El candidato de Adelante Andalucía a la Presidencia de la Junta, José Ignacio García (c), durante el acto de cierre de campaña celebrado en la capital andaluza el pasado viernes 15 de mayo.

El candidato de Adelante Andalucía a la Presidencia de la Junta, José Ignacio García (c), durante el acto de cierre de campaña celebrado en la capital andaluza el pasado viernes 15 de mayo. María José López / EP.

Reportajes LA IZQUIERDA DEL SUR

José Ignacio 'el Gafa' García, la sorpresa del 17-M con Adelante: defiende el "derecho a decidir" y una Academia del andaluz

El psicólogo jerezano, heredero político de Teresa Rodríguez y formado en Anticapitalistas, convirtió a Adelante en la gran sorpresa de las andaluzas con un discurso andalucista, anti-Madrid y alejado del sanchismo clásico

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José Ignacio García aprendió pronto que en Andalucía la política también podía hacerse con una camiseta, una silla de enea estampada en el pecho y un discurso directo contra Madrid pronunciado con acento de Jerez.

La noche de este domingo 17 de mayo, mientras el PP retenía la Junta aunque perdiendo músculo y el PSOE volvía a quedarse lejos de cualquier alternativa real, el verdadero terremoto de la izquierda andaluza se producía en otro lugar: en Adelante Andalucía.

La formación política multiplicaba por cuatro su representación parlamentaria, pasaba de dos a ocho escaños y convertía a un profesor de instituto surgido del movimiento anticapitalista en uno de los grandes vencedores simbólicos de la jornada electoral.

Teresa Rodríguez, a la derecha, anoche aplaudiendo a José Ignacio García.

Teresa Rodríguez, a la derecha, anoche aplaudiendo a José Ignacio García. EFE/ Romás Ríos

Hasta hace apenas unos meses, José Ignacio —llamado, de manera cariñosa, "el Gafas", por la montura negra que le simboliza y su intento de legislar la gratuidad de productos de salud visual— era visto como el heredero orgánico de Teresa Rodríguez. Un dirigente joven útil para garantizar la continuidad del proyecto tras la ruptura traumática con Podemos bajo la premisa de "liberar al pueblo andaluz" mediante un "sujeto político de obediencia andaluza".

Aquel movimiento fundacional le valió al partido ser etiquetado, con cierta sorna, como Arsa Batasuna. Hoy, en cambio, ya hay dirigentes estatales mirando hacia él.

La muleta de Sánchez

Gabriel Rufián tantea la construcción de un futuro frente plurinacional para las generales de 2027 y en ese mapa aparece el nombre de Adelante Andalucía, una fuerza pequeña pero incómoda, construida precisamente sobre la idea de no depender de nadie en Madrid.

"No seremos la muleta de Sánchez", proclamó García tras conocerse los resultados, culminando una campaña en la que logró convertir una mezcla improbable —andalucismo, estética heredera del primer Podemos, nostalgia del 15-M y rechazo frontal a las "peleítas de salón" de la izquierda estatal— en una de las pocas historias de crecimiento electoral dentro de un espacio político acostumbrado últimamente a la derrota.

A José Ignacio García, nacido en Jerez de la Frontera en 1987, le gusta presentarse más como "militante" que como político. Psicólogo de formación, orientador educativo en la enseñanza pública andaluza y antiguo activista universitario contra el Plan Bolonia, pertenece a una generación que se politizó antes del 15-M pero que se encontró allí un lenguaje nuevo para decir cosas viejas: precariedad, periferia, desigualdad territorial y rechazo a las élites.

Su biografía atraviesa buena parte de la historia reciente de la izquierda alternativa española. Primero Anticapitalistas. Luego el ecosistema fundacional de Podemos. Después la ruptura. Finalmente, la construcción de una marca propia andaluza que pretendía escapar del eje gravitatorio de Madrid.

Buena parte de ese ADN procede del viejo espacio trotskista ligado a la Liga Comunista Revolucionaria y posteriormente integrado en Izquierda Unida como Espacio Alternativo antes de participar en la creación de Podemos en 2014. Aquella cultura política, muy minoritaria electoralmente pero extremadamente influyente en movimientos sociales y universidades, sigue presente en Adelante Andalucía.

José Ignacio García es fotografiado en una rueda de prensa de Podemos en Cádiz, en una imagen de archivo de 2018.

José Ignacio García es fotografiado en una rueda de prensa de Podemos en Cádiz, en una imagen de archivo de 2018. EP.

El político antipolítico

Quienes lo conocen desde hace años dicen que García nunca terminó de encajar en la lógica clásica del político profesional. Durante una etapa fue portavoz adjunto de Adelante Andalucía en el Parlamento autonómico, especializado en educación y muy presente en movilizaciones vinculadas a la escuela pública.

En 2021 dejó incluso su acta de diputado al considerarse incompatible con su plaza de orientador educativo en un instituto de San Fernando. Entonces soltó una frase que todavía hoy sigue repitiendo porque resume perfectamente el personaje que intenta proyectar: "Mi puerta giratoria es la cancela de un instituto".

Esa idea, la política como algo temporal, no como una carrera vitalicia, se ha convertido en uno de los pilares de su relato. También en una forma de diferenciarse de la izquierda estatal que él mismo critica por haberse encerrado en "los salones de Madrid".

Pero la transformación definitiva llegó tras la retirada progresiva de Teresa Rodríguez. Durante años, Adelante Andalucía fue prácticamente inseparable de la figura de la dirigente gaditana y de José María González "Kichi", aquel alcalde de Cádiz convertido en icono municipalista del primer ciclo de Podemos.

García era entonces un cuadro de segunda línea, muy respetado dentro de la organización pero todavía sin economía política real. Todo cambió cuando Rodríguez decidió apartarse de la primera línea por motivos de salud y la organización necesitó construir un nuevo liderazgo.

En marzo de 2024, García fue ratificado con cerca del 94% de apoyo interno como nuevo portavoz nacional de Adelante Andalucía. Desde entonces comenzó una operación política delicada, la de conservar la identidad anticapitalista y soberanista del proyecto sin quedar atrapado en la estética agotada de la izquierda de hace diez años.

José Ignacio García, en una imagen realizada durante la última campaña electoral.

José Ignacio García, en una imagen realizada durante la última campaña electoral. Adelante Andalucía

La campaña del 17-M terminó de pulir esa mutación. Mientras la izquierda estatal seguía discutiendo sobre siglas, coaliciones y supervivencia parlamentaria, García apareció vestido con camisetas de Palestina, dibujos de Federico García Lorca o símbolos populares andaluces.

Recuperó incluso un vídeo infantil suyo cantando el himno andaluz en 1992, durante el año de la Expo de Sevilla. La estrategia era evidente: construir cercanía. Humanizar al dirigente. Convertir a un político procedente del núcleo duro de Anticapitalistas en alguien reconocible para votantes jóvenes cansados del lenguaje tradicional de la izquierda.

La operación funcionó. Adelante no solo superó ampliamente a Por Andalucía; también consiguió situarse como una especie de laboratorio de una izquierda territorializada que empieza a mirar menos a Madrid y más a los modelos periféricos de Bildu, BNG o Compromís.

Ahí es donde aparece Gabriel Rufián. Desde hace meses, distintos actores de la izquierda plurinacional exploran fórmulas para construir una alianza alternativa al espacio tradicional de Sumar y Podemos de cara a unas futuras generales. ERC, Bildu y BNG aparecen siempre en esas conversaciones. Adelante Andalucía también.

Una 'lengua' propia

El partido de García no esconde su afinidad con ese bloque soberanista. Al no contar con representación propia en el Congreso, en 2023 Rodríguez se sirvió de la CUP para registrar 41 enmiendas andalucistas a los Presupuestos Generales de 2023; también fueron de los primeros en celebrar el histórico ascenso de EH Bildu en 2024.

Su equilibrismo estratégico, no obstante, marca distancias: aseguran no querer replicar el modelo independentista catalán en el sur, pero defienden sin fisuras el derecho a la autodeterminación de los pueblos del Estado. Por ejemplo, Teresa Rodríguez dijo del 1-O que el referéndum era "la única solución a la situación de Cataluña".

Su defensa de lo propio ha encontrado su campo de batalla más mediático y controvertido en las aulas y las letras. En su programa electoral de 2026, el partido plasma una de sus propuestas más ambiciosas: la creación de una Academia Andaluza de la Lengua encargada de redactar una gramática y un diccionario de ámbito universal, además de introducir la variedad andaluza en el currículo escolar como un sistema lingüístico con entidad propia.

El experimento más radical de esta estrategia ocurrió en 2023 en Dos Hermanas, donde la delegación local presentó su programa municipal de cuarenta páginas redactado íntegramente en grafía fonética. En aquel documento, expresiones tradicionales mutaron en fórmulas como nuêtro, lô trabajadorê o lô fâççîttâ.

Pese a las críticas, el argumento del partido permanece inalterable: sostienen que el habla andaluza ha sido históricamente estigmatizada como sinónimo de incultura y que su dignificación no es folclore, sino una decisión política de primer orden.

En la práctica, la formación no persigue la cooficialidad de una lengua separada, sino blindar una promoción institucional activa del andaluz en la educación, la cultura y los medios públicos.

Una izquierda nacionalista

García no ha querido entrar públicamente en demasiados detalles porque sabe que buena parte de su éxito consiste precisamente en presentarse como un dirigente andaluz que no depende de ninguna estrategia estatal. Pero las afinidades son evidentes. Él mismo ha reivindicado en varias ocasiones la necesidad de construir "una izquierda desde abajo, pegada al territorio, con perspectiva confederal".

Su organización rechaza la "hipótesis centralista" de la izquierda española y defiende que Andalucía debe actuar como sujeto político propio dentro del Estado. En otras palabras: una especie de nacionalismo andaluz de izquierdas despojado de folclore clásico y reconfigurado bajo códigos generacionales posteriores al 15-M.

La paradoja es que buena parte de su ascenso se produce precisamente en el momento de mayor debilidad del espacio político del que procede. Podemos se rompió. Sumar no termina de consolidarse. La izquierda alternativa lleva años perdiendo fuerza institucional.

José Ignacio García, en una rueda de prensa de Adelante Andalucía, cuando aún incluían a Podemos y a Izquierda Unida en su coalición, en 2018.

José Ignacio García, en una rueda de prensa de Adelante Andalucía, cuando aún incluían a Podemos y a Izquierda Unida en su coalición, en 2018. E. E.

Y, sin embargo, Adelante Andalucía logra crecer. Fuentes del entorno parlamentario andaluz explican que García ha entendido algo que muchos dirigentes estatales todavía no asumen. Que existe una parte del electorado progresista profundamente cansada de las guerras internas de la izquierda. Él mismo lo repite constantemente. "La gente está harta de las peleítas", suele decir.

Su apuesta ha consistido en reducir al mínimo la discusión identitaria interna y centrarse en cuestiones muy concretas, muy materiales y muy fáciles de explicar. La mejor prueba es la llamada Ley de Gafas Gratuitas, probablemente la iniciativa más reconocible de toda su trayectoria parlamentaria.

La propuesta defendía incorporar gafas y lentillas al sistema público sanitario bajo criterios de renta. García convirtió aquello en una bandera política con un mensaje extremadamente simple: "Ver bien no puede ser un privilegio". La medida terminó funcionando porque mezclaba dos elementos difíciles de combinar: ideología de izquierdas y experiencia cotidiana reconocible para cualquier familia trabajadora.

Andalucía como periferia

En el fondo, toda la construcción política de José Ignacio García gira alrededor de una misma idea: Andalucía como periferia permanente. Sus discursos están llenos de referencias a la pobreza estructural, a la dependencia económica del sur y al rechazo a un modelo político diseñado desde Madrid.

Por eso resulta tan importante para él mantener ciertos códigos personales. Sigue reivindicando a sus amigos de siempre. Insiste en que conserva un trabajo "al que volver". Se define como "partisano", en homenaje a la resistencia antifascista italiana. En sus perfiles públicos utiliza una frase tomada de Gramsci: "Vivir significa tomar partido". Incluso sus detractores admiten que existe una coherencia bastante inusual entre personaje y discurso.

Sus adversarios, naturalmente, ven otra cosa. La derecha andaluza y sectores del PSOE lo presentan como un dirigente radical maquillado de cercanía, heredero directo del primer Podemos y excesivamente próximo a Bildu o al soberanismo periférico.

Teresa Rodríguez y el entonces nuevo portavoz de Adelante Andalucía, José Ignacio García, en la III asamblea del partido.

Teresa Rodríguez y el entonces nuevo portavoz de Adelante Andalucía, José Ignacio García, en la III asamblea del partido. A.A

Las tensiones con la dirección estatal morada fueron durísimas durante años y dejaron heridas todavía visibles. La ruptura definitiva con Podemos acabó incluso en disputas por las siglas y por el control parlamentario del grupo andaluz. García siempre se alineó con el sector de Teresa Rodríguez y defendió la necesidad de construir un proyecto autónomo aunque eso implicara quedarse fuera de las grandes plataformas unitarias de la izquierda.

También rechazó integrarse en Sumar. Esa decisión, muy criticada entonces, hoy aparece reinterpretada por muchos dirigentes andaluces como una de las claves del éxito electoral posterior. La noche del 17-M terminó confirmando algo que hasta hace poco parecía improbable: José Ignacio García ya no es simplemente el sucesor de Teresa Rodríguez.

Tampoco únicamente un dirigente regional con estética alternativa. Se ha convertido en uno de los pocos políticos de izquierdas capaces de crecer electoralmente en un momento de fragmentación generalizada. Mientras el PP retenía Andalucía y el PSOE seguía atrapado en su desgaste histórico, Adelante conseguía instalarse como referencia de una izquierda joven, territorial y profundamente desconfiada del centralismo político español.

Aún está lejos de disputar el poder real en Andalucía. Pero en una izquierda española cada vez más atomizada, donde casi todos retroceden, haber logrado ocho escaños desde la periferia andaluza ha bastado para convertir al orientador de instituto de Jerez en algo mucho más importante que un diputado autonómico.