Un grupo de niñas y mujeres resguardadas en el polideportivo de Sidi Embarek, este viernes, en Ceuta.

Un grupo de niñas y mujeres resguardadas en el polideportivo de Sidi Embarek, este viernes, en Ceuta. J. I. M. EL ESPAÑOL

Reportajes SOBRE EL TERRENO

En el polideportivo de Ceuta que sirve de refugio a 250 mujeres y niñas migrantes: "Huyen de sus maridos y de los violadores"

Este asentamiento que se levanta entre una cárcel y un cementerio incrementa su población en 50 personas cada día: la mayoría, procedentes de Marruecos.

Quienes aquí se refugian no tienen aseos ni duchas, únicamente lonas para cubrirse del sol y vigilancia 24 horas por parte de vecinos voluntarios.

Más información: Anas Lafhel y los 58 jóvenes en prisiones de Marruecos por la invasión de Ceuta: "Les acusan de agredir a policías con armas"

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Al principio eran poco más de 100. Al día siguiente, 150. Este jueves contaron unas 200, y para cuando EL ESPAÑOL llega este viernes al polideportivo ubicado en el barrio de La Reina, en Ceuta, el recuento da 250. Ese es el número de mujeres y niñas inmigrantes que se resguardan en este refugio improvisado ante las numerosas violaciones que se están produciendo entre quienes cruzaron El Tarajal el jueves 30 de julio.

Un refugio que, hasta hace unos días, era una simple pista de fútbol: cuatro muros y una puerta. El presidente de la barriada autorizó cederlo para convertirlo en un asentamiento temporal en el que dar cobijo a las mujeres que, procedentes en su mayoría de Marruecos, no tienen dónde guarecerse.

Todo es simbólico en este lugar. Primero porque se levanta exactamente en el espacio que hay entre una antigua prisión y un cementerio. Pero aparte, porque es fruto de la organización autónoma de los vecinos.

El polideportivo del barrio de La Reina (Ceuta), donde 250 mujeres y niñas inmigrantes recién llegadas se resguardan para evitar sufrir una agresión sexual.

Su puerta no la cruza cualquiera, ya que está custodiada las 24 horas por un grupo de voluntarios. La mayoría de ellos, ceutíes de confesión musulmana.

Uno de los responsables de esta iniciativa es el presidente de la Asociación de Vecinos de Sidi Embarek, Abdellah Mustafa.

"La situación está al límite", confiesa este ceutí que lleva varias jornadas seguidas trabajando mañana, tarde y noche para garantizar el orden en este asentamiento.

"Nos han dejado solos", lamenta, en referencia a que la mayor parte de las labores de organización, carga y descarga de víveres y orden en el lugar recae en sus hombros.

En este contexto, este diario accede al polideportivo con la única condición de no mostrar ningún rostro sin el consentimiento de las propias mujeres. Y no es una petición que se deba a la timidez de quienes allí se resguardan.

Según Halima Ahmed, portavoz de la ONG Luna Blanca -que colabora con el asentamiento llevando comida, pan y agua a la hora de comer-, "muchas de estas mujeres han cruzado la frontera para huir de sus maridos, de los abusos que sufrían en sus países de origen".

Un grupo de menores y jóvenes asentadas en el polideportivo del barrio de La Reina (Ceuta), este viernes.

Un grupo de menores y jóvenes asentadas en el polideportivo del barrio de La Reina (Ceuta), este viernes. J. I. M. EL ESPAÑOL

"De hecho, anoche [el jueves] se presentó en el polideportivo el marido de una de ellas. Había venido para matarla. Hay hombres que si se enteran de que están aquí, cruzan la frontera para asesinarlas", amplía.

No es el caso de todas las personas que se resguardan en el polideportivo; pero lo que sí las une a todas es el temor a sufrir una agresión sexual.

Muchas de ellas se asentaron, tras cruzar El Tarajal, en los alrededores del CETI o en asentamientos improvisados fuera de las áreas urbanas. Allí, ante el descontrol total, se produjeron violaciones perpetradas, presuntamente, por los propios inmigrantes.

Aunque el caos lleva a que todas las hipótesis estén abiertas; es decir, tampoco es descartable que los agresores fueran residentes de la ciudad española.

Una imagen general del polideportivo habilitado por los vecinos del barrio de La Reina y Sidi Embarek para evitar violaciones a mujeres en Ceuta, este viernes.

Una imagen general del polideportivo habilitado por los vecinos del barrio de La Reina y Sidi Embarek para evitar violaciones a mujeres en Ceuta, este viernes. J. I. M. EL ESPAÑOL

Por el momento, han trascendido seis casos. Pero los colectivos sociales y vecinales alertan de que hay más que permanecen sin denunciar. De hecho, desde Luna Blanca aseguran que "hay varias mujeres recibiendo apoyo jurídico y psicológico por parte de profesionales voluntarios para convencerlas de que emprendan acciones legales, ya que muchas no se atreven".

Mientras las administraciones siguen sin dar una respuesta contundente para aliviar la crisis que traen consigo las miles de personas sin identificar que deambulan en las calles, estas 250 mujeres al menos pueden dormir en un lugar más seguro.

Aunque esa seguridad no va acompañada de comodidades. En el polideportivo solamente hay unas mesas donde los voluntarios reparten la comida, alfombras para sentarse y acostarse y varias lonas para cubrirse del sol en las horas más calurosas del día, la mayoría prestadas por vecinos, salvo una más firme, que proporcionó el Ejército.

No hay baños ni duchas. No hay privacidad. La única comodidad es esa sensación de seguridad y comunidad. Muchas de las mujeres y jóvenes que aquí pasan los días ni siquiera hablan español.

Fuera, en la calle, decenas de inmigrantes -en su mayoría marroquíes- permanecen sentados bajo la sombra de los árboles en una pendiente. Dos ambulancias de Cruz Roja atienden a quienes reclaman atención médica.

Se trata, sobre todo, de jóvenes que presentan heridas en los pies o pequeños cortes fruto del cruce de la frontera marítima.

El alimento a la hora de comer lo trae la ONG Luna Blanca en dos furgonetas. A cada persona le corresponde una barra pequeña de pan, una botella de dos litros de agua y un táper con un arroz similar a la paella cocinado por los voluntarios de este colectivo.

Además, por las mañanas también proporcionan una olla gigante repleta de leche. Estos alimentos los proporciona mayoritariamente Servicios Sociales. Con eso, al menos, hay un plato contundente que llevarse a la boca.

"Faltan medios por todas partes", critican desde este colectivo de voluntarios. "En otras tragedias se habilitaron colegios, pabellones, se movilizaron cisternas del Ejército para que la gente pudiera refrescarse. Aquí hay muchos lugares donde estas personas podrían resguardarse, pero por algún motivo las administraciones no los habilitan".

"Tememos que el Estado esté siguiendo una estrategia de desgaste para forzar a los que quedan a que se marchen voluntariamente", especulan desde la ONG.

Este viernes el presidente de Ceuta, Juan Jesús Vivas, ha estimado en "entre 8.000 y 11.000" las personas que aún quedan en la ciudad de quienes cruzaron la frontera.

Luna Blanca estima esa cifra en "unas 6.000", basándose en que cada día preparan alimentos para unas 3.500 personas que acuden a reclamarlos.

Descontrol

Por su parte, los Cuerpos de Seguridad del Estado patrullan las calles sin descanso.

La Policía Nacional asiste en las entregas de alimentos que realiza esta organización en uno de los puntos calientes de la periferia: el polígono de la barriada del Príncipe, que a la misma espalda de la frontera se ha convertido en uno de los asentamientos más grandes y descontrolados.

En el momento de la entrega, un agente pide al conductor de la moto -donde viaja el periodista- que dé media vuelta inmediatamente y se marche del lugar.

Únicamente cuando la furgoneta de Luna Blanca que venía detrás explica al policía que ambos [motorista y reportero] vienen con la ONG, se permite su paso.

Pero la labor de los agentes apenas sirve para sobrellevar esta situación de colapso.

Todo el mundo en Ceuta es consciente de que ese es el único final posible si no se toman medidas contundentes para revertir la situación. Sin alimentos, sin recursos que garanticen unas condiciones de higiene y sanidad, y con miles de estos inmigrantes ilegales en una situación de desamparo diez días después del cruce masivo de la frontera, la situación en la ciudad está abocada a seguir empeorando.