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Sociedad

China tiende la mano a la UE: 50 años de globalización acaban en tregua para frenar la guerra comercial

El gigante asiático ha recalcado su deseo de reforzar la comunicación con la UE en medio de las tensiones comerciales.

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Las claves

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China y la Unión Europea han firmado una Declaración Conjunta, la primera desde 2019, para frenar la escalada de tensiones comerciales.

El acuerdo activa un mecanismo de consultas hasta octubre de 2026 para abordar desequilibrios comerciales, inversiones y controles de exportación.

El déficit comercial de la UE con China supera los 360.000 millones de euros anuales, impulsado por el aumento de importaciones y barreras de acceso al mercado chino.

Ambas partes buscan cooperar y mantener abiertos los canales de comunicación para gestionar diferencias sobre comercio, tecnología y sanciones.

China se abre paso a negociar con la Unión Europea en un escenario de máxima tensión. Después de años de distanciamiento y un déficit comercial europeo que ya supera los 360.000 millones de euros anuales, el reciente encuentro entre ambas partes culminó en la firma de una Declaración Conjunta, la primera desde 2019.

Lo cierto es que este acuerdo no solo activa un mecanismo de consultas clave hasta octubre de 2026 para abordar el equilibrio de inversiones y los controles de exportación, sino que muestra un intento de ambas potencias en frenar una guerra arancelaria.

Por ello, el gigante asiático recalcó la necesidad de cooperación mutua y de gestionar las diferencias comerciales por un camino constructivo, buscando así reducir unas tensiones marcadas por diferencias sobre la guerra de Ucrania, investigaciones comerciales recíprocas y las sanciones impuestas por Bruselas a empresas chinas por su presunta colaboración con Rusia.

¿De dónde viene la tensión comercial?

El histórico acuerdo entre China y la Unión Europea, fue llevado a cabo en Bruselas en una reunión entre el ministro chino de Comercio, Wang Wentao, y el comisario europeo de Comercio, Maros Sefcovic, sin embargo, antes de ello es importante entender el pulso comercial entre ambas potencias.

El primer punto de tensión son las importaciones. Por su parte, Bruselas ve complicado mantener una relación comercial con el país asiático cuando estas han aumentado un 45% en los últimos años y han contribuido al déficit comercial de 360.000 millones de euros anuales, una cifra vinculada a subvenciones, exceso de capacidad industrial y barreras de acceso al mercado chino.

Por otro lado, China acude a este encuentro con un marco legal reforzado para proteger sus cadenas industriales frente a presiones externas.

Así, su Ministerio de Comercio implementó reglamentos detallados para responder a sanciones o restricciones internacionales, permitiendo la adopción de contramedidas como limitaciones al comercio de bienes, tecnología o servicios, imposición de tasas especiales y sanciones a entidades o individuos.

Además de esto, el gigante asiático posee una posición dominante global al concentrar el 60% de la producción y el 90% del procesamiento de tierras raras. Estas son claves para el desarrollo de vehículos eléctricos, energías renovables y semiconductores.

En vista de que Europa depende de China para obtener el 98% de estos materiales, busca acelerar estos planes para conseguir reducir su vulnerabilidad en este ámbito antes del 2030.

Por otro lado, la tensión tecnológica se extiende a la inteligencia artificial (IA), en vista de que la Unión Europea se sumó a Pax Silica, una iniciativa impulsada por Estados Unidos.

Dicha iniciativa busca reforzar cadenas de suministro de la IA, incluyendo semiconductores, minerales críticos y energía, que se encuentran en plena competencia con China.

No obstante, China busca cambiar la narrativa y mostrar su capacidad industrial como una fuente de productos baratos para la transición verde y modernización.

La idea de esto es despejar el temor de que llegase a Occidente una importante oleada de exportaciones chinas, como ya ha ocurrido, y acabase ahogando a los productores y trabajadores europeos.

Así, Europa mantiene una posición defensiva frente a China y exige más instrumentos y mayor firmeza para contrarrestar las prácticas comerciales de Pekín, ya que consideran que pierden competitividad ante el flujo de bienes subsidiados en sectores como el automotriz y el tecnológico.

¿En qué consistió el acuerdo?

El comisario europeo de Comercio, Maros Sefcovic, comunicó que en su reunión con su homólogo chino, Wang Wentao, discutieron acerca de importaciones y exportaciones, inversiones y desequilibrios en el mercado.

Por otro lado, ambas partes han quedado en mantener los canales de comunicación abiertos hasta el mes de octubre de 2026 cuando volverán a reunirse, para gestionar de forma constructiva sus diferencias.

Por su parte, el portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores de China, Guo Jiakun, recalcó que la relación entre Pekín y Bruselas debe basarse en el beneficio mutuo, el respeto y la reciprocidad, asegurando que son "socios, no rivales", y que los problemas que afronta la UE no provienen de China.

Además, el acuerdo dio inicio formal a las Consultas sobre Comercio e Inversión, enfocadas en soluciones prácticas en cuanto a ejes prioritarios: el equilibrio del comercio y la inversión, los controles a la exportación, la propiedad intelectual y la reforma de la Organización Mundial del Comercio (OMC).

Así, el avance se consolidó con la firma de una Declaración Conjunta y la creación de un mecanismo para intercambiar datos, mejorar la transparencia y mitigar fricciones en un contexto donde el déficit comercial de la UE con China supera los 360.000 millones de euros anuales.