La ministra de Defensa, Margarita Robles, en una foto de archivo junto a miembros del Ejército.

La ministra de Defensa, Margarita Robles, en una foto de archivo junto a miembros del Ejército. EFE

Reportajes

Defensa activa unidades de guerra electrónica frente a la amenaza real de drones rusos sobre infraestructuras críticas

España ha trasladado a sus aliados de la OTAN como acción de "guerra híbrida" la incursión de un dron sobre el aeropuerto de Málaga.

Más información: La flota de drones que surca España y cierra aeropuertos: Defensa teme que sean rusos, como el que atacó Rumanía

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El Ministerio de Defensa ha activado unidades de guerra electrónica para rastrear los drones no identificados que, desde hace más de un año, están llevando a cabo incursiones hostiles de sondeo sobre infraestructuras estratégicas españolas en una sucesión de perturbaciones consideradas por Madrid como amenazas propias de la llamada "guerra híbrida".

La Comisión Europea incluye expresamente entre esas amenazas los sobrevuelos hostiles, las violaciones del espacio aéreo, las disrupciones de aeropuertos y los riesgos para infraestructuras críticas mediante UAS (sistema de aeronave no tripulada, de acuerdo con el acrónimo anglosajón).

Aunque el origen de los drones se considera muy probablemente ruso, a lo largo del año se han evaluado también otras hipótesis, especialmente en el contexto de las fuertes tensiones diplomáticas que el Gobierno de Pedro Sánchez ha avivado con otros estados.

Tal y como dio a conocer el equipo de investigación de EL ESPAÑOL en una serie exclusiva de reportajes publicada el pasado mes de junio, durante los últimos meses se han registrado varios vuelos de UAS sobre aeropuertos españoles, plataformas petrolíferas, centrales nucleares y gasoductos.

No hablamos de los cientos de episodios casi cotidianos de avistamientos de drones recreativos o de pequeñas aeronaves comerciales que vulneran por imprudencia una zona restringida, sino de grandes aparatos de ala fija que atraviesan con rapidez los perímetros vigilados y aparecen sobre instalaciones cuya función es crítica para el país.

La orden impartida a las unidades españolas de guerra electrónica es detectarlos y rastrearlos. Es decir, seguir los vuelos no identificados y obtener información que permita establecer su comportamiento y procedencia antes de adoptar otras medidas.

Incidente en Málaga

El último incidente grave de este tipo considerado por Defensa como acción de guerra híbrida se produjo el 23 de agosto en el aeropuerto de Málaga-Costa del Sol, cuando varias tripulaciones que realizaban la aproximación final a la pista 12 comunicaron de forma independiente la presencia de un dron en su trayectoria.

Los avisos comenzaron alrededor de las nueve de la noche. Tras los avisos de varias tripulaciones, se suspendieron las aproximaciones y Eurocontrol bloqueó temporalmente nuevas llegadas al aeropuerto.

Agentes del equipo PEGASO de la Guardia Civil durante un dispositivo de vigilancia y control de drones en un aeropuerto español. Uno de los agentes maneja un equipo portátil antidron, mientras otro vigila visualmente el aparato.

Agentes del equipo PEGASO de la Guardia Civil durante un dispositivo de vigilancia y control de drones en un aeropuerto español. Uno de los agentes maneja un equipo portátil antidron, mientras otro vigila visualmente el aparato. Guardia Civil

Los aviones que ya se dirigían hacia Málaga fueron enviados inicialmente a esperas mientras los controladores trataban de mantener despejada la zona en la que había sido observado el aparato.

La situación se prolongó durante más de 50 minutos. A medida que aumentaban los tiempos de espera y disminuía el margen de combustible de los vuelos entrantes, comenzaron los desvíos.

Ocho aeronaves terminaron aterrizando fuera de Málaga: siete en Sevilla y una en Alicante. Las llegadas sólo comenzaron a recuperarse cuando dejaron de producirse nuevas notificaciones sobre la presencia del dron.

El aparato desapareció sin que trascendieran su modelo y procedencia. Tampoco se hizo pública ninguna detención relacionada con el vuelo ni la localización del punto desde el que había sido detectado.

'Eagle Eye'

Sin embargo, funcionarios del Gobierno han asegurado a EL ESPAÑOL que el Ministerio de Defensa ha trasladado un informe de lo sucedido a los responsables de Defensa de la Alianza Atlántica, donde el episodio ha sido descrito como una acción de “guerra híbrida” de perturbación y sondeo.

Aunque tampoco se ha divulgado oficialmente qué órgano concreto de la OTAN recibió o analizó el informe de Madrid, es sabido que los días 18 y 19 de septiembre, los jefes de Defensa de los 32 países aliados se reunieron en Copenhague junto a los máximos comandantes estratégicos de la organización.

Dos días después del encuentro en Dinamarca comenzó en Málaga y el mar de Alborán la tercera activación de 2026 de Eagle Eye, el dispositivo con el que las Fuerzas Armadas integran medios aéreos, terrestres y navales en el sistema nacional de defensa aérea.

El despliegue puso seis F-18 del Ala 15 en alerta de reacción rápida desde la Base Aérea de Málaga, con capacidad para despegar en menos de 15 minutos ante una traza no identificada.

En Alborán operó la fragata Méndez Núñez, mientras radares militares y una unidad de defensa antiaérea completaban la vigilancia desde tierra.

Cuando se programó aquella activación, Defensa llevaba ya meses siguiendo otros vuelos no identificados sobre instalaciones estratégicas y reforzando la vigilancia del corredor formado por el Golfo de Cádiz, el Estrecho y Alborán.

Entre enero y febrero, cinco fragatas españolas habían ensayado allí defensa frente a vehículos no tripulados durante el ejercicio MAR-26. En junio y julio, unidades de la Armada desplegaron además en Alborán para vigilar cables submarinos y conducciones energéticas consideradas estratégicas.

Palma, Alicante y el norte de Europa

La investigación llevada a cabo por este periódico a principios de verano anticipó ya en junio que España llevaba varios meses apareciendo en el mapa europeo de las incursiones de drones que los servicios de inteligencia y los organismos especializados comenzaban a analizar en términos de espionaje, reconocimiento y guerra híbrida rusa.

El 19 de octubre de 2025, el aeropuerto de Palma de Mallorca tuvo que suspender temporalmente sus operaciones después de que varias tripulaciones alertaran de la presencia de un dron en las inmediaciones de las pistas.

Los aviones que llegaban a la isla fueron enviados a esperas y ocho vuelos acabaron desviados.

El suboficial Riley Orzechowski, destinado en el departamento de seguridad de la base naval de Rota, sostiene un sistema portátil antidron durante un ejercicio de protección de la instalación realizado el 9 de septiembre de 2026.

El suboficial Riley Orzechowski, destinado en el departamento de seguridad de la base naval de Rota, sostiene un sistema portátil antidron durante un ejercicio de protección de la instalación realizado el 9 de septiembre de 2026. Jett Morgan U.S. Navy

Ocho días después volvió a ocurrir en Alicante-Elche Miguel Hernández. La presencia de otro dron en las proximidades de la pista obligó a cerrar el aeropuerto durante casi dos horas.

Una decena de vuelos procedentes de distintas ciudades europeas tuvieron que ser desviados a Valencia, Murcia, Barcelona y Palma mientras las fuerzas de seguridad buscaban al responsable.

En ninguno de los dos casos el Gobierno explicó después públicamente qué había ocurrido realmente.

Sin embargo, EL ESPAÑOL pudo acreditar que Palma y Alicante no estaban siendo observados desde Europa como dos incidentes aislados.

ACLED, el observatorio internacional que monitoriza conflictos y violencia política, había incluido expresamente ambos episodios dentro de un paquete de veinte vuelos no autorizados de drones registrados en siete países de la Unión Europea.

Y los situaba en un contexto inequívoco: intensificación de las provocaciones aéreas rusas, actividades de vigilancia y guerra híbrida.

La secuencia había comenzado en el norte de Europa. El 22 de septiembre, Copenhague-Kastrup cerró casi cuatro horas tras detectar varios drones de gran tamaño y desvió unos 50 vuelos; Oslo suspendió también sus operaciones esa misma noche y los aparatos reaparecieron después sobre otros enclaves daneses.

Dinamarca calificó aquellos episodios como "ataques híbridos", mientras Francia, Alemania y Suecia enviaban personal, radares y sistemas Counter-UAS y la OTAN reforzaba la vigilancia en el Báltico.

Poco después, Múnich sufrió dos cierres consecutivos por drones. En el primero, 17 vuelos no despegaron, 15 llegadas fueron desviadas y unos 3.000 pasajeros resultaron afectados.

Los operadores tampoco fueron localizados. Palma y Alicante irrumpieron inmediatamente después en esa cronología.

'Gerbera'

Pero los aeropuertos eran sólo la parte visible del problema.

Fuentes del aparato de Seguridad Nacional confirmaron ya entonces a este periódico que la Armada y el Ejército habían reunido indicios de vuelos rasantes sobre instalaciones energéticas sensibles españolas.

Las cámaras de las propias instalaciones habían llegado a captar algunos de esos aparatos.

La lectura que hizo el servicio español de inteligencia apuntaba fundamentalmente a misiones de reconocimiento: obtener imágenes de perímetros, accesos, instalaciones auxiliares, rutinas de vigilancia, ángulos muertos y tiempos de respuesta.

Atendiendo a la información recabada por las autoridades españolas, se trata de drones grandes, pesados, de ala fija y equipados con cámara de vídeo, capaces de volar a muy baja cota sobre instalaciones estratégicas y atravesar con rapidez sus perímetros.

Ese perfil los acerca a familias de UAS concebidas para reconocimiento, vigilancia y obtención de imágenes sobre objetivos terrestres, entre ellas modelos rusos como los Orlan-10, Supercam S350 o Gerbera.

Las características de este último encajan con algunas de las especificaciones de los aparatos investigados en España: es un UAV ruso de ala fija, puede emplearse para reconocimiento o ataque, tiene un alcance declarado de hasta 600 kilómetros y se lanza mediante catapulta.

Catapulta de lanzamiento de un dron ruso de ala ancha, desde un buque de la flota del Kremlin.

Catapulta de lanzamiento de un dron ruso de ala ancha, desde un buque de la flota del Kremlin. Cedida

Escudo del REW 31

Los vuelos hostiles no han cesado en todo el año y nuevos drones han sido detectados recientemente sobre más infraestructuras. Lo que sí ha cambiado es la respuesta española.

El dispositivo que ha activado el Ministerio de Defensa se apoya en unidades REW del Ejército de Tierra, especializadas en guerra electrónica.

Una de sus principales referencias orgánicas es el Regimiento de Guerra Electrónica nº 31 (REW 31), asentado en el acuartelamiento Zarco del Valle de El Pardo y encuadrado en el Mando de Transmisiones (MATRANS).

El cuartel general de este mando se encuentra en la Base Jaime I de Bétera, Valencia, y su misión incluye proporcionar capacidades de comunicaciones, guerra electrónica y ciberdefensa a las organizaciones operativas.

El REW 31 dispone de medios concebidos para captar, identificar, analizar y localizar emisiones electromagnéticas.

La otra gran referencia es el Regimiento de Guerra Electrónica nº 32 (REW 32), con base en El Copero, en Dos Hermanas (Sevilla), e integrado desde 2021 en el Mando de Canarias.

Ambos desarrollan funciones complementarias, pero existe entre ellos una diferencia especialmente relevante para entender el dispositivo actual.

El propio Ejército ha definido al REW 32 como su unidad de guerra electrónica con "capacidad permanente".

Sus operadores trabajan sobre el espectro radioeléctrico de forma continuada para detectar, analizar y caracterizar emisiones y proporcionar al mando información en tiempo real.

En ejercicios conjuntos, el REW 32 ha actuado como núcleo permanente al que se incorporan como refuerzo las capacidades tácticas del REW 31 y de otras unidades.

Esa arquitectura permite desplegar sensores y equipos de guerra electrónica en distintos puntos del territorio y centralizar después la información obtenida para reconstruir la actividad detectada en el espectro electromagnético.

En un escenario como el de los UAS investigados, la utilidad de esas unidades consiste precisamente en intentar extraer de las emisiones del aparato información sobre sus comunicaciones, trayectoria y, cuando técnicamente sea posible, la localización de la fuente emisora.

Drones cautivos

Existen, por otra parte, rastros administrativos de inversiones recientes que, además de responder a las crecientes necesidades de modernización de las capacidades españolas de guerra electrónica, permiten medir el esfuerzo que Defensa está realizando en un momento en que España ha elevado la atención sobre la amenaza del Kremlin.

Sólo durante el verano de 2026, el Ejército tramitó varios expedientes relacionados directamente con las capacidades del REW 31.

El 8 de julio salió a contratación el mantenimiento del Centro de Proceso de Datos de Guerra Electrónica y del Centro de Control y Evaluación de Guerra Electrónica del regimiento, por un valor estimado de 371.900 euros.

Un mes después, el 11 de agosto, se publicó otro expediente de 59.504 euros para el mantenimiento evolutivo de CAPTIVE, el sistema empleado por el REW 31 para controlar equipos remotos integrados en sus sistemas de guerra electrónica.

En el REW 32, cuya capacidad permanente se despliega desde seis emplazamientos repartidos entre Andalucía y Canarias, se ha ampliado la infraestructura virtualizada que sostiene sus sistemas de guerra electrónica.

A esas inversiones se suma una adquisición especialmente significativa. En julio, el Mando de Apoyo Logístico puso en marcha por procedimiento acelerado la compra de un UAS cautivo dotado de "capacidad de vigilancia todo tiempo y guerra electrónica".

Efectivos del Regimiento de Guerra Electrónica no 31 (REW 31) en el acuartelamiento Zarco del Valle, en El Pardo (Madrid).

Efectivos del Regimiento de Guerra Electrónica no 31 (REW 31) en el acuartelamiento Zarco del Valle, en El Pardo (Madrid). Ministerio de Defensa

El contrato, finalmente adjudicado el 1 de octubre a TRC Informática por 895.500 euros, forma parte del refuerzo de las capacidades españolas para elevar sensores y equipos de guerra electrónica sobre posiciones fijas.

Un UAS cautivo es un dron conectado físicamente a tierra mediante un cable que proporciona alimentación y comunicaciones.

Puede permanecer durante largos periodos suspendido sobre una posición y elevar a decenas de metros sensores de vigilancia o equipos de guerra electrónica, convirtiéndose en una especie de mástil aéreo móvil desde el que ampliar enormemente el horizonte de detección.

El REW 31 ya había trabajado con esta tecnología. Su sistema CAPTIVE utiliza vehículos aéreos cautivos para elevar sensores y equipos asociados a la arquitectura CERVUS, desarrollada precisamente para localizar, identificar y combatir sistemas no tripulados.

La sucesión resulta significativa: centro de proceso de datos de guerra electrónica en julio, evolución de CAPTIVE en agosto y nueva infraestructura de red y capacidades de monitorización del REW 31 en septiembre, precisamente durante los meses en que continuaron las incursiones de drones sobre infraestructuras españolas.

El buque ruso 'Ascalon'

El refuerzo se extendió también al mar. Durante el verano, Defensa comenzó a ensayar en el Golfo de Cádiz escenarios C-UAS (Counter-Unmanned Aircraft Systems), ejercicios destinados a detectar, seguir y neutralizar drones hostiles lanzados desde tierra o desde embarcaciones.

Los días 19 y 20 de agosto, tres jornadas antes del incidente de Málaga, la Armada realizó en el Golfo de Cádiz unas pruebas para evaluar sistemas C-UAS embarcados frente a drones que podían operar desde costa o desde una plataforma naval.

El escenario contemplaba incluso ataques múltiples y lanzamientos desde embarcaciones auxiliares.

El actual Ascalon (IMO 9198226), buque ruso sancionado y vinculado al transporte de carga militar para Moscú, fotografiado en 2013 cuando navegaba como HC Rubina. Foto: Australian Transport Safety Bureau.

El actual Ascalon (IMO 9198226), buque ruso sancionado y vinculado al transporte de carga militar para Moscú, fotografiado en 2013 cuando navegaba como HC Rubina. Foto: Australian Transport Safety Bureau. BY 3.0 AU

Tres semanas después, el 9 de septiembre, la Marina estadounidense empleó en la base naval de Rota un sistema antidrón durante un ejercicio de protección de la instalación, según la propia descripción oficial del Departamento de Defensa de Estados Unidos.

El escenario de las maniobras es significativo, dado que Rota ocupa la entrada occidental del corredor marítimo que continúa por el Estrecho hacia Alborán y Málaga.

Ese corredor importa y mucho porque es una de las vías habituales de tránsito de buques rusos entre el Mediterráneo y el Atlántico. Y el mismo 23 de agosto en que se produjo el incidente de Málaga, uno de esos barcos estaba atravesándolo.

Se trataba del Ascalon, IMO 9198226, un buque Ro-Ro ruso sancionado por Estados Unidos y señalado por la inteligencia militar ucraniana por transportar armamento y carga militar para Rusia.

Había permanecido varios días en Orán y aquella tarde navegaba hacia el oeste por el Estrecho.

A las 19.15 horas existía constancia pública de su paso frente a la Bahía de Algeciras. Aproximadamente dos horas después comenzaron los avisos de las tripulaciones sobre el dron de Málaga.

La inteligencia militar ucraniana lo clasifica como transporte de carga militar y armamento, lo vincula al Syrian Express y documenta su presencia repetida en la base naval de Novorossiysk. En 2018 transportó además misiles S-400 desde Rusia hasta China.

O negro sobre blanco, un buque ruso vinculado a logística militar fue detectado en el mismo corredor y el mismo día en que se produjo una de las incursiones de drones hostiles más graves registradas en España.

Ataque electroóptico y láser DIAL

¿Cómo se hace frente a este tipo de amenazas? Neutralizar un UAS no siempre implica derribarlo.

Los sistemas C-UAS combinan soft kill, que intenta inutilizarlo mediante guerra electrónica, y hard kill, que lo destruye.

La inhibición de radio o GPS sigue siendo la respuesta más extendida, pero pierde eficacia frente a drones autónomos, resistentes a interferencias o guiados por fibra óptica, uno de los escenarios ensayados por Defensa en el Golfo de Cádiz los días 19 y 20 de agosto.

Si la guerra electrónica no basta entran cañones, misiles, drones interceptores, redes y armas de energía dirigida.

España opera CERVUS II/II+ y CERVUS III, ha contratado 14 sistemas ARACNE y utiliza CROW. Defensa trabaja igualmente en DIAL, un demostrador de arma láser contra drones de hasta 35 kW, dotado de sistemas electroópticos de detección y seguimiento.

Ciertas infraestructuras civiles disponen además de defensas específicas. En febrero, el Gobierno Vasco aprobó un convenio con Petronor para desplegar sistemas de detección y neutralización de UAS en instalaciones de la compañía, cuya refinería se encuentra en Muskiz.

Petronor asumirá la instalación, mantenimiento y funcionamiento permanente de los equipos, mientras el Departamento de Seguridad recibirá de forma continua los datos captados y los integrará en sus propios sistemas de información.

La red venía gestándose desde antes de la actual oleada europea.

Ya en 2024, el Gobierno Vasco había autorizado un convenio con Iberdrola para integrar en sus sistemas antidrón la información captada por los detectores de la compañía, inicialmente en Torre Iberdrola, en Bilbao.

En Vandellós II, la Guardia Civil mantiene desde 2019 una Unidad de Respuesta operativa las 24 horas con sistemas para detectar, localizar, identificar e inhibir drones.

La protección alcanza también instalaciones privadas. ASDT, empresa española especializada en sistemas antidrón y que cita entre sus clientes a Repsol e Iberdrola, afirma disponer de equipos en refinerías, centrales nucleares y plantas eléctricas.