Silvia Orriols entre Carles Puigdemont y Joan Garriga de Vox.

Silvia Orriols entre Carles Puigdemont y Joan Garriga de Vox. Arte E. E.

Reportajes 'SALVEM CATALUNYA'

El 'gran reemplazo' de Orriols: se traga a Junts, a sus candidatos y el 28% de votos de Puigdemont, y paraliza a Vox en Cataluña

Aliança Catalana crece disputando a Junts su electorado, sus cuadros locales y la red municipal heredada de la antigua Convergència

Las últimas encuestas les dan entre 23 y 25 diputados, tercera fuerza, atribuyéndose casi uno de cada cuatro votantes de Vox

Más información: El imparable ascenso de Orriols, según los analistas: "Lo que une a sus votantes no es la derecha, sino una amenaza externa"

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El lunes 13 de julio, Enric Daza, portavoz de Junts en Cambrils, posó en el restaurante Miramar junto a Oriol Gès, secretario de Organización de Aliança Catalana, y Aurora Fornos, responsable del partido en Tarragona. Acababa de firmar su incorporación a la formación de Sílvia Orriols y será su candidato a la alcaldía en mayo de 2027.

La importancia de aquella fotografía estaba muy lejos de agotarse en la política de Cambrils. Cuatro días antes, el Centre d'Estudis d'Opinió había publicado una estimación que altera el orden del independentismo catalán: Aliança pasaría de los dos diputados obtenidos en 2024 a una horquilla de entre 23 y 25, mientras Junts caería de 35 a 16-18.

El partido de Orriols se convertiría en la tercera fuerza del Parlament, por detrás del PSC y ERC, y superaría con claridad a la organización de Carles Puigdemont. Junts conservaría únicamente a la mitad de sus votantes y perdería un 28% en favor de Aliança.

Oriol Gès, Enric Daza y Aurora Fornos han hecho pública su alianza en un acto en el restaurante Miramar de Cambrils.

Oriol Gès, Enric Daza y Aurora Fornos han hecho pública su alianza en un acto en el restaurante Miramar de Cambrils. Aliança Catalana.

Vista desde Barcelona, la llegada de Daza era una pieza pequeña de un movimiento mucho mayor: el partido que hasta hace dos años apenas existía fuera de Ripoll empezaba a disputarle al heredero de Convergència sus electores, algunos de sus cuadros y una parte de la red municipal sobre la que se levantó el poder del catalanismo conservador.

"Estamos ante una recomposición más profunda del sistema de partidos catalán que ante una simple fragmentación del independentismo", sostiene Javier Martínez-Cantó, politólogo e investigador del Instituto de Políticas y Bienes Públicos del CSIC, a preguntas de este periódico.

El investigador describe una estructura "de espejo": Aliança, Junts, ERC y la CUP ocupan dentro del independentismo posiciones equivalentes a las de Vox, el PP, el PSC y los Comuns en el bloque contrario. La polarización del procés, explica, redujo los espacios de ambigüedad y trasladó buena parte de la competencia política al interior de cada campo nacional.

A hombros de gigantes

Junts y Aliança comparten la independencia como horizonte y compiten desde posiciones muy diferentes por el significado actual del nacionalismo catalán. Junts conserva la estructura territorial, la cultura de gobierno y buena parte de las élites que atravesaron las sucesivas transformaciones de Convergència.

Puigdemont mantiene el liderazgo surgido del procés y el partido utiliza —aún— sus siete diputados en el Congreso para negociar con el PSOE, condicionar la legislatura española y presentar resultados concretos a su electorado. Aliança nació en Ripoll en 2020, creció alrededor de un liderazgo personalista y convirtió la inmigración, el islam, la seguridad y la preservación de la identidad catalana en el centro de su oferta.

Los de Sílvia Orriols prometen una independencia unilateral y una Catalunya catalana, denuncia los acuerdos con Madrid como una forma de renuncia y ofrece al independentista frustrado una ruptura más nítida que la estrategia de Junts. Y, aunque ambos tengan claro su papel, lo cierto es que la competencia ha empezado a modificar a los dos partidos.

Junts ha endurecido su discurso migratorio, reclama competencias para Cataluña y defiende que su capacidad de negociación permite actuar allí donde Orriols sólo puede formular consignas. Pero Aliança trata a Junts como una formación integrada en el sistema que dice combatir y presenta cada negociación con Pedro Sánchez como una prueba de su domesticación

"Ofrecen claridad y contundencia allí donde una parte del electorado percibe ambigüedad estratégica en Junts e indefinición ante los asuntos que le preocupan. Ya no se limitan a la relación entre Cataluña y España, sino que construyen un "nosotros" cultural frente a un "ellos" presentado como una amenaza", afirma Astrid Barrio, profesora titular de Ciencia Política en la Universitat de València y antigua impulsora de la Lliga Democràtica, un partido catalanista de centro.

La presidenta de Aliança Catalana, Sílvia Orriols, interviene durante el acto político 'Salvem Barcelona', el 19 de junio de 2026

La presidenta de Aliança Catalana, Sílvia Orriols, interviene durante el acto político 'Salvem Barcelona', el 19 de junio de 2026 David Zorrakino / EP.

El presidente de Junts per Catalunya, Carles Puigdemont (C), ofrece declaraciones a los medios, a 24 de enero de 2026, en Perpiñán (Francia).

El presidente de Junts per Catalunya, Carles Puigdemont (C), ofrece declaraciones a los medios, a 24 de enero de 2026, en Perpiñán (Francia). Glòria Sánchez / EP.

El intercambio se produce en un escenario posterior al procés, con la independencia alejada del centro cotidiano de la política catalana y asuntos como la vivienda, la inmigración o el deterioro de los servicios públicos ocupando una parte creciente de la conversación. La división nacional continúa ordenando el sistema, aunque ya no encierra dentro de cada bloque todas las demás preferencias ideológicas.

Para entenderlo, hay que adentrarse en sus bases. Anthony Corey Sànchez, graduado en Historia y miembro del partido en Sabadell, pivotó por diferentes formaciones y movimientos políticos —el último, Junts— antes de adentrarse en la de Orriols. "Llegué a Aliança tras constatar lo que considero un engaño sistemático", dice a EL ESPAÑOL.

"Junts y ERC tuvieron gobiernos, mayorías y oportunidades históricas para hacer efectiva la independencia, pero no quisieron o no pudieron aprovecharlas. Quienes vivimos el proceso soberanista siendo jóvenes todavía recordamos que nos dijeron que las estructuras de Estado estaban preparadas y que la independencia era cuestión de horas. Al final, todo era humo", prosigue.

Un ascenso

En ese contexto, lo ocurrido en Cambrils contiene tanto el avance de Aliança como sus límites. La dirección de Orriols puede convencer al portavoz de Junts en una ciudad de 37.000 habitantes, convertirlo en alcaldable y acompañar el fichaje con la imagen de una integración colectiva.

Pero las otras dos concejalas que poseían actas en la ciudad balneario se negaron a seguirlo. "No comparto esa idea política y no entraré en Aliança", afirma Recasens, que recuerda que "el voto de la ciudadanía es sagrado". Su respuesta separó dos realidades que a menudo se presentan juntas: el malestar de una organización y la disposición a cruzar la frontera ideológica que conduce hasta la extrema derecha independentista.

La secuencia de las encuestas indica que el desplazamiento electoral avanza con mayor rapidez. En marzo de 2025, el Centre d'Estudis d'Opinió —que depende de la Generalitat— calculaba para Aliança entre ocho y diez diputados. En noviembre ya le concedía entre 19 y 20, en empate técnico con Junts.

El PSC ganaría las elecciones catalanas con una horquilla de entre 36 y 38 escaños, seguido de ERC (24-26), mientras que Aliança Catalana superaría a Junts, obteniendo entre 23 y 25 diputados, y los de Carles Puigdemont se quedarían con una horquilla de entre 16 y 18, según el Centre d'Estudis d'Opinió (CEO) de la Generalitat.

El PSC ganaría las elecciones catalanas con una horquilla de entre 36 y 38 escaños, seguido de ERC (24-26), mientras que Aliança Catalana superaría a Junts, obteniendo entre 23 y 25 diputados, y los de Carles Puigdemont se quedarían con una horquilla de entre 16 y 18, según el Centre d'Estudis d'Opinió (CEO) de la Generalitat. Europa Press.

La última oleada vuelve a elevar su techo y amplía la distancia entre ambos. Aliança atraería asimismo al 23% del electorado de Vox, de modo que su ascenso desborda el independentismo y alcanza a votantes que priorizan la inmigración o la seguridad por encima de la relación entre Cataluña y España.

El sorpasso proyectado se apoya en una transferencia asimétrica: la formación pequeña captura una porción considerable del electorado de un partido mayor, envejecido y sometido a una fuerte pérdida de fidelidad, mientras el flujo inverso resulta mucho menor.

Al mismo tiempo, la oferta de Orriols desborda esa frontera. Combina la independencia unilateral, el nacionalismo lingüístico, la preferencia de los nacionales en el acceso a recursos, una política migratoria restrictiva, la deportación de extranjeros que delincan y un discurso que presenta el islam como incompatible con los valores occidentales.

También de Abascal

Esa mezcla le permite competir con Junts en el eje nacional y con Vox en el ideológico, mientras conserva una identidad propia frente a ambos. El estudio que Martínez-Cantó firma junto a Julià Tudó-Cisquella en el Institut de Ciències Polítiques i Socials (ICPS) sitúa a las dos derechas radicales catalanas dentro de una misma familia nativista, articulada en un caso alrededor de la nación catalana y en el otro, de la española.

"Una vez compartida la preocupación por la inmigración, la elección depende fundamentalmente de la identidad nacional: quienes se sienten más catalanes tienden a optar por Aliança y quienes se sienten más españoles se inclinan por Vox", explica a este periódico el politólogo.

Javier Martínez Cantó ha presentado recientemente 'El ascenso de la derecha radical en Cataluña. Un análisis de Vox y Aliança Catalana', publicado por el ICPS y elaborado junto a Julià Tudó-Cisquella, investigador de la Universidad de Bergen.

Javier Martínez Cantó ha presentado recientemente 'El ascenso de la derecha radical en Cataluña. Un análisis de Vox y Aliança Catalana', publicado por el ICPS y elaborado junto a Julià Tudó-Cisquella, investigador de la Universidad de Bergen. Minda de Gunzburg Center for European Studies / Harvard University

Durante los años centrales del procés, la independencia ordenó buena parte de la competencia política catalana y mantuvo dentro de cada bloque a electorados con posiciones distintas sobre economía, inmigración o seguridad. La pérdida de centralidad del conflicto territorial ha devuelto peso a esos asuntos y ha debilitado la utilidad de las coaliciones amplias que se habían formado a su alrededor.

"Aliança Catalana conecta la inmigración con la seguridad y la delincuencia, pero añade la educación como instrumento para proteger la lengua y la cultura catalanas. Esa combinación le permite competir directamente con Junts en el espacio identitario", sentencia Martínez-Cantó.

Junts sigue reuniendo tradiciones diversas: el municipalismo pragmático heredado de Convergència, sectores liberales, dirigentes socialdemócratas incorporados durante el procés y un liderazgo que conserva la confrontación con el Estado mientras negocia en Madrid con el PSOE.

Aliança reduce esa ambigüedad mediante una propuesta más homogénea. Ofrece ruptura a quien considera agotada la estrategia de Puigdemont y dureza migratoria a quien cree que los partidos catalanistas han abandonado esa discusión.

El análisis de la encuesta postelectoral del CIS permite precisar qué sostiene electoralmente esa oferta. Los votantes de Vox y Aliança son mayoritariamente hombres, de mediana edad, situados a la derecha y preocupados por la inmigración, mientras que la identidad nacional canaliza esa preocupación hacia una formación u otra.

Entre quienes consideraron la inmigración el asunto central de la campaña, la probabilidad estimada de votar a la formación de Orriols pasó del 2% al 9%. El estudio de las transferencias desde Junts y ERC conduce a una conclusión especialmente relevante: señalar el conflicto territorial como principal preocupación no aumentó la propensión a cambiar el voto hacia Aliança.

Y, entre los antiguos votantes de Junts, incluso la redujo, aunque con una significación estadística limitada; la inmigración, en cambio, aparece como el factor más consistente del desplazamiento. El crecimiento de Aliança responde así menos a un voto de castigo por el desenlace del procés que a una reordenación nativista del espacio nacionalista catalán.

El valor político de Sílvia Orriols ha consistido en convertir esas posiciones en una oferta reconocible. El partido nació en Ripoll en 2020 a partir de una escisión del Front Nacional de Catalunya, después de que Orriols hubiera entrado como concejala en el consistorio.

La ciudad estaba marcada por los atentados del 17 de agosto de 2017: varios integrantes de la célula yihadista que asesinó a 16 personas en Barcelona y Cambrils habían crecido allí. Orriols articuló su ascenso alrededor de la inmigración, el islam, la seguridad y una denuncia permanente de las élites independentistas.

En 2023 pasó de una concejala a seis, ganó las municipales y fue investida alcaldesa por la incapacidad de Junts, ERC, PSC y CUP para cerrar una mayoría alternativa. Un año después, Aliança logró dos escaños en el Parlament.

El portavoz del PSC, David Pérez, y la portavoz de Aliança Catalana, Rosa María Soberana, durante la junta de Portavoces del Parlament de Catalunya, el 28 de abril de 2026.

El portavoz del PSC, David Pérez, y la portavoz de Aliança Catalana, Rosa María Soberana, durante la junta de Portavoces del Parlament de Catalunya, el 28 de abril de 2026. David Zorrakino / EP.

Una arquitectura

El posterior salto de Ripoll a Cataluña se apoyó en un liderazgo muy personalista y en una comunicación concebida para las redes sociales, donde las intervenciones de Orriols circulan sin la intermediación de los medios que ella presenta como parte del sistema.

"Mucha gente ve en Aliança Catalana la determinación de abordar aquello que Junts lleva años esquivando por miedo a la corrección política", sostiene Anthony Corey Sànchez. "Junts se ha convertido en una pieza más del engranaje autonómico, blanda y ambigua en asuntos fundamentales. Y Aliança ofrece un discurso mucho más directo sobre inmigración, inseguridad, servicios públicos e identidad nacional".

Su partido exige el catalán como única lengua oficial y plantea incentivos y obligaciones para extender su uso. Al mismo tiempo, propone bajar impuestos, reducir gasto y favorecer a las familias con hijos. La combinación se parece más a la derecha radical europea que al viejo conservadurismo confesional español y adapta el nativismo a una nación sin Estado.

La diputada y presidenta de Aliança Catalana, Silvia Orriols, durante un pleno en el Parlament de Catalunya, el 15 de abril de 2026.

La diputada y presidenta de Aliança Catalana, Silvia Orriols, durante un pleno en el Parlament de Catalunya, el 15 de abril de 2026. David Zorrakino / EP.

De esa manera, presentan la secesión como el instrumento que permitiría ejecutar políticas migratorias y culturales que la autonomía no puede aplicar. "Porque Aliança conecta la independencia con una idea de orden, firmeza y protección de la identidad catalana. Ese espacio ha quedado libre porque Junts ha moderado su discurso y ha asumido una lógica de negociación permanente con el Estado", sentencia Sànchez.

El crecimiento electoral, sin embargo, no entrega por sí solo una organización. Los municipales exigen cientos de candidatos, conocimiento del territorio, personas capaces de intervenir en un pleno y redes que permitan completar listas sin comprometer la reputación del partido.

En 2023, Aliança se presentó únicamente en Ripoll, Manlleu y Ribera d'Ondara. Consiguió representación en las tres localidades —con ocho concejales en total—, aunque sus experiencias fuera de Ripoll pronto mostraron la fragilidad del despliegue: el cabeza de lista de Manlleu dejó el acta y rompió con la dirección, mientras el representante de Ribera d'Ondara acabó expulsado tras distintas polémicas.

Junts obtuvo en aquellas mismas elecciones más de 2.600 concejales. La distancia entre ambos explica la opa de Orriols sobre el mundo local posconvergente.

La OPA hostil

Aliança ha intentado acortarla por tres caminos. El primero consiste en incorporar concejales de otros partidos y presentarlos como futuros alcaldables. El caso más claro antes de Cambrils fue el de Èric Esteban, número dos de Junts en Amposta, que perdió las primarias de su formación, abandonó el grupo, pasó a ser edil no adscrito y será el candidato de Aliança en la capital del Montsià.

Conxita Iglesias, elegida por ERC en Sant Feliu de Buixalleu, siguió un recorrido parecido y perdió sus responsabilidades en el gobierno local tras acercarse al partido de Orriols. Eduard Àngel, cabeza de lista republicano en Amer, el pueblo de Puigdemont, rompió con ERC por el apoyo a la investidura de Salvador Illa, se afilió a Aliança y entró en su estructura comarcal.

La segunda vía pasa por acuerdos con formaciones independientes que aportan concejales y una organización ya asentada. En Sant Antoni de Vilamajor, Aliança pactó con el Partit de les Urbanitzacions, que obtuvo tres ediles en 2023, para que llevaran sus demandas al partido y este las defendiera en el Parlament.

En Bellpuig alcanzó una entente con una lista de dos concejales liderada por Salvador Bonjoch, alcalde durante dos mandatos y expresidente del Consell Comarcal por CiU, convertido después en coordinador comarcal de Aliança. En Berga, la elección como alcaldable de Judit Vinyes, de Berga Grup Independent, permitió sumar una figura con acta y experiencia, aunque provocó tensiones dentro de las dos organizaciones.

Salvador Bonjoch (izquierda), uno de los primeros cuadros municipales en abandonar el espacio de Junts para acercarse a Aliança Catalana, junto a Carles Puigdemont y Anna Quesada, en una imagen anterior a su incorporación al partido de Sílvia Orriols.

Salvador Bonjoch (izquierda), uno de los primeros cuadros municipales en abandonar el espacio de Junts para acercarse a Aliança Catalana, junto a Carles Puigdemont y Anna Quesada, en una imagen anterior a su incorporación al partido de Sílvia Orriols. Junts.

Existe una tercera fórmula, menos visible, que aprovecha la presencia de militantes de Aliança en candidaturas ajenas. Jordi Soteras entró en el Ayuntamiento de Santpedor en la lista de Junts después de la dimisión de un concejal y la renuncia de cinco personas que lo precedían; para entonces ocupaba un cargo en la estructura comarcal de Aliança.

Marina Quintana, presidenta del partido en Osona y antigua concejala de Junts, accedió al consistorio de Roda de Ter al correr la lista de una formación independiente. En Vilaverd, la renuncia de varios integrantes de una candidatura vinculada a ERC permitió entrar a Albert Llurba, coordinador de Aliança en la Conca de Barberà.

Mediante tránsfugas, sustituciones y pactos con marcas locales, el partido afirmaba en abril que contaba directa o indirectamente con 18 concejales en nueve comarcas, aunque buena parte de ellos seguía conservando formalmente las siglas con las que se presentó.

"El salto de cuadros locales revela debilidad organizativa y porosidad ideológica. Aliança puede crecer captando votos y apropiándose de redes, liderazgos y capital político municipal procedentes del espacio posconvergente. Los movimientos de Santpedor y Cambrils son relevantes porque muestran una capacidad de penetración territorial. El sistema de partidos se recompone y las élites políticas empiezan a recolocarse", subraya Astrid Barrio.

Puzzle de candidatos

Las biografías incorporadas completan una organización más heterogénea de lo que su discurso compacto sugiere. El posconvergente Genís Pinart, hijo del histórico alcalde de CiU en el Port de la Selva, preside Aliança en el Alt Empordà; Pep Llamas fue coordinador de Junts en el Berguedà; Francina Suau había ocupado el número dos del PDeCAT en Calafell, y Esther Baldajos formó parte de la dirección de Junts en el Alt Penedès.

Del espacio republicano proceden Jordi Coma, militante de ERC durante un cuarto de siglo y exconcejal de Olot, ahora asesor del grupo parlamentario de Orriols, y Ramon Abad, que había figurado en una lista de ERC antes de convertirse en diputado de Aliança por Lleida y dejar el escaño por motivos de salud.

Eduard Rel, antiguo número dos del PSC en Tortosa, encabezará la candidatura del partido en la ciudad. La captación se concentra en el nacionalismo conservador, pero se rige también por la disponibilidad de capital local: reputación, acta, contactos y capacidad para armar una lista.

Esa estrategia ha generado rechazos y errores de selección. Aliança tanteó al exconseller de Economia Jaume Giró para Barcelona y recibió una negativa. También fracasaron las aproximaciones al alcalde de Figueres, Jordi Masquef, y a otros cuadros municipales de Junts.

Jaume Giró, exconseller de Economía y Hacienda, en una imagen del pasado junio.

Jaume Giró, exconseller de Economía y Hacienda, en una imagen del pasado junio. E. E. Europa Press

La formación anunció que presentaría para la capital catalana a un hombre conocido. Después reconoció que el elegido se había echado atrás. En Figueres retiró a su primer candidato cuando se conoció que había mantenido una relación con una menor de edad.

La designación de Vinyes en Berga provocó la amenaza de dimisión de militantes locales; en Rubí, los vetos a integrantes de la ejecutiva abrieron una crisis interna. La misma dirección que busca crecer deprisa ha reforzado el control de las listas para reducir los costes de esa expansión: en las ciudades de más de 30.000 habitantes decidirá directamente el comité de gobierno y todas las candidaturas deberán recibir su visto bueno.

La trayectoria de Daza añade una capa menos ideológica al trasvase. Llegó al Ayuntamiento con Nou Moviment Ciutadà, la formación local de Oliver Klein, y fue primer teniente de alcalde y concejal de Urbanismo hasta que en febrero de 2023 perdió sus competencias tras romper con el alcalde.

Junts lo convirtió entonces en cabeza de lista de Compromís per Cambrils, la candidatura que concurrió bajo su coalición municipal y consiguió tres concejales. Daza entró en el gobierno del socialista Alfredo Clúa, que lo expulsó en febrero de 2025 por pérdida de confianza después de acusarlo de cuestionar acuerdos que había avalado, filtrar información y desacreditar al ejecutivo.

La crisis terminó con la renuncia de Clúa y el regreso de Klein a la alcaldía. Aliança será la tercera marca con la que Daza concurra en tres municipales consecutivas. Él atribuye el último salto a la falta de apoyo de Junts: "El acuerdo que tomamos se ha diluido". El partido de Orriols le ofrece una nueva candidatura; y Daza le entrega experiencia y un equipo ya formado.

Un grupo de personas se manifiesta en Barcelona con pancartas de Aliança catalana.

Un grupo de personas se manifiesta en Barcelona con pancartas de Aliança catalana. Rafa Martí. Rafa Martí

Método municipal

El fichaje permite observar el método. Daza resuelve de una vez el problema del candidato, la notoriedad y el equipo mínimo. La presentación exageró el alcance del acuerdo al incorporar a dos concejalas que no lo habían aceptado, y el desmentido mostró el riesgo de confundir el respaldo de una parte de la agrupación con la adhesión de quienes poseen las actas.

Recasens reconoció su decepción con el comité local de Junts y, a la vez, separó ese agravio de su posición ideológica. Su caso recuerda que el malestar organizativo abre una oportunidad para la fuga, pero no determina su destino. Para cruzar de Junts a Aliança hace falta aceptar además una frontera política que muchos dirigentes del antiguo espacio convergente continúan considerando infranqueable.

Junts ha respondido a la amenaza explotando el recurso del que dispone en mayor cantidad: la implantación territorial heredada. Su dirección trabaja desde 2023 para reagrupar la diáspora convergente que quedó fuera del partido tras la desaparición del PDeCAT.

Ha renovado acuerdos con Impulsem Lleida e Impulsem Penedès, negocia entendimientos con Convergents y ha incorporado a su órbita marcas locales que pueden impedir que Aliança ocupe ese espacio. La operación sirve para completar listas, conservar alcaldías y retener representación en diputaciones y consejos comarcales, donde unos pocos concejales pueden alterar mayorías.

Frente a una fuerza que depende de la popularidad de su líder, Junts exhibe alcaldes conocidos, equipos de gobierno y una red construida durante décadas.

La portavoz en el Congreso de Junts, Miriam Nogueras, el secretario general de Junts, Jordi Turull, y el presidente de Junts, Carles Puigdemont, en una imagen de archivo.

La portavoz en el Congreso de Junts, Miriam Nogueras, el secretario general de Junts, Jordi Turull, y el presidente de Junts, Carles Puigdemont, en una imagen de archivo. Europa Press

La respuesta de Junts

La respuesta discursiva ha resultado más vacilante. Junts ha endurecido sus posiciones sobre inmigración y ha tratado de presentar su influencia en Madrid como la vía para obtener competencias y aplicar medidas efectivas, una estrategia destinada a recuperar la propiedad de un asunto que Aliança ha colocado en el centro.

Al mismo tiempo, el partido evita fijar una regla general sobre futuros pactos municipales. Jordi Turull ha señalado los derechos humanos como línea roja, mientras dirigentes territoriales distinguen entre compartir gobierno con Aliança, facilitar una investidura o alcanzar acuerdos puntuales sobre presupuestos y ordenanzas.

Artur Mas ha defendido que se dialogue con el partido de Orriols sin establecer estrategias conjuntas. La ambigüedad responde a la autonomía del mundo municipal y a un cálculo electoral: un cordón sanitario puede movilizar a Aliança como fuerza perseguida; la aproximación corre el riesgo de legitimar su agenda y facilitar que el votante elija el original.

El presidente de Junts per Catalunya, Carles Puigdemont, ofrece declaraciones a los medios, a 24 de enero de 2026, en Perpiñán (Francia).

El presidente de Junts per Catalunya, Carles Puigdemont, ofrece declaraciones a los medios, a 24 de enero de 2026, en Perpiñán (Francia). Glòria Sánchez / EP.

La batalla entre ambos partidos se libra así en planos que avanzan a distinta velocidad. El realineamiento electoral aparece ya consolidado en varias encuestas y beneficia con claridad a Aliança. La circulación de cuadros sigue siendo limitada si se compara con los miles de cargos de Junts y reúne trayectorias demasiado diferentes para hablar de una desbandada homogénea.

"Del mismo modo que Convergència fue el partido que más alcaldes franquistas incorporó en 1979, Aliança podría beneficiarse ahora de la estructura de Junts si el partido no reacciona", prosigue Astrid Barrio.

La implantación territorial continúa favoreciendo de manera abrumadora al partido de Puigdemont, aunque cada fichaje permite a Orriols ahorrarse años de construcción orgánica. Por eso las municipales de 2027 constituyen una prueba distinta de unas elecciones al Parlament: medirán cuánto puede trasladarse una marca en ascenso a candidatos concretos y cuánto pesa todavía la confianza acumulada por las estructuras locales.

También obligarán a comprobar si Aliança puede mantener a la vez sus dos fuentes de crecimiento. El partido recibe votos de Junts porque promete culminar la ruptura que el procés dejó pendiente, y de Vox porque comparte el nativismo y la política de mano dura.

Esa coalición electoral contiene una contradicción nacional evidente y puede comportarse de forma distinta según la urna: Aliança en el Parlament, Vox en el Congreso y una lista municipalista en el ayuntamiento. El último sondeo de ámbito estatal publicado en Cataluña proyecta precisamente esa fragmentación: concede cuatro diputados en el Congreso a Aliança, reduce a Junts de siete a tres y sitúa a ERC como primera fuerza independentista con ocho.

La amnistía

La respuesta de Junts a ese retroceso está ligada, en buena medida, al desenlace de la amnistía. Desde las elecciones generales de 2023, Puigdemont convirtió los siete diputados de su partido en la palanca para corregir las consecuencias judiciales del 1 de octubre: condicionó la investidura de Pedro Sánchez, negoció la ley y situó su aplicación efectiva como la principal prueba de que la estrategia de Junts en Madrid podía producir resultados.

Su regreso a Cataluña ha quedado incorporado desde entonces a las expectativas de recuperación del partido, como el acontecimiento capaz de devolver al expresident la iniciativa y reunir de nuevo a un espacio que continúa reconociendo su liderazgo, aunque empieza a dispersar el voto.

El 16 de julio, tres días después de la fotografía de Cambrils, el Tribunal de Justicia de la Unión Europea declaró que el Derecho comunitario no se opone a la ley española de amnistía y despejó una de las grandes objeciones planteadas contra la norma.

Para Puigdemont, sin embargo, el obstáculo decisivo permanece en España: el Tribunal Supremo excluyó de la medida la malversación que le atribuye por el referéndum de 2017, mantiene vigente la orden nacional de detención y el recurso de amparo se encuentra pendiente de resolución en el Tribunal Constitucional.

El secretario general de Junts per Catalunya, Jordi Turull (i), y el abogado del expresidente de la Generalitat Carles Puigdemont, Gonzalo Boye (d), durante una rueda de prensa, en la sede de Junts, el 16 de julio de 2026.

El secretario general de Junts per Catalunya, Jordi Turull (i), y el abogado del expresidente de la Generalitat Carles Puigdemont, Gonzalo Boye (d), durante una rueda de prensa, en la sede de Junts, el 16 de julio de 2026. David Zorrakino / EP.

El líder de Junts celebró el pronunciamiento europeo como una victoria, pero enfrió la posibilidad de un regreso inmediato: "El camino para acabar con la represión no ha terminado". El Constitucional deberá abordar su caso previsiblemente después del verano. El TJUE avaló el encaje general de la ley el 16 de julio; la orden de detención continúa vigente mientras el Constitucional estudia su recurso.

La sucesión de acontecimientos condensó en una semana la situación de Junts. El 9 de julio, el CEO proyectó que Aliança podía duplicar en escaños al partido de Puigdemont; el día 13, Enric Daza formalizó su incorporación a la formación de Orriols; el 16, Luxemburgo avaló la ley que Junts había convertido en el centro de su negociación con el PSOE.

Las municipales de 2027 medirán el resultado antes de que termine de aclararse toda la recomposición. Aliança deberá demostrar que puede transformar una expectativa de más de veinte diputados en cientos de candidaturas fiables; Junts comprobará si sus más de 2.600 concejales, sus alcaldías y las marcas locales incorporadas durante décadas conservan suficiente capacidad para resistir el cambio electoral.

"La cuestión es si existe espacio para que Junts y Aliança convivan, especialmente si la principal razón de ser de Junts —sostener el liderazgo de Puigdemont— pierde centralidad", concluye Astrid Barrio, profesora titular de Ciencia Política en la Universitat de València y especialista en partidos, nacionalismo y populismo.

Puigdemont espera al Tribunal Constitucional para regresar a Cataluña y abrir una nueva etapa de su liderazgo. Orriols trabaja con otro calendario, el de las listas que deberán estar preparadas para mayo de 2027, y con cada incorporación ocupa una parte del terreno que Junts daba por propia.