La tienda donde se produjeron los abusos fue investigada por la Ertzaintza.

La tienda donde se produjeron los abusos fue investigada por la Ertzaintza. Arte EE

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El 'monstruo de la tienda de golosinas' de San Sebastián: violó a 14 menores desde 2020 y la Policía busca a más víctimas

El presunto abusador consiguió pasar desapercibido durante seis años, pese a que la Ertzaintza ha encontrado patrones de comportamiento.

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La primera alerta saltó en junio pasado. Una denuncia por dos agresiones a una niña puso el foco sobre una tienda de golosinas en el acomodado barrio de Amara (San Sebastián). Detrás de una fachada tan inocente, casi bucólica, se había ocultado un depredador sexual.

La primera vez que el 'monstruo de la tienda de golosinas' de San Sebastián actuó fue en 2020, pero consiguió pasar desapercibido durante seis años. En ese tiempo, abusó al menos de 14 menores de entre 10 y 18 años.

El pederasta "serial", como hoy es considerado, regentaba un establecimiento que funcionaba como imán para atraer a sus víctimas. De hecho, la policía vasca ha advertido de que "los hechos investigados revisten especial gravedad y presentan elementos comunes en cuanto a su naturaleza y forma de comisión".

De hecho, la colaboración ciudadana ha permitido a los agentes ampliar progresivamente la investigación e identificar nuevos casos de posibles agresiones sexuales.

Pero la cifra de víctimas no está cerrada en catorce. A pesar de que el Gobierno vasco no ha facilitado ningún detalle de la investigación, ha solicitado más cooperación de los vecinos para localizar a más menores que hayan sufrido abusos en el local.

Del agresor solo se conocen dos datos: tenía 22 años cuando fue detenido y es de nacionalidad española. Eso implica que, cuando cometió sus primeros abusos, era también menor de edad.

Ante este panorama tan delicado, la Fiscalía de Menores ha iniciado diferentes diligencias que comprenden a nuevas víctimas. Mientras, la Ertzaintza sigue analizando las evidencias e informaciones obtenidas.

En un caso con muchas incógnitas sin resolver -y pocas respuestas policiales, los agentes continúan su trabajo "con el objetivo de esclarecer la totalidad de los hechos". Esa declaración permite deducir que el detenido no está colaborando con las autoridades.

"Aquellas personas que pudieran haber sufrido hechos de naturaleza similar, presuntamente relacionados con el investigado, incluidos aquellos que pudieran haberse producido en años anteriores y que no hubieran sido denunciados en su momento, pueden ponerse en contacto con la Ertzaintza", ha publicado la policía autonómica.

Dos agresiones en dos días

El detonante de la investigación hace temer que la cifra final de víctimas sea muy superior. Las dos denuncias que llevaron al arresto del tendero se produjeron los días 25 y 26 de junio dentro del establecimiento.

Dos agresiones a una misma menor en apenas dos días que derivaron en su arresto y puesta a disposición judicial. Las pruebas eran tan contundentes que se decretó su ingreso en prisión provisional. En la cárcel sigue, mientras la policía trata de dilucidar la magnitud de su reguero de abusos.

En esa ocasión, los agentes inspeccionaron la tienda y, en un simple registro, "obtuvieron diferentes evidencias" que estaban a plena luz.

Por ahora, la Sección Central de Investigación Criminal de la Ertzaintza (Secic) ha tomado declaración a todas las víctimas, que han relatado "hechos de naturaleza similar y aportado elementos de interés para la investigación".

A pesar del carácter reservado de las pesquisas, la Secic ha detallado que la similitud de los casos, de los que no han facilitado ningún detalle, permite observar un patrón repetido a lo largo de los años.

Una vez se conoció el caso en el barrio, varios vecinos llamaron a una concentración de condena bajo el lema "Ezin Dugu Onartu" (No podemos aceptarlo).

Para que nadie olvide lo que sucedió en su interior, la tienda de chucherías ha aparecido marcada con pintura roja y una pintada que reza "Erasotzaileen inpunitatea borrokatu" (Lucha contra la impunidad de los agresores).

Un eslogan que recuerda a los habitantes de Amara la proximidad que tuvieron con el 'monstruo' sin que levantara sospechas.