Pedro Gallo, conserje del Edificio Torre Coblanca de Benidorm, junto a la foto que mostró a la Policía Local para alertar de que había un niño sobre un equipo de aire acondicionado en la planta 21

Pedro Gallo, conserje del Edificio Torre Coblanca de Benidorm, junto a la foto que mostró a la Policía Local para alertar de que había un niño sobre un equipo de aire acondicionado en la planta 21 Cedidas

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Pedro, el conserje que salvó de caer al vacío a un niño autista subido a un aire acondicionado en una planta 21 de Benidorm

"Fue el peor día de mi vida", subraya el conserje en una entrevista en exclusiva con EL ESPAÑOL. "El niño no reaccionaba a ningún estímulo".

"Cuando regresó el padre, le dije que podía haber ocurrido una desgracia y que iba a llamar a la Policía Local porque le tenían que arrestar".

Más información: La Policía de Benidorm salva a un niño autista sentado en el aire acondicionado de una planta 21: "El padre lo dejó solo"

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En muchos edificios de ciudades españolas se está prescindiendo de un clásico: la figura del conserje. El profesional que siempre está para dar los buenos días con una sonrisa; que disuade a los ladrones; que ayuda con la compra; que recoge un paquete si el inquilino no está en casa o que tiene las zonas comunes como los chorros del oro.

Aunque en el caso de Pedro Gallo, su profesionalidad ha sido clave para salvar la vida de un niño, de 8 años, con síndrome del espectro autista, y que acabó sentado sobre el equipo de aire acondicionado de la planta 21 del Edificio Torre Coblanca de Benidorm después de que su padre lo dejara solo.

"La verdad es que lo pasé mal: la vida de ese niño dependía de nosotros", reflexiona Pedro, conserje encargado de los turnos nocturnos de la emblemática Torre Coblanca, con 30 plantas que albergan más de 140 inmuebles, algunos de inquilinos y otros destinados a alquileres turísticos en el corazón de la Costa Blanca.

Pedro no olvidará en su vida el turno de trabajo del sábado 25 de julio. "El chiquillo se podía haber caído al vacío", recalca este conserje, de 58 años y padre de dos hijos, en una entrevista en exclusiva con EL ESPAÑOL.

El niño, de 8 años, encaramado al equipo de aire acondicionado de la planta 21 de una torre de Benidorm.

- ¿Cómo se percató de que había un niño sentado en el equipo de aire acondicionado de la planta 21?

- Pedro Gallo: Yo estaba en el hall del edificio, cuando unos vecinos de la vivienda contigua a la del niño me alertaron de que habían visto a un chiquillo salir por la ventana. El niño se sentó sobre el aire acondicionado, volvió a entrar a su piso y volvió a salir y se quedó sentado sobre el equipo.

- ¿Cómo reaccionó usted ante semejante información?

- Subí rápidamente a la planta 21. Toqué a la puerta de la vivienda donde estaba el niño y no me abría nadie. Entonces, entré al piso de estos turistas que habían venido de Madrid a veranear a Benidorm, me asomé a su balcón y vi al niño.

Yo domino varios idiomas y le hablé al crío, pero no contestaba. Tenía fija la mirada hacia las luces de la playa y se notaba que tenía autismo porque no reaccionaba a ningún estímulo ni interactuaba. Así que opté por no tocarlo por si su reacción era saltar al vacío. Estaba en juego su vida.

Pedro recordó que antes había visto una patrulla de la Policía Local en la playa de Levante donde se levanta el Edificio Torre Coblanca: el primer rascacielos construido en Benidorm, allá por los años sesenta, y cuyos 94 metros de altura fueron diseñados por el arquitecto Juan Guardiola Gaya.

"La situación era muy delicada. Pensé que lo mejor era contarle lo que estaba pasando a unos agentes que estaban haciendo un control cerca del paseo de la playa. Bajé a la calle a buscarlos y les enseñé una foto del niño sentado sobre el aire acondicionado".

Estos agentes de la Policía Local de Benidorm se dirigieron como una exhalación al rascacielos, nada más ver la imagen que les mostró el conserje, y confirmaron in situ el riesgo vital que corría el pequeño.

"La base de los equipos de aire acondicionado mide unos 60 centímetros de ancho por un metro de largo", según calcula Pedro. "En los ocho años que llevo trabajando de conserje, era la situación más grave a la que me enfrentaba. Fue el peor día de mi vida".

El Edificio Torre Coblanca donde trabaja Pedro es el primer rascacielos construido en Benidorm.

El Edificio Torre Coblanca donde trabaja Pedro es el primer rascacielos construido en Benidorm. Cedidas

No había tiempo que perder. Eran las 23 horas y 5 minutos de la noche de este sábado, cuando la Policía Local movilizó a los bomberos porque no se pudo localizar a ningún empleado de la agencia que había alquilado el piso turístico al padre de este menor de edad: un ciudadano búlgaro llamado Antón (1976).

- ¿Qué hicieron cuando subieron a la planta 21 del rascacielos?

- Pedro: Los policías entraron al piso de los turistas de Madrid y salieron al balcón. Uno de ellos cogió del brazo al chiquillo mientras su compañero lo agarraba por la cintura para garantizar la seguridad de los dos.

Yo volé hacia la recepción para ver si, por casualidad, tenía una copia de la llave del piso que había alquilado porque no localizábamos al padre del crío ni a nadie de la agencia y encontré unas llaves.

De forma que no fue necesario que los bomberos echaran la puerta abajo del piso turístico que había alquilado el búlgaro Antón, de 50 años. "En cuanto los agentes entraron a la vivienda, abrazaron al niño y lo metieron dentro. La verdad es que la Policía Local de Benidorm siempre hace un buen trabajo", según remarca Pedro, con vocación de servicio.

"Después de muchos años en la hostelería, me reciclé profesionalmente como conserje. Siempre me ha gustado trabajar de cara al público, tratar con la gente y hablo varios idiomas". Pero este sábado, a su habitual cometido nocturno de vigilar que ningún extraño se cuele en la mítica Torre Coblanca, sumó una colaboración clave con la Policía Local para que rescataran a este niño y luego arrestaran a su padre.

"Cuando los policías se marcharon me dijeron que les avisara si el padre regresaba a la vivienda". El menor, de 8 años, llevaba pañales, la vivienda estaba revuelta y los agentes lo entregaron a los Servicios Sociales para que recibiera atención de un equipo psicosocial porque confirmaron que tenía síndrome del espectro autista.

- ¿El progenitor regresó al piso turístico?

- No me moví de la recepción. El padre vino alrededor de la medianoche con un bote de Coca-Cola en la mano. Me acerqué, le dije que su hijo casi se cae al vacío y le enseñé una foto del chiquillo sentado sobre el equipo de aire acondicionado porque yo estaba con un enfado monumental.

Entonces, le pregunté: '¿Cómo puede dejar solo a un niño en esas circunstancias? Mire, su hijo podría haber muerto. Podía haber ocurrido una desgracia'.

- ¿Cómo reaccionó el padre del menor?

- El hombre se quedó blanco y se echó las manos a la cabeza. Me dijo que su hijo se había quedado durmiendo y él salió a comprar un refresco. Pero yo le dije que iba a llamar a la Policía Local y le iban a detener.

Y así fue. Una patrulla policial se personó en el rascacielos y arrestaron a Antón (Bulgaria, 1976). La Plaza Número 3 de la Sección de Instrucción del Tribunal de Instancia de Benidorm ha sometido al padre del menor a un juicio rápido -celebrado este lunes-.

Palacio de Justicia de Benidorm, ubicado en la calle Passeig els Tolls.

Palacio de Justicia de Benidorm, ubicado en la calle Passeig els Tolls. Conselleria de Justicia

Una portavoz del Tribunal Superior de Justicia de la Comunidad Valenciana confirma a este diario que Antón "ha sido condenado a ocho meses de prisión, como autor de un delito de abandono de menores".

"Además, no podrá acercase a menos de 100 metros de la víctima durante 16 meses. Esta pena no contempla la prohibición de comunicación con el menor. La sentencia, dictada después de que el condenado se mostrara conforme con los hechos y con la pena, acuerda la suspensión de la ejecución de la pena de prisión, suspensión condicionada a no delinquir durante dos años", según remarca esta fuente del TSJ.

Entretanto, Pedro se recupera del susto, consciente de que sus decisiones contribuyeron a salvar la vida de un crío, de 8 años: "Yo solo cumplí con mi trabajo. Hice todo lo que tenía que hacer. Un conserje no está para verlas pasar, sino para ayudar a todos los inquilinos. Si ese niño se llega a resbalar, me muero yo con él.