Imagen de archivos de agricultores trabajando.

Imagen de archivos de agricultores trabajando. EP

Sociedad

Un agricultor, crítico con el Gobierno de Pedro Sánchez: "No se preocupan por nosotros, solo reparten dinero de Bruselas"

El agricultor cerealista Marcos Garcés cargó contra la política agraria que tiene España y la manera que perjudica a los trabajadores del campo.

Más información: Ramón, agricultor con 40 años de experiencia: "El mercado busca lo barato y no podemos competir. El futuro pinta mal"

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Marcos Garcés, agricultor de Bañón (Teruel), gestiona una explotación familiar de cereales, forrajes, leguminosas y porcino.

Denuncia las duras condiciones laborales del sector, con jornadas de hasta 19 horas continuas durante las campañas de cosecha.

Critica la gestión del Gobierno asegurando que España carece de política agraria propia y solo se limita a repartir dinero de Bruselas.

Alerta de que la clase media de la agricultura está desapareciendo debido a la falta de relevo generacional y las altas inversiones iniciales.

Marcos Garcés Lizama es agricultor y ganadero en Bañón, un municipio de la provincia de Teruel. Pertenece a una familia vinculada al campo desde hace generaciones y, aunque asegura que llega toda su vida ligado a la actividad, fue a partir de 2010 cuando se incorporó de forma profesional.

Hoy gestiona una explotación de cereales, forrajes y leguminosas, con parte de la superficie en ecológico y otra en convencional, además de varias granjas de porcino.

Su relación en el campo viene de familia: "Soy hijo de agricultores, nieto de agricultores, bisnieto de agricultores, o sea, de generaciones de agricultores. Lo he mamado desde pequeño, soy el mayor de tres hermanos... me ha gustado y lo he continuado", explica.

Pero dedicarse a la agricultura implica asumir unas condiciones laborales difíciles: "Es una cosa muy vocacional... la agricultura entiende menos de horarios. Te puedes intentar organizar, pero depende del clima y con los animales no tienen una llave para poder apagarlos".

Durante las campañas más intensas, las jornadas pueden prolongarse durante semanas. "Cuando cosechamos, me voy de casa a las 7 de la mañana y a lo que vuelvo son las 2 de la mañana y he comido en la máquina. Eso lo haces durante 40 días sin sábado ni domingos", asegura.

Las dificultades del campo

A la dureza del trabajo se suma la incertidumbre económica. Marcos explica que detrás de una explotación como la suya hay inversiones de entre dos y tres millones de euros, mientras que los precios y el clima pueden cambiar completamente las previsiones.

Una helada en mayo, por ejemplo, llegó a destruir una cosecha de trigo que parecía prometedora.

El agricultor también reclama una mayor atención de las administraciones. Reconoce que recibe ayudas de la Política Agraria Común y para modernizar la explotación, pero considera insuficiente la estrategia nacional.

Su crítica es contundente: "Lo que siento es un desamparo de política agraria. España no tiene una política agraria, se dedica a repartir fondos que vienen de Europa... no tiene como país una política y una estrategia agrícola".

"No se preocupa por los agricultores y el futuro, reparte dinero de Bruselas y listo", reivindicaba Marcos.

Para el agricultor, esta falta de estrategia se suma al problema del relevo generacional. "Es imposible acceder a la tierra si no la tienes", añade. "Tienes que hacer muchísima inversión con una amortización muy lenta".

Además, vivir en un pueblo implica dificultades para encontrar servicios y oportunidades laborales para las familias.

El futuro tampoco le genera demasiado optimismo: "Lo veo fastidiado entre fondos de inversión, clima y precios. La clase media de la agricultura está desapareciendo".

A su juicio, atraer jóvenes exige facilitar la financiación, reducir los costes de acceso a tierras y maquinaria y mejorar los servicios rurales. "Habría que enseñar lo que hacemos y educar sobre el medio rural en los colegios", concluye.