeju. En el pasado solían colocarse en las entradas de las aldeas otorgándoles un papel de deidades guardianas. Hoy, no hay viajero que no disfrute fotografiándose junto a ellas.

El lago que contiene el elixir de la vida en la isla de Jeju, Corea del Sur.

El lago que contiene el elixir de la vida en la isla de Jeju, Corea del Sur. iStock

Para acabar el periplo surcoreano, hay una excursión que todo amante de la naturaleza incluye en su lista: una de las múltiples rutas que forman parte del Jeju Olle Trail, compuesto por nada menos que 426 kilómetros de sendas.

La más popular es la que lleva hasta la cima del volcán Hallasan entre increíbles bosques de abetos coreanos, una zona declarada Parque Nacional. Ubicada en el mismo centro de la isla, cumplir la gesta supone toda una jornada, aunque la recompensa bien vale la pena. Según cuentan los lugareños, el hermoso lago escondido en su cráter posee el elixir de la larga vida.

¿Una recomendación más? Sin duda: tomar el ferri que conecta Jeju con la pequeña isla de Udo, a solo 3,5 kilómetros de distancia, y alquilar una bicicleta. Media jornada bastará para disfrutar de un agradable paseo a dos ruedas recorriendo fascinantes playas de arena volcánica bañadas por aguas paradisíacas, aldeas tradicionales y mucho arte.

A cada paso, esculturas de todo tipo —como la dedicada a las haenyeo— decoran sus calles y rincones en homenaje a las tradiciones de la isla.