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España está repleta de lugares que parecen hechos para desconectar y hacerte viajar incluso al Caribe sin salir del país. Sitios donde el mar marca el ritmo, el paisaje cambia en cada rincón y en los que el tiempo parece avanzar más despacio. Lugares en los que el olor a la sal del mar y el sonido de las olas lo envuelven todo.

Uno de esos paraísos cerca del mar y perfectos para una escapada muy diferente es la Illa de Arousa, una pequeña isla gallega que combina playas de arena blanca, pinares junto al mar y algunos de los paisajes más espectaculares de las Rías Baixas. Un destino perfecto para hacer una escapada tranquila entre naturaleza, buena gastronomía y mar.

Llegar a la Illa de Arousa ya forma parte de la experiencia. Y es que, desde 1985, la isla está unida al continente por un largo puente sobre la ría que cambió por completo la vida de sus habitantes.

Puente iluminado de la Illa de Arousa al anochecer.

Puente iluminado de la Illa de Arousa al anochecer.

Antes de su construcción, solo se podía acceder en barco, algo que hacía que la isla mantuviera un carácter mucho más aislado.

Hoy, cruzar esos más de dos kilómetros rodeados de bateas y aguas sigue siendo una de las imágenes y experiencias más especiales del viaje.

El Caribe gallego

Uno de los grandes atractivos de la isla son sus playas. A pesar de su pequeño tamaño, cuenta con decenas de arenales repartidos por todo el litoral, muchos de ellos rodeados de naturaleza y aguas especialmente tranquilas.

Entre las más conocidas está la playa de Area da Secada, perfecta para pasar el día gracias a su arena blanca y sus aguas calmadas. También destaca la playa de O Vao, situada muy cerca del puente y famosa por las vistas que ofrece de la ría y de la propia estructura.

Barco pesquero en aguas turquesas de Illa de Arousa.

Barco pesquero en aguas turquesas de Illa de Arousa.

Pero si hay una playa que sorprende especialmente es la de Sualaxe, donde el agua adquiere tonos turquesa que recuerdan a destinos mucho más lejanos. Un paisaje que ha llevado a muchos a definir esta zona como el "Caribe gallego".

Dentro del Parque Natural de Carreirón también aparecen pequeñas playas y calas mucho más tranquilas, rodeadas de pinares y accesibles únicamente caminando o en bicicleta.

El Parque Natural de Carreirón

En el extremo sur de la isla se encuentra uno de los espacios naturales más importantes de la zona: el Parque Natural de Carreirón.

Este entorno protegido mezcla dunas, lagunas, senderos y bosques junto al mar, convirtiéndose en un auténtico refugio para aves migratorias y fauna local.

Vista aérea del Parque Natural de Carreirón, en la Illa de Arousa.

Vista aérea del Parque Natural de Carreirón, en la Illa de Arousa.

La mejor forma de descubrirlo es caminando. Existen varias rutas sencillas que recorren el parque bordeando la costa y atravesando zonas prácticamente vírgenes donde el paisaje cambia constantemente.

Es uno de esos lugares en los que apetece ponerse a caminar sin mirar el reloj.

Un atardecer único

Más allá de sus playas, la Illa de Arousa también sorprende por sus miradores. Uno de los más conocidos es el de O Con do Forno, donde se obtienen unas vistas espectaculares de la ría y de buena parte de la isla.

Otro lugar imprescindible es punta Cabalo, una pequeña zona rocosa rodeada de pinos donde se encuentra uno de los rincones más fotografiados de la isla.

Al atardecer, este punto se transforma por completo. El sol cae sobre el Atlántico mientras el cielo se llena de tonos anaranjados y dorados, creando una imagen difícil de olvidar.

La bici, el mejor transporte por la isla

Gracias a sus dimensiones, la Illa de Arousa es ideal para descubrirla en bicicleta. Muchos caminos atraviesan pinares, bordean playas o conectan distintos miradores sin apenas desnivel.

También existe una ruta circular muy tranquila que permite recorrer buena parte del litoral y disfrutar del ambiente marinero de la isla, pasando junto a pequeños puertos, chiringuitos y embarcaderos

Pulpo a la arousana.

Pulpo a la arousana.

La experiencia no estaría completa sin probar la gastronomía local. Aquí el marisco y el pescado llegan prácticamente directos del mar a la mesa, convirtiéndose en los grandes protagonistas de muchos restaurantes.

Uno de los platos más típicos es el llamado pulpo á illa o pulpo a la arousana, preparado con patatas y ajada. También destacan las almejas, mejillones y otros moluscos acompañados, casi siempre, de un buen vino Albariño.

Comer frente a la ría mientras las bateas flotan sobre el agua es uno de esos pequeños planes que hacen especial cualquier escapada a Galicia.