Joven observando por la ventana.

Joven observando por la ventana. J.O

Reportajes

De la familia numerosa a vivir solos: la radical transformación de los hogares españoles en los últimos 30 años, según 'la Caixa'

El Observatorio Social de la Fundación 'la Caixa' analiza la transformación de la convivencia en España entre 1991 y 2022. El envejecimiento, la baja natalidad y la emancipación entre las causas.

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Durante décadas, la imagen de la familia española estuvo ligada a mesas llenas, pisos donde no cabían más muebles y hogares donde convivían padres, hijos, hermanos y abuelos. Hoy, esa fotografía es cada vez menos frecuente.

España nunca había tenido tantos hogares como ahora y, sin embargo, nunca habían sido tan pequeños. En apenas treinta años, vivir solo ha dejado de ser una excepción para convertirse en una de las formas de vida más habituales. Mientras, las familias numerosas son cada vez menos frecuentes y menos numerosas.

El informe Hogares en transformación en España y Portugal, impulsado por el Observatorio Social de la Fundación 'la Caixa' en colaboración con el Centro de Estudios Demográficos, ha estudiado la evolución de los hogares entre 1991 y 2022.

Diversos motivos como el envejecimiento de la población, la caída de la natalidad, el cada vez mayor retraso en la emancipación y el aumento de las separaciones de relaciones personales han transformado por completo la manera de convivir de los españoles, un país ahora más individual, diverso y fragmentado que el de los años noventa.

Estas son algunas de las principales conclusiones extraídas del estudio de Fundación 'la Caixa' y liderado por los investigadores Albert Esteve, Juan Galeano y Jesús García, del Centro de Estudios Demográficos de la Generalitat de Cataluña y la Universitat Autònoma de Barcelona.

De chaise-long a sillón

En estas tres décadas de análisis, los hogares unipersonales han aumentado un 81 %, mientras que los hogares extensos, formados por cinco o más personas, han caído un 73%.

Aunque se ha evolucionado hacia un prototipo cada vez más reducido y diverso en el que los núcleos unipersonales han protagonizado el mayor crecimiento, la moda no cambia. Tanto en 1991 como en 2022, la mayoría de los hogares estaban formados por dos personas, 23% en 1991 y el 32% en 2022. Es decir, han aumentado un 37,8 % y son los más comunes en España.

En cuanto a cantidad, la población total en España aumentó un 21,9 %, al igual que el número total de hogares, que alcanzó los 19,75 millones, un 67,7 % más que en 1991.

Pero el aumento de los hogares no ha sido consecuencia directa del crecimiento de la población, sino de la reducción del tamaño medio de los hogares, que ha pasado de 3,3 a 2,4 personas por núcleo familiar.

Infografía sobre la distribución de los hogares en España según su tamaño.

Infografía sobre la distribución de los hogares en España según su tamaño. Fundación ”la Caixa”

Individualismos diversos

Además de observar su tamaño, los investigadores han analizado el cambio en la tipología de las estructuras de convivencia. Compara entre los hogares no familiares ("con no parientes") y las estructuras familiares.

En los datos se distinguen las etapas habituales del ciclo de vida: convivencia con los progenitores durante la infancia y la adolescencia; inicio de la vida en pareja y con hijos en la adultez, y convivencia en pareja o en solitario en edades avanzadas.

Con todo ello, han determinado que la reducción del tamaño de los hogares responde a tres tendencias principales.

Como apunta el investigador Albert Esteve, director del Centro de Estudios Demográficos (CED): "Se debe principalmente al envejecimiento de la población, que ha implicado un aumento del número de personas que viven solas, sobre todo mujeres que viven más años que sus maridos".

La segunda tendencia observada es la reducción del tamaño de los hogares nucleares debido a la caída de la fecundidad y la disolución de uniones por separación o divorcio.

La tercera y última responde a la disminución de los hogares formados por cinco personas o más.

Infografía sobre el paso del hogar extenso al unipersonal.

Infografía sobre el paso del hogar extenso al unipersonal. Fundación ”la Caixa”

La comparativa permite observar que las estructuras de convivencia son similares entre hombres y mujeres durante la infancia y la juventud. Las diferencias empiezan a surgir cuando se convive en pareja y con la llegada de los hijos, diferencias que se dan antes en las mujeres, sobre todo tras disoluciones de parejas.

Esto se debe al impacto que ejerce la custodia de los hijos, dado que lo más común es que, tras la ruptura, estos vivan con la madre. En etapas de la vida más avanzadas, las diferencias se amplifican: hay más mujeres que viven en solitario "ya que enviudan antes debido a su mayor esperanza de vida y que sus parejas suelen ser mayores".

Soledad prolongada

Los investigadores también han analizado la evolución de las estructuras familiares más habituales tomando como supuesto la vida de una persona de 80 años.

En ese caso, los tres formatos de convivencia más comunes son: con ambos progenitores (1), únicamente con la pareja (2) y con la pareja y los hijos (3). En conjunto, estas tres estructuras suman un promedio de 40 años de cohabitación.

A lo largo de estas tres décadas también destaca el hecho de que no solo más personas viven en solitario, sino que cada vez se viven más años en solitario.

En España, las mujeres han pasado de vivir solas una media de 4,9 años de vida en 1991 a 7,5 años en 2022. Por su parte, los hombres han pasado de vivir 2,6 años en solitario (1991) a 7,5 años (2022), tal y como se observa en el siguiente gráfico:

Infografía sobre los cambios en las estructuras de convivencia en los hogares.

Infografía sobre los cambios en las estructuras de convivencia en los hogares. Fundación "la Caixa"

También se observa un aumento de la permanencia en el hogar parental debido al retraso en la emancipación juvenil, así como una disminución de los años en los que se convive con la pareja y los hijos, y un declive de todas las formas de vida de las familias extensas.

A su vez, y casi como consecuencia, aumentan las estructuras monoparentales durante la infancia y la convivencia de parejas sin hijos.

En estas tres décadas de análisis también se ha detectado un aumento del número de años vividos con un único progenitor, así como la corresidencia con ambos progenitores.

Treinta años después, la foto de los hogares españoles refleja una sociedad más longeva, más diversa y también más solitaria. El modelo familiar tradicional ha dado paso a nuevas formas de convivencia.

Una sociedad marcada por la baja natalidad, las rupturas y el retraso en la emancipación, dibujando un país donde cada vez hay más hogares, pero menos personas viviendo en ellos.