Eva Alcalá.

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Sociedad

Eva Alcalá, joven católica de 24 años: "Para mí la Misa no es una segunda opción, si tengo que cancelar planes, lo hago"

Eva demuestra que ser católica no es solo una creencia, sino un estilo de vida coherente que comparte con naturalidad en redes.

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Las claves

Eva Alcalá, joven católica de 24 años, comparte en redes sociales cómo vive su fe de forma pública, coherente y comprometida.

Prioriza la Misa dominical sobre cualquier otro plan y organiza su semana para dedicar el domingo al descanso, la familia y su religión.

Evita consumir contenidos explícitos en libros, series y música, y cuida su lenguaje para no ofender su fe ni participar en bromas irrespetuosas.

Defiende que su ejemplo es la mejor manera de transmitir el Evangelio, sin imponer su visión a los demás.

Aunque muchos creían que la religión había quedado atrás, relegada a generaciones anteriores, el catolicismo está encontrando nuevas formas de hacerse visible entre los jóvenes.

Instagram, TikTok y otras redes se han llenado de testimonios, reflexiones y rutinas marcadas por la fe, mostrando que lo espiritual también puede formar parte de la vida diaria.

Entre esos perfiles que desafían la idea de una juventud desvinculada de lo religioso destaca Eva Alcalá, de 24 años, cuya vida cotidiana refleja una vivencia consciente, pública y comprometida del catolicismo.

Un estilo de vida

En un vídeo publicado en TikTok, Eva repasa con claridad y convicción aquellas prácticas que, como católica, ha decidido no seguir.

"Estas son las cosas que no hago como católica. Punto uno: no leo libros ni veo películas o series que tengan escenas explícitas, porque no me apetece verlas. Creo firmemente en la santidad de la unión entre hombre y mujer y detesto ver cómo algo sagrado se desvirtúa tanto", señala.

Además, puntualiza que se refiere a "escenas que son explícitas de verdad, no solo las que son como sugerentes".

Y su coherencia no se queda ahí; también se extiende a otros ámbitos culturales. "Y con la música sería igual", afirma, dejando claro que su criterio no es puntual, sino transversal.

Otro pilar fundamental de su vida es la Misa. Para Eva, no se trata solo de una rutina: cada domingo organiza su día alrededor de la celebración.

"Punto dos: no antepongo nada a la Misa. Si tengo que cambiar planes o cancelarlos con tal de poder ir a misa, lo hago sin problema", explica.

Para Eva, la Misa no es solo un compromiso; es la piedra angular de su vida: "La Misa para mí no es una segunda opción, es un regalo del cielo y es el pilar de mi vida, así que mientras yo pueda caminar, iré a Misa".

La planificación de su semana también pasa por los estudios. "Punto tres: no estudio los domingos", explica Eva, consciente de que organizarse es clave para vivir según su fe.

Para ella, este día tiene un significado especial: "El domingo para mí es día de descanso, día del Señor y de estar con la familia, así que siempre me organizo la semana para dejar el domingo libre".

El cuidado del lenguaje es otro aspecto fundamental de su fe. "Punto cuatro: no uso expresiones populares que se suelen decir en el día a día, que desvirtúan nuestra fe, ni por supuesto me río de comentarios o de chistes que ofenden a Dios".

Cuando alguna situación lo exige, Eva interviene con sencillez: "Simplemente he dicho: 'Oye, eso mejor que no lo digas o mejor no sigas por ahí', y ya está"

Aunque admite que "eso incomoda mucho a la gente a mi alrededor", lo hace convencida de que forma parte de su responsabilidad personal.

Esa misma disciplina y constancia se refleja en su relación con la oración, que marca el inicio y el final de sus días. "Punto cinco: no salgo de la cama sin antes hacer la primera oración del día".

Del mismo modo, señala que "tampoco me voy a dormir sin encomendarme a Jesús, a la Virgen y a San José".

Pese a la firmeza de sus convicciones, Eva subraya que no busca imponerse. "Punto seis: no doy lecciones de fe ni de moral a las personas que hacen las cosas diferentes a mí".

Para ella, "el Evangelio se propaga con el ejemplo y no tanto con la palabra" y reconoce que, a veces, expresar ciertas opiniones "puede parecer un rechazo y en esas situaciones es mejor abstenerse y mostrar cómo lo harías tú".

Con estas palabras, Eva resume la naturalidad con la que vive su fe: firme, coherente y sin buscar imponerla, demostrando que la espiritualidad también puede ser un estilo de vida consciente, público y cercano, incluso en un entorno digital donde cada vez más jóvenes se animan a reivindicarla.