Imagen de archivo de un agricultor trabajando.

Imagen de archivo de un agricultor trabajando. iStock

Sociedad

Un agricultor en España: "Vendemos las producciones por debajo de los costes y hace inviable seguir produciendo"

Ramón García es un agricultor de 62 años afincado en Carmona (Sevilla) que demanda la gran presión que ejercen las importaciones sobre su sector.

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Ramón García, un agricultor de Carmona con cuatro décadas de experiencia, advierte que la baja rentabilidad pone en riesgo la viabilidad de las explotaciones agrarias en España.

Los productores denuncian que se ven obligados a vender por debajo de sus costes debido al alza en los precios de los insumos y a la presión de la competencia exterior.

La falta de ingresos garantizados, el exceso de burocracia y la incertidumbre climática están dificultando el relevo generacional y la llegada de jóvenes al sector.

A pesar de que las exportaciones agroalimentarias españolas superan los 70.000 millones de euros, los agricultores consideran que las ayudas de la PAC resultan insuficientes.

La agricultura española atraviesa una paradoja: pese a su peso económico y a su papel como potencia agroalimentaria europea, miles de explotaciones afrontan dificultades para mantener su rentabilidad.

El encarecimiento de los insumos, los precios de venta y la incertidumbre meteorológica dibujan un escenario complicado para los profesionales del campo, especialmente para las pequeñas y medianas explotaciones.

Ramón García Martín, agricultor de 62 años dedicado al cultivo de cereal de secano en Carmona (Sevilla), conoce de primera mano esta realidad. Lleva cuatro décadas trabajando como autónomo en un negocio familiar que ha pasado de generación en generación.

Sin embargo, advierte de que las condiciones económicas han empeorado progresivamente y que producir ya no garantiza obtener beneficios. "Los cerealistas españoles estamos desprotegidos", lamenta el agricultor a EL ESPAÑOL.

A su juicio, la competencia de las importaciones, los costes de producción y la falta de controles suficientes sobre las mercancías que llegan de terceros países están poniendo en peligro la continuidad de muchas explotaciones.

Los problemas del campo en España

La rentabilidad es una de las principales preocupaciones de Ramón. "Desde hace 15 o 20 años la rentabilidad ha ido bajando: ayudas para la baja, precios de nuestros productos congelados o incluso por debajo de hace años y, por si fuera poco, los gastos, insumos cada vez más altos", explica.

Semillas, fertilizantes, fitosanitarios, maquinaria, gasóleo y repuestos forman parte de una factura que no deja de presionar a los productores. A ello se suma la dificultad de trasladar esas subidas al precio final de venta, lo que reduce el margen económico de las explotaciones.

En el caso de los cereales, Ramón señala directamente a la competencia exterior. Según sostiene, las mercancías procedentes de otros países llegan con costes de producción inferiores y pueden presionar a la baja los precios del mercado español.

"Todo esto provoca que vendamos nuestras producciones por debajo de costes, lo que hace inviable seguir produciendo en estas circunstancias", afirma.

La dependencia de la climatología agrava todavía más el problema. Las lluvias, las temperaturas y las sequías condicionan los rendimientos de cada campaña, de modo que los agricultores deben afrontar inversiones importantes sin tener asegurado el resultado de la cosecha.

A las dificultades económicas se suman las obligaciones administrativas. Ramón considera que la burocracia añade gastos y resta tiempo a los profesionales, que en muchos casos necesitan recurrir a gestores, cooperativas u organizaciones agrarias para completar los trámites.

La falta de rentabilidad también dificulta la incorporación de jóvenes. Acceder a la tierra exige una inversión que muchos no pueden asumir, especialmente cuando los ingresos son inciertos y modernizar una explotación requiere desembolsos adicionales.

"Con estos ingredientes y, aunque tenga madera de empresario, lo lógico es que busque otro negocio o trabajo", reflexiona el agricultor.

La situación contrasta con las grandes cifras del sector agroalimentario. España dispone de unos 23,8 millones de hectáreas de superficie agraria útil y sus exportaciones agroalimentarias superan los 70.000 millones de euros anuales.

Sin embargo, estos datos globales no reflejan por sí solos la situación económica de cada explotación.

Las ayudas públicas, incluidas las de la Política Agraria Común (PAC), contribuyen a sostener numerosas actividades, aunque Ramón considera que resultan insuficientes para garantizar una vida tranquila y mantener la inversión necesaria.

"Si recibo ayudas, pero insuficientes", resume.

Tras cuatro décadas en el campo, su diagnóstico sobre el futuro es pesimista: "A día de hoy, el futuro del sector tiene muy mala pinta. No se atisba ningún cambio a corto plazo".