El primer ministro sueco, Ulf Kristersson.

El primer ministro sueco, Ulf Kristersson. Europa Press

Sociedad

Suecia cambia de estrategia en la educación y marca el camino: 100 M€ para sustituir pantallas por libros en los colegios

El Gobierno sueco ha puesto en marcha una iniciativa para reducir el uso de pantallas en las aulas y volver a los libros.

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Las claves

Las claves

Suecia invertirá más de 100 millones de euros para reintroducir libros impresos en todas las aulas y limitar el uso de pantallas.

La decisión responde a la caída en la comprensión lectora y problemas de atención detectados tras años de digitalización escolar.

Cada alumno tendrá su propio libro de texto por asignatura y las escuelas reforzarán sus bibliotecas y personal especializado.

El uso de tecnología no se elimina, pero se restringirá a actividades concretas, priorizando métodos analógicos en infantil y primaria.

Suecia ha dado un giro inesperado en su política educativa, apostando nuevamente por los libros impresos tras más de una década de digitalización intensa en las aulas.

Entre 2000 y 2010, la mayoría de los centros escolares suecos sustituyeron los libros de texto por tablets, portátiles y pizarras digitales, con la intención de preparar a los estudiantes para un mundo cada vez más tecnológico.

Sin embargo, a medio plazo, esta estrategia mostró efectos inesperados: la comprensión lectora de los alumnos comenzó a caer y surgieron problemas de atención, retención de información y hasta salud visual debido al uso prolongado de pantallas.

Frente a esta situación, el Gobierno sueco tomó la decisión de invertir más de 100 millones de euros entre 2022 y 2026 para reintroducir los libros impresos en todas las aulas.

Eso sí, la medida no supone eliminar la tecnología por completo: tablets y ordenadores seguirán estando disponibles, pero su uso se limitará a actividades concretas, y se priorizará la lectura y escritura tradicionales, especialmente en infantil y primaria.

Así, cada alumno tendrá su propio libro de texto por asignatura, y se reforzarán las bibliotecas escolares con fondos de ficción y no ficción, así como con personal especializado.

El cambio también incluye escuelas sin móviles, en las que los dispositivos personales se recogen durante la jornada escolar para minimizar distracciones.

Además, las evaluaciones nacionales de primaria dejarán de ser digitales, y los métodos de enseñanza se centrarán en actividades analógicas para desarrollar habilidades como lectura, escritura y matemáticas.

Estas decisiones se basan en investigaciones que muestran que la lectura en papel facilita la comprensión profunda y la retención de información, algo que las pantallas no siempre logran, especialmente entre los alumnos más jóvenes.

El coste de esta transición no ha sido pequeño. Según cifras del Ministerio de Educación, Suecia ha destinado más de 1.130 millones de coronas (cerca de 100 millones de euros) para revertir parcialmente la digitalización de las aulas.

Este gasto representó un aumento de alrededor de 5.000 coronas por alumno en 2022, evidenciando que equilibrar tecnología y métodos tradicionales puede ser caro, pero necesario para garantizar resultados educativos sólidos.

En el caso de España, aunque las aulas también han vivido un auge en la digitalización con miles de millones de euros invertidos en pizarras digitales, tabletas y plataformas educativas, la tendencia es similar a la sueca.

De ese modo, varias comunidades, como Madrid, Galicia o Castilla-La Mancha, han limitado el tiempo de pantalla en infantil y primaria, priorizando libros y escritura a mano.

No obstante, el enfoque español sigue siendo parcial y descentralizado, mientras que Suecia implementa un plan nacional coordinado, garantizando acceso uniforme a materiales físicos y apoyos educativos en todo el país.