José, jubilado con más de 40 años cotizados.

José, jubilado con más de 40 años cotizados. YouTube (@ciudadano-medio)

Sociedad

José, jubilado con más de 40 años cotizados: “He trabajado toda mi vida para una pensión de menos de 1.000€ al mes”

El pensionista contó su situación, donde se ha visto obligado a compartir piso a sus 70 años tras "trabajar toda la vida".

Más información: Un jubilado con 30 años cotizados no tenía pensión de jubilación: "Recurrí para que me dieran una paga de 564 euros"

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Las claves

José, pensionista de 70 años con más de 40 años cotizados, recibe menos de 1.000 euros al mes de pensión.

Tras el fallecimiento de su esposa y casera, los herederos vendieron el piso donde vivía, dejándolo sin vivienda.

La pensión de José no le permite afrontar el alto coste de los alquileres, lo que lo llevó a recurrir a los servicios sociales y a compartir piso a su edad.

José denuncia la precariedad de los jubilados con largas carreras laborales, reclamando visibilidad y un final de vida digno, sin lujos pero con tranquilidad.

José es un pensionista con más de 40 años cotizados y se define como un trabajador cumplidor, normal y corriente. Sin embargo, a sus 70 años su vida se torció cuando su mujer, también su casera, falleció.

A pesar de haber sido un hombre que cumplió todas sus obligaciones fiscales, José se encontró sin una vivienda y sin un lugar a donde ir, ya que, con su pensión no podía afrontar un alquiler.

El jubilado contó su escalofriante testimonio a través del canal de YouTube, Ciudadano Medio, y relató cómo se vio forzado a recurrir a servicios sociales para salir de una posible situación de indigencia.

"No pedimos lujos"

José se presentó explicando que "durante más de 40 años me levanté cada mañana para ir a trabajar, no fui ningún gran ejecutivo, fui un trabajador normal de los que ficha a la entrada y a la salida y de los que pagan sus impuestos religiosamente".

Explicó que formaba parte de ese grupo de trabajadores que "esperaba un descanso digno" al llegar el momento de jubilarse. "Esa era la promesa, ¿verdad? Trabajas duro, contribuyes y luego el sistema te cuida, pero parece que la promesa tenía letra pequeña", recalcó.

Sus problemas comenzaron a aparecer cuando su esposa, que también era la casera del piso en el que llevaba viviendo de alquiler por 20 años, falleció. En ese momento "los herederos decidieron vender el piso".

A pesar de asegurar que entiende la intención de los herederos, lo cierto es que "me vi con 70 años teniendo que buscar una casa en un mercado inmobiliario que se ha vuelto loco, un mercado que no quiere gente como nosotros".

Relató que miró anuncios, llamó a inmobiliarias, y comentó que lo que en un principio para él fue esperanza se convirtió en "incredulidad y terror".

"Piso que veía, piso que costaba 700, 800 e incluso 900 euros al mes por un apartamento de una habitación", señaló José, "te piden fianzas, avales, miran tu pensión... mi pensión, señorías, no llega a los 1.000 euros", confesó.

Con esto, el jubilado no dudó en denunciar que "he trabajado toda mi vida para que me queden menos de 1.000 euros al mes, haced las cuentas, si pago 800 euros de alquiler, ¿con qué pago la luz?, ¿con qué pago el agua?, ¿con qué voy al supermercado?".

"Me sentí expulsado de mi propia ciudad, me sentí invisible", comentó con el corazón roto el pensionista. Agregó que cuando visitaba los pisos podía notar la negativa en la mirada de los propietarios y que "ya sabía la respuesta antes de que abrieran la boca".

José, jubilado con más de 40 años cotizados: “He trabajado toda mi vida para una pensión de menos de 1.000€ al mes”

El jubilado sentenció que él para los propietarios supone un problema, ya que "un viejo con una pensión justa es un riesgo para ellos". Así, expresó que sintió la humillación de convertirse en un estorbo para el sistema por su edad.

Cuando llegó la fecha de abandonar su piso, le entró el verdadero pánico, comenzó a imaginar su vida viviendo en la calle confesando que llegó a plantearse si "¿acaso no he hecho lo suficiente?".

Su caso no es aislado, comentó que en la televisión vio a más personas en su situación y que "cuando los vi, lloré, porque eran yo y decían esa frase que se me ha quedado grabada: o comes o pagas".

Una vez se quedó sin opciones y sin salida, comentó que solo le quedó la alternativa de acudir a los servicios sociales. "Allí me hablaron de programas de asociaciones que buscan soluciones habitacionales para mayores y me plantearon la posibilidad de compartir piso", relató.

Su primera sensación fue de "rechazo enorme", confesó, "compartir piso como si tuviera 20 años y fuese a la universidad", manifestó dando a entender esa sensación de rechazo.

"Me parecía indigno, sentía que estaba retrocediendo en la vida en lugar de avanzar hacia ese descanso", confesó. Señaló que el compartir piso a su edad, teniendo manías y estando acostumbrado a vivir solo, no ha sido lo mejor para él.

Además, comentó que tuvo roces con algunos compañeros, tuvo que deshacerse de muchas cosas como libros o muebles y que sentía haber perdido su intimidad.

No obstante, sí manifestó que "nos cuidamos entre nosotros porque no nos queda otra". Al final, explicó que, aunque poco ideal, "es una cara agridulce, pero real: ya no estoy solo".

Por último, quiso acabar su relato con una reflexión: "No estoy aquí para dar pena, no quiero vuestra lástima, estoy aquí para que se nos vea, para que se sepa que hay detrás de los números de la inflación y los precios de alquiler (...) No pedimos lujos, solo pedimos un final de vida tranquilo".