Colocan a Sandra Würthner uno de los chips que lleva en la mano izquierda.

Colocan a Sandra Würthner uno de los chips que lleva en la mano izquierda. Sandra Würthner

Reportajes

La alemana Sandra tiene 35 chips en su cuerpo y el bilbaíno Elbio paga con la muñeca: "Te miran como si fueras un alien"

Estos implantes le permiten pagar con la mano, abrir puertas y acceder a espacios que tengan un lector NFC.

Más información: Luces y sombras de la tendencia que combina tecnología y salud para vivir mejor: así es el famoso 'biohacking'

Publicada

La historia de Sandra Würthner puede ser el guion de una miniserie de la plataforma Netflix. Tiene 50 años y 35 implantes repartidos por su cuerpo. Imanes, chips NFC, LEDs y sensores de temperatura conviven en sus manos, brazos, pecho y pierna.

Ella se declara fanática del universo de Star Trek donde su especie favorita eran los Borg, una raza de cyborgs, es decir, seres mitad orgánicos, mitad máquinas.

Würthner se implantó su primer chip en 2017 tras leer sobre el tema en un periódico. "Siempre tuve curiosidad por saber cómo sería tener una pieza de tecnología dentro de mi cuerpo", explica a EL ESPAÑOL. Desde entonces, no ha dejado de experimentar.

Lo compara con algo similar a las personas que tienen el cuerpo entero tatuado. "Hay gente que cubre todo su cuerpo con tatuajes porque cada uno representa algo importante. Para mí los chips son iguales. Cada uno tiene una función o un significado".

En su caso, cada implante tiene una función distinta. "Siempre quiero más, me encanta probar y aprender sobre la tecnología", afirma.

La localización de todos los chips  que tiene Sandra Wurtner en su cuerpo.

La localización de todos los chips que tiene Sandra Wurtner en su cuerpo. Cristian González

Algunos de sus implantes le permiten sentir campos electromagnéticos. "Puedo sentir o escuchar algunos campos magnéticos", relata. Una capacidad que describe como fascinante y que ha cambiado su percepción del entorno.

Sin embargo, tiene sus riesgos. Le suele dar problemas cuando tiene que hacerse una resonancia magnética porque tienen que quitar los imanes. En su caso, le hicieron otro tipo de examen y sí que funcionó.

¿Qué es el 'biohacking'?

Este tipo de prácticas se engloban dentro de un fenómeno conocido como 'biohacking'. Un término amplio que hace referencia a optimizar el rendimiento físico, mental y la longevidad mediante nutrición, tecnología o ciencia.

En la vertiente tecnológica, el 'biohacking' apuesta por integrar dispositivos en el cuerpo humano. Chips NFC, imanes, sensores de temperatura o implantes con LED son algunas de las opciones que ya existen.

A diferencia de otras tecnologías biomédicas, estos implantes no están reservados para hospitales o centros de investigación.

Se trata de una tecnología disponible en el mercado al alcance de cualquier persona.

Un móvil junto a la mano de un hombre con la luz del chip (arriba izquierda); Sandra Würthner acerca su mano al lector de pago NFC de un establecimiento en Las Vegas (EEUU) (arriba derecha); un hombre acerca su mano al lector de una puerta para abrirla (abajo izquierda); momento en el que introducen un chip en el antebrazo de Sandra Würthner (abajo derecha).

Un móvil junto a la mano de un hombre con la luz del chip (arriba izquierda); Sandra Würthner acerca su mano al lector de pago NFC de un establecimiento en Las Vegas (EEUU) (arriba derecha); un hombre acerca su mano al lector de una puerta para abrirla (abajo izquierda); momento en el que introducen un chip en el antebrazo de Sandra Würthner (abajo derecha). Sandra Würthner / Dsruptive

Dentro de este movimiento surge una comunidad llamada 'Los grinders'. Se definen como 'hackers corporales' y practican la implantación de dispositivos cibernéticos en cuerpos orgánicos para llegar al transhumanismo.

Este movimiento cultural e intelectual tiene como objetivo transformar la condición humana mediante el desarrollo y fabricación de tecnologías ampliamente disponibles que mejoren las capacidades, tanto físicas como mentales.

Uno de los pioneros en España

Cuando Elbio Nielsen acerca la muñeca de su brazo derecho a un lector de pago NFC parece una escena de una película de ciencia ficción. No saca la cartera ni el móvil. Se limita a acercar la mano al datáfono y esperar el pitido.

Un simple gesto que casi siempre provoca la misma reacción entre las personas que lo rodean: miradas de sorpresa, otras incómodas y preguntas. "La gente te mira como si hubieran visto a un alienígena descendiendo de un OVNI", admite a este diario.

Para muchos, el hecho de pagar con el cuerpo sigue siendo algo difícil de asimilar.

Nielsen tiene 44 años, nació en Bilbao y trabaja como emprendedor de múltiples empresas tecnológicas. Y lleva tres implantes NFC bajo la piel. Dos en la parte superior de las manos y uno en la muñeca. No se ven, pero están ahí, integrados en su organismo.

Fue de las primeras personas en España en tener un implante dentro de su cuerpo. "Estuve investigando durante un año. Descubrí a DSruptive y a otra empresa muy incipiente en Estados Unidos. Incluso compré chips en China", explica.

Después de años investigando y analizando esta tecnología, llegó a la conclusión de que podía aplicarse en su cuerpo sin riesgos médicos. A partir de ahí, decidió implantarse él mismo sus dos primeros chips.

El tercero fue de la mano de la empresa DSruptive, especializada en este tipo de dispositivos.

Elbio Nielsen implantándose un chip en la muñeca del brazo derecho.

Elbio Nielsen implantándose un chip en la muñeca del brazo derecho. Elbio Nielsen

"Fue por una curiosidad. A mí siempre me ha gustado ir un poco más allá. Entonces yo quería mejorar mis capacidades y reducir la fricción en la ciudad, así como el tiempo perdido en controles de acceso o pagos. Todo eso para mí es una pérdida de tiempo", expresa.

Los chips que lleva están dentro del cuerpo, bajo la piel. Lo que se introduce es una cápsula de cristal hecha de borosilicato, de 16 mm de largo y 2 mm de ancho, dentro de la cual hay una bobina de cobre.

No tienen batería ni componentes activos. Se activa por inducción cuando un lector NFC entra en contacto con ellos.

Cuando lo hizo, hace ya siete años del primero, la reacción de su entorno fue negativa: no lo entendían y lo criticaban.

Muchos veían en ese gesto un experimento extraño, incluso arriesgado. "Desde el desconocimiento pensaban que era una forma de control sobre el individuo". El segundo hace cinco y el tercero hace cuatro.

Hoy, Nielsen asegura que su relación con la ciudad ha cambiado. "Me muevo por la ciudad de forma más orgánica", dice.

No lleva llaves, no usa tarjetas y no depende del teléfono para identificarse o pagar.

Cómo se implementa en el cuerpo

Estos implantes le permiten abrir puertas, realizar pagos sin contacto y conocer su temperatura corporal acercando su dispositivo móvil. Y los utiliza en casa, garaje, gimnasio… En cualquier sitio donde haya un lector NFC.

Dos manos, la de la izquierda con la palma hacia abajo y la derecha con la palma hacia arriba.

Dos manos, la de la izquierda con la palma hacia abajo y la derecha con la palma hacia arriba. Cristian González

Los chips se pueden configurar desde el teléfono, copiando el número alfanumérico de una tarjeta o creando un pequeño repositorio de información personal.

"El centro cambia el identificador de la tarjeta de acceso y lo copian al chip. El sistema lo acepta inmediatamente. Lo configuro y programo desde el teléfono móvil. Es solo copiar y pegar el identificador alfanumérico", apunta.

Este último fue desarrollado en colaboración con la empresa DSruptive. Alejandro Pino, jefe de software de la compañía, explica que el proyecto nació en Suecia, impulsado por Juan José Tara y otros socios mientras estudiaban allí.

"Empezaron como un proyecto entre colegas y, poco a poco, se fueron definiendo objetivos claros. Regresaron a España y desarrollaron un primer producto, mucho más básico", añade.

Pino aclara que la implantación del chip no es una intervención quirúrgica ni una autolesión. Se realiza mediante una jeringa especial y suele colocarse en la mano o el antebrazo, zonas seguras y de fácil recuperación.

La jeringa que se utiliza para implementar los chips. A la izquierda, uno de los chips.

La jeringa que se utiliza para implementar los chips. A la izquierda, uno de los chips. Dsruptive

Lo que se siente es como un pinchazo. "Es muy similar a los chips que llevan los perros", apunta. Al principio, puede haber algo de hinchazón inicial, pero el cuerpo no lo rechaza. "Los materiales están preparados para estar dentro del cuerpo humano y no generan problemas", cuenta.

La mayoría de los usuarios experimentan esa sensación, pero al cabo de pocos días el implante se integra completamente bajo la piel.

Sin embargo, el debate cambia por completo cuando hablamos de implementar estos chips en el cerebro.

La Asociación Madrileña de Neurología (AMN) avisa que actualmente, desde el punto de vista neurológico, no es viable ni seguro implantar un chip NFC directamente en el tejido cerebral.

"No es lo mismo que hacerlo en la mano o antebrazo. Aquí ya implica una neurocirugía invasiva con riesgos elevados", afirma.

Otro de los grandes riesgos es la respuesta del propio cerebro. Ante un cuerpo extraño, el tejido neural genera gliosis, una cicatriz que aísla el implante y altera la comunicación entre neuronas.

"Puede provocar crisis epilépticas, alteraciones cognitivas, problemas motores o cambios en la personalidad, dependiendo de la zona afectada", expresa.

También hay que tener en cuenta un posible aumento de la temperatura. El cerebro funciona con señales eléctricas. Esta asociación asegura que una interferencia electromagnética por la temperatura podría dañar neuronas de forma permanente.

La AMN recuerda que existen interfaces cerebro-máquina, pero solo en contextos médicos muy controlados, como Parkinson, epilepsia o parálisis severa.

Siempre en entornos clínicos muy regulados. En esos casos se usan electrodos médicos y materiales biocompatibles con objetivos terapéuticos concretos, no con fines de conveniencia personal.

Un chip NFC, diseñado para pagos o accesos, no cumple ninguno de esos criterios y supondría un riesgo innecesario.

Pino recalca que esta tecnología no tiene nada que ver con esos procedimientos médicos. "Nuestros chips son pasivos y externos al sistema nervioso. No interactúan con el cerebro", insiste.

El precio varía si se compra el chip en China y se hace de forma manual que cuesta entre 30 y 50 euros. Si es a través de una empresa, por la mano de obra, alcanza una cantidad entre los 90 y 200 euros. Se estima que tiene una vida útil de unos 30 años.

Legal, pero con requisitos

La normativa vigente de la Unión Europea exige que los componentes "deben ser biocompatibles" y superen estudios de toxicidad.

También se aplican regulaciones relacionadas con el software, la protección de datos (GDPR), la seguridad y la autenticación.

En España todavía no existe una regulación específica enfocada a este tipo de implantes porque no se consideran un producto sanitario.

Eso implica que, aunque sean seguros desde el punto de vista material, no pueden usarse con fines médicos o diagnósticos.

Pino asegura que los implantes "no pueden diagnosticar que un individuo tenga fiebre a través del implante para la medición de la temperatura".

No obstante, desde Dsruptive trabajan en modelos más precisos que en el futuro podrían contar con certificación sanitaria.

Ni rastreo de datos, ni control remoto

El funcionamiento es sencillo. El chip es pasivo y no tiene batería. Solo se activa cuando se acerca a un lector NFC, como el que contiene un teléfono móvil o un datáfono. "Solo funcionan cuando se leen con un dispositivo externo. No pueden enviar datos en tiempo real ni localizar a una persona", aclara.

El usuario mantiene un control total sobre lo que graba en su chip, como almacenar un identificador, un enlace, datos básicos de contacto o información médica mínima.

Pino subraya que el riesgo no está en el hardware, sino en las plataformas o aplicaciones con las que se interactúa. "Si la empresa o el servidor donde se gestionan los datos sufre un ataque cibernético, esos datos pueden verse comprometidos, pero el chip implantado en el cuerpo no puede hackearse ni transmitir por sí mismo".

Uno de los usos más llamativos es el pago con el cuerpo. En países del norte de Europa como Suecia, Dinamarca o Austria, ya es una realidad arraigada en la sociedad. No sorprende.

Pino señala que es algo más normalizado en esos países que en España. "Queda mucho por hacer. Es un proceso largo. Muchas tecnologías generan rechazo al principio, pero con el tiempo, cuando la gente ve casos de uso reales de personas y confía, se irá aceptando".

Espera que este tipo de tecnología nazca para quedarse "ya sea ahora o dentro de diez años".

Nielsen opina lo mismo, pero cree que es por "una cuestión meramente cultural y por madurez social. Aquí pesa la narrativa del control y del miedo. Allí el estado de bienestar está más consolidado desde hace tiempo", señala.

El rechazo

Fuera de España, la aceptación social tampoco es unánime. "Hay muchas personas conspiranoicas o muy religiosas. No dan la oportunidad de entender la tecnología y se creen lo que ven en películas", asegura Würthner. Las principales preocupaciones son la invasividad y la seguridad.

El miedo al control social es recurrente. Pino lo considera infundado y muestra una "clara desinformación". "Resulta curioso que este miedo existe cuando muchas personas comparten constantemente su ubicación en redes sociales", señala. Los implantes, insiste, no rastrean ni monitorizan.

Una herramienta útil para la sanidad

En el ámbito médico, el potencial es enorme. Desde identificación sin tarjetas, información médica básica, contactos de emergencia hasta detección de problemas de salud. Pino lo ve como una herramienta que puede mejorar y agilizar los servicios sanitarios.

El biohacking vive un proceso de investigación constante. Por ahora, no han detectado riesgos en el cuerpo humano.

Pino aclara que el funcionamiento del chip depende en gran medida del móvil, la antena y la funda utilizada para la lectura.

No se trata de fallos del implante, sino de dificultades puntuales a la hora de localizarlo con determinados dispositivos, que tienen menos potencia NFC.

Una mujer acerca el teléfono móvil al chip para conocer su temperatura.

Una mujer acerca el teléfono móvil al chip para conocer su temperatura. Dsruptive

"El chip funciona igual. En esos casos, es necesario acercar más el brazo o ajustar el gesto hasta que el lector induce la energía suficiente", señala. Con el uso, ese movimiento se automatiza.

La falta de un estándar único entre fabricantes de móviles y antenas explica estas diferencias. Tras un breve periodo de aprendizaje, y apoyados en vídeos explicativos, la lectura acaba siendo fluida y sin problemas.

La gran pantalla lleva décadas anticipando este escenario. Matrix, Blade Runner, Ghost in the Shell o Elysium… Imaginaron un mundo donde humanos y máquinas conviven en un mismo cuerpo.

Pino cree que se normalizará en un futuro a largo plazo cuando las nuevas generaciones tengan una relación más natural con la tecnología. "Si el implante ofrece una ventaja real, lo adoptarán. Y lo harán sin dramatismo".

La historia demuestra que lo diferente siempre genera recelo. Incomoda y genera críticas. Los tatuajes, los piercings, los teléfonos móviles o Internet también despertaron alarma en su momento.

Quizá dentro de unos años, acercar la mano a un lector sea tan normal como sacar una llave del bolsillo. O quizá no.

Tal vez los implantes sigan siendo un territorio confuso, minoritario. Solo para los que decidan apostar por explorar los límites entre el cuerpo y la tecnología.

El futuro dará la respuesta. Mientras tanto, Nielsen tiene pensado incorporar a su cuerpo nuevos implantes. Würthner hará lo mismo. No van a dejar de creer en una tecnología que, para ellos, ya forma parte de su identidad y de su forma de habitar en el mundo.

Cristian Jesús González es alumno del Máster de Periodismo Multimedia con IA de El Español en su tercera edición. El reportaje se basa en una investigación para hacer el Trabajo Fin de Máster (TFM)