Sebastián Vega fue coronel jefe del Grupo de Regulares y jefe de la Policía de Ceuta hasta el pasado 31 de agosto.

Sebastián Vega fue coronel jefe del Grupo de Regulares y jefe de la Policía de Ceuta hasta el pasado 31 de agosto. Esther Zárate

Reportajes

Sebastián Vega, jefe de la Policía de Ceuta en la invasión: "Los marroquíes tenían orden de no actuar cuando hubiera 10 asaltantes por cada gendarme"

El antiguo jefe de la Policía Local calcula que puede haber entre un 30% y un 40% más de migrantes ocultos en barriadas e infraviviendas.

Vega revela que Vivas se negó a comparecer junto a Sánchez: “Lo que yo vaya a decir de Marruecos no te va a gustar”

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Sebastián Vega es una de las personas que conoce Ceuta, sus entresijos e idiosincrasia como la palma de su mano.

Después de ser coronel jefe del Grupo de Regulares de Ceuta nº 54, pasó a formar parte de la Policía Local de Ceuta en diciembre de 2016.

Su amor por la ciudad y por España siempre lo ha plasmado en cada uno de sus trabajos y actuaciones. Aquí, en la ciudad autónoma, todo el mundo le conoce. No pasa desapercibido para nadie.

Vega estaba al mando de la Policía Local el pasado 30 de julio, cuando se produjo la invasión, uno de los momentos más complicados de su carrera profesional y, también, delicado en lo personal.

Nunca antes había visto algo semejante. Tampoco con la entrada masiva de 2021.

Con la avalancha encima, tuvo que poner a trabajar a todo su equipo. A partir de ahí empezaron los días difíciles, que se sucedieron uno tras otro, pero en los que también hubo una entrega total por parte de todo el cuerpo para defender a la ciudad y a los caballas.

Después de coordinar durante un mes todo el dispositivo policial y de estar presente en esa primera reunión entre Pedro Sánchez y Juan Jesús Vivas, su carrera llegó a su fin el 1 de septiembre.

Ese día se jubiló y colgó el uniforme. Pero la lucha por la ciudad, por Ceuta, continúa. Esto es algo que Sebastián remarca: "Seguir defendiendo la ciudad".

De hecho, al día siguiente, el día 2, fue la primera vez en muchos años que pudo salir a manifestarse con la bandera de España y de Ceuta. Un día en el que, confiesa, se emocionó al ver cómo todo el país estaba con ellos.

Usted gestionó en Ceuta la crisis de 2021, justo la anterior a ésta. ¿Qué diferencias vio en aquellos días con respecto a lo ocurrido el 30 y 31 de julio?

En primer lugar, aquello nos vino de golpe. Era la primera experiencia que teníamos y fue una avalancha totalmente inesperada.

Con relación a esta crisis, la diferencia fundamental la he vivido en términos de la reacción que tuvieron la Comandancia General y sus unidades. En aquel caso hubo un tiempo prudencial de reacción que hizo que, en el momento en que desplegó el Ejército, todo aquel que ingresaba desde Marruecos hiciera una especie de bucle: según entraba, volvía a salir por la puerta que se había habilitado en la frontera.

Sí es cierto que entraron unas 10.000 o 12.000 personas, pero ese tapón que hicieron el Ejército y las unidades de la Comandancia impidió que aumentara la cifra.

Además, en aquella ocasión, cuando se decidió cerrar ese paso, me sorprendió la auténtica reacción de violencia por parte de quienes querían entrar y no lo conseguían.

Recuerdo a la Guardia Civil lanzando humos en la playa intermedia entre el espigón y Marruecos. Hubo lanzamiento de piedras por parte de los asaltantes a la frontera e intentos de derribar la zapata de la valla del espigón con unas barras, dando golpes para tratar de romper los cimientos de esa valla.

Esa es la violencia que no he visto en esta ocasión, lógicamente, porque no hubo en ningún momento oposición por parte ni del Ejército ni de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado.

Con respecto a los días previos, ¿la Policía Local tuvo algún tipo de aviso? ¿Sabían que podía pasar algo?

Como aviso, no. Lo que sí era evidente era que se estaba produciendo una entrada totalmente desproporcionada con respecto a lo visto hasta ese momento.

Nosotros relacionábamos esas llegadas, de unas dimensiones desproporcionadas, con la sentencia del Tribunal Supremo que establecía que el mar no suponía un obstáculo y que, por tanto, cualquier entrada por mar no podía ser rechazada en frontera mediante lo que se conoce como devolución en caliente.

Achacábamos a eso esas llegadas diarias totalmente fuera de control, que además aumentaban cada día.

Empieza la entrada masiva y ustedes están aquí, sobre el terreno. ¿Qué es lo primero que hacen?

Lo primero es que, sinceramente, no nos vimos con capacidad de reacción. Por otro lado, tampoco nos corresponde a nosotros. No somos garantes de nuestras fronteras.

Nuestras competencias están dentro del casco urbano, en misiones tanto de tráfico como de policía administrativa, además de prestar un importante refuerzo a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad cuando se nos solicita en materia de seguridad ciudadana.

Pero nuestra sensación fue de un desánimo total y absoluto, porque conocíamos las dimensiones de la crisis anterior y veíamos que esto era algo totalmente fuera de control. Fue un "¿Qué hacemos?".

No podíamos hacer nada y, además, no veíamos reacción por parte de ninguno de los actores que la vez anterior sí habían reaccionado, como la Comandancia General y sus unidades.

¿Había una cadena de mando clara en ese momento?

En ese momento, cada cuerpo y cada actor tenía su propia cadena de mando. Yo, por parte de la Ciudad Autónoma, no recibí ninguna orden específica.

Desconozco las órdenes que pudieron recibir las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, así como la Comandancia General, que tenía su propio canal de mando.

¿Cuál fue el momento más crítico que vivió aquellos días? ¿Qué recuerda?

La verdad es que no hubo un momento específico, porque todos los acontecimientos se desencadenaron de una forma muy rápida.

La decisión que tomé, sin necesidad de consultar ni elevar la consulta a nadie, fue ordenar la activación de un plan de emergencia que teníamos nosotros, un plan interno de la Policía Local con un sistema de llamada.

Ordené que todo aquel que estuviera aquí se incorporara y pedimos a quienes estuviesen de vacaciones en la ciudad que tuvieran a bien incorporarse.

La verdad es que no hizo falta insistir a nadie. La gente que estaba aquí en Ceuta se presentó inmediatamente y preguntó dónde tenía que incorporarse.

En ese sentido hubo una reacción muy positiva por parte de la Policía. Sacrificaron sus vacaciones y permisos sin preguntar ni cuándo ni cómo iban a recuperarlos.

Ese fue el momento crítico: decidir que había llegado el momento de desencadenar esa reacción porque necesitábamos a todos en la calle.

Usted estuvo en aquella primera reunión con el presidente Juan Vivas y con Pedro Sánchez. ¿Cómo fue?

El presidente Sánchez, acompañado del presidente Vivas, subió por la escalera noble del Palacio de la Asamblea. Los dos tenían un semblante muy serio.

Cada uno ocupó un asiento en torno a la mesa, en una sala redonda donde se celebran reuniones de cierto número de personas y con cierta solemnidad.

En esa reunión se veía a nuestro presidente con el rostro verdaderamente serio y preocupado, como lo estábamos todos. Aunque el presidente Vivas suele presentar un rostro más amable en los actos protocolarios, las circunstancias no permitían ningún tipo de sonrisa ni de acogida más allá de mostrar la preocupación existente.

La reunión comenzó con el presidente Vivas dirigiéndose al presidente Sánchez. Le dijo que esto volvía a ocurrir, que lo que queríamos era volver a la normalidad y que hubiese una reacción del Estado ante esta situación.

Describió de forma somera cómo estaba Ceuta y el presidente Sánchez mantuvo en todo momento un gesto de escucha, sin asentir absolutamente nada y sin un lenguaje corporal que incitara a pensar otra cosa.

Cuando acabó el presidente Vivas, el presidente Sánchez comenzó diciendo que esto era un ataque a la integridad territorial de España y que el Estado iba a responder.

En esa mesa estábamos representantes de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, el consejero de Gobernación, el comandante general, el director del CNI y el ministro Marlaska, además de alguien de Inmigración cuyo cargo no sabría precisar.

En aquella reunión se produjo un "hasta aquí hemos llegado". ¿Qué llevó a ese momento?

Estoy convencido de que, una vez que el presidente Sánchez hizo su alegato diciendo que no se sabía cómo había ocurrido, que Marruecos no estaba detrás y que eran las redes, poniendo parches que maquillaban la actuación de Marruecos y dejándolo fuera como actor, el presidente Vivas reaccionó.

Con su inteligencia y experiencia, vio que ese iba a ser el mensaje que se trasladaría a los medios de comunicación y le dijo: "Presidente, yo no voy a comparecer contigo frente a los medios, porque lo que yo vaya a decir de Marruecos no te va a gustar".

Vivas ya le había dicho al inicio que Marruecos estaba detrás de esto porque llevaba tiempo intentando estrangular a las dos ciudades, Ceuta y Melilla, y porque era imposible movilizar a 80.000 personas sin que se enterasen las autoridades marroquíes.

Además, recordó que se les había dicho que esto no iba a volver a suceder y ahora se encontraban ante un evento que multiplicaba por ocho la entrada de 2021.

Cuando terminó aquella reunión, ¿cree que Sánchez era realmente consciente de la magnitud de lo que estaba ocurriendo?

Me imagino que era consciente de que la cosa era seria. Ahora, si me pregunta por cómo actuó posteriormente, mandándonos una playlist, diría que se fue sin saber qué estaba ocurriendo.

Lo mismo con Marlaska. Se dijo que el ministro del Interior se quedaría hasta que la situación se normalizase. Yo personalmente pensé dónde lo iban a alojar, pero al día siguiente pregunté y me dijeron que Marlaska ya se había marchado.

Aparentemente, por sus reacciones, no han sido conscientes de la gravedad de lo que ocurre o, peor aún, son conscientes y hay algo detrás que nosotros no sabemos.

¿Qué pensó cuando escuchó a Sánchez responsabilizar a las mafias de lo que estaba ocurriendo?

En ese momento me pareció un eufemismo. Aunque no soy de redes sociales ni tengo información distinta a la de cualquier español, más allá de amigos en distintos servicios a los que puedo preguntar, es cierto que las redes sociales tienen un papel importante porque magnifican esto y existen grupos de más de 200.000 personas difundiendo mensajes sobre un posible asalto.

Pero a mí nadie me quita de la cabeza que, con independencia de las redes, Marruecos tiene un papel de cooperador necesario, según el Código Penal.

Marruecos no puede pretender que, estando el rey de Marruecos a veintipocos kilómetros de Ceuta celebrando su subida al trono, sea ajeno al movimiento de 80.000 personas.

El muro de dos o tres kilómetros junto al Palacio Real del rey Mohamed VI en Rincón está jalonado por innumerables miembros de la Guardia Real, el Ejército marroquí, la Gendarmería y las Fuerzas Auxiliares. Es imposible que pasaran decenas de miles de personas sin que se lo comunicaran al rey o a su séquito.

Por eso considero que Marruecos ha sido un cooperador necesario en este ataque a nuestra integridad territorial.

¿Qué le pidió Vivas a Sánchez en aquella reunión?

Que volviéramos a la situación de normalidad y que devolviera a Marruecos a todos los que habían entrado.

No dijo "sáquemelos de aquí", porque eso es una solución temporal, sino devolverlos para mandar una señal clara a las redes de que quien entra de esa forma sale automáticamente.

Llega agosto y Sánchez se marcha de vacaciones. Usted ha hablado de la playlist. ¿Cómo vivió aquello?

Se habla del mantra de que habrá que devolverlos legalmente. Pero las leyes no vienen del mundo de lo dado, sino de lo construido.

La sorpresa es que el Poder Ejecutivo está en la colchoneta, con sus playlists y sus buceos, y el Legislativo en el chiringuito, mientras nosotros esperamos una reacción.

La legislación se puede modificar mediante fórmulas jurídicas como los estados de excepción, alarma o sitio para que la gente salga sin que la legalidad se vuelva en nuestra contra.

Pasan las semanas y no se toman decisiones desde Madrid. ¿Cómo lo viven desde Ceuta?

Con una gran desazón, pero también sintiendo que todo esto está uniendo mucho a la población ante tantas convocatorias.

Nos ha cambiado la vida por completo. Estábamos a 48 horas de comenzar las ferias, con las neveras cargadas de alimentos y bebidas, los farolillos colocados y los trajes listos, y todo se vio alterado.

Ahora se intentan recuperar eventos deportivos y sociales para que la presencia de esta gente no condicione todavía más nuestra vida.

¿Qué esperaba usted del Ministerio del Interior?

Que, más allá de la labor de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad, hubiese un despliegue de personal de Extranjería para realizar filiaciones y triajes a un ritmo de centenares al día.

Llevamos un mes y pico y no han llegado ni a 1.700 identificados cuando hay millares de personas. Mucha gente que estaba escondida en los barrios va saliendo gradualmente.

¿Estaban repartidos por distintos barrios?

Exactamente. Acaba de salir en prensa que han descubierto un piso patera.

Esta gente se refugió inicialmente porque venía con dinero, pero ha sido acogida por personas que se aprovechan de la situación. Cuando se les acaba el dinero o buscan los recursos habilitados, empiezan a aparecer en lugares como la playa del Trampolín.

Marlaska se marcha y dice que esta situación se va a revertir en poco más de 24 horas. Ha pasado ese tiempo. ¿Qué valoración hace?

Procediendo del mundo de la judicatura, si sabe que legalmente habrá problemas, debería promover una modificación legislativa o la declaración de una situación distinta para llevar a cabo la expulsión de estos invasores.

Esto no es una crisis migratoria, como ha querido maquillar el Gobierno, sino un ataque a nuestra integridad territorial que ha derivado en una crisis humanitaria.

Usted fue coronel jefe de Regulares y conoce perfectamente la frontera. ¿Es posible que algo así ocurra sin que las autoridades marroquíes lo permitan?

Aunque probablemente no haya sido promovido directamente por las autoridades oficiales, Marruecos tiene vías oficiales y no oficiales.

Les ha venido bien, han dejado hacer y ha habido una inacción porque esta situación se alinea con sus aspiraciones sobre Ceuta y Melilla para hacer ver que no son ciudades viables.

¿Qué vio hacer, o dejar de hacer, a las autoridades marroquíes durante aquellos días?

Las imágenes de los medios de comunicación muestran una total inacción.

Una fuente bastante fidedigna me indicó que tienen la orden de no actuar y dejar pasar la avalancha cuando la proporción alcanza los diez asaltantes por cada miembro de las fuerzas de seguridad o auxiliares.

Ha pasado ya un mes y medio. ¿Cuántos inmigrantes cree que continúan en la ciudad?

Es imposible calcular el número exacto porque no se ven todos juntos y continúan surgiendo de infraviviendas o barriadas.

Además de la playa del Trampolín, la desalinizadora y Benítez, hay un contingente oculto. Una cifra aproximada resultaría de sumar las plazas de los recursos habilitados más un 30% o un 40% adicional que permanece oculto.

Entrando en el terreno de la hipótesis: si pudiéramos volver atrás en el tiempo, ¿qué le gustaría que se hubiese hecho de otra manera?

La ley. La legislación actual nos impide reaccionar de forma proporcionada al ataque sufrido.

Vemos cómo el resto de Europa reacciona de forma diferente mientras nosotros caemos en un buenismo que se vuelve en nuestra contra. Esto no se quedará en Ceuta o Melilla; es un problema de España y de Europa.

¿Cree que podría volver a producirse una entrada como la del 30 y 31 de julio?

Podría estar sucediendo ahora mismo porque no se ha tomado ninguna medida de infraestructura ni ha cambiado el mensaje hacia Marruecos.

Podría ocurrir con la misma facilidad e impunidad que los días 30 y 31.