El actor Pepe Viyuela posando para EL ESPAÑOL.

El actor Pepe Viyuela posando para EL ESPAÑOL. Cristina Villarino

Reportajes

Pepe Viyuela: "Si un político nuevo me gusta y me pide que me una a su proyecto, lo haría. Me ilusiono con facilidad"

"Intento corregir las cosas que no me gustan, sobre todo si tienen que ver con la ira procuro alejarme del mundo hasta que se me pase" // "Me asustan las personas como el presidente de EE.UU., que se cree necesario y se adora y, en cambio, es un ser muy monstruoso".

Más información: Pepe Viyuela: "No soy el Toni Cantó de la izquierda, entre otras cosas, porque no quiero ocupar un cargo"

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Sus mil formas de trepar a una escalera o de interactuar con una silla y sus visajes para el clown conquistaron a la España de los 90.

Ya en los 2000 encarnó al padre más comprensivo del mundo, el buenazo de Chema, que se mantenía utópico y culto en el degradado Esperanza Sur, el barrio ficticio de la serie Aída.

Después no ha parado de trabajar ni de inventar el humor Pepe Viyuela, el payaso serio con el que hoy hablamos.

Ahora tiene por delante más funciones de El barbero de Picasso, en la que representa al amigo íntimo del genio o del monstruo, según quien lo mire.

Además, estrenará en el Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida la obra Timón de Atenas, con un protagonista que convierte en furia una gran decepción

La radicalidad de las emociones no le es ajena a Pepe, que dice trabajar permanentemente por domarse, por no dejarse llevar por el dolor o la ira.

Sus asesores principales los tiene sobre los hombros y son sus padres, a los que perdió hace años, pero lleva consigo.

Y, como si fuera uno de sus números, nos sentamos a charlar de todo ello en dos sillas de difícil asiento, en pendiente, y una un poco rota. Está bien porque vamos a hablar de la vida imperfecta.

Pepe Viyuela durante la entrevista para El Español.

Pepe Viyuela durante la entrevista para El Español. Cristina Villarino

PREGUNTA.- Pepe Viyuela, quiero hablar contigo de todos tus frentes, pero empecemos por el teatro. En concreto, por Timón de Atenas. Timón lo que siente es una profunda traición por parte de sus amigos… ¿Todos tenemos dentro a un vengador que puede activarse ante el resorte adecuado?

RESPUESTA.- Yo creo que sí. Creo que somos animales, que respondemos a estímulos.

Entonces, cuando uno se siente herido, puede huir, pero es que Timón hace las dos cosas: huye y al mismo tiempo procura hacer todo el daño que pueda.

Timón tiene en su vida una grandísima decepción porque de pronto descubre que todas aquellas personas en las que confiaba no merecían esa confianza.

Con lo cual dice 'el dinero me importaba poco, pero ahora la gente me importa menos porque son incluso menos valiosos que eso que buscaban en mí, que era el oro'.

Todos tenemos un Timón dentro y puede ser más o menos vengativo, pero es algo humano.

Otra cosa es que podamos perdonar también, existe la capacidad de perdón, pero el primer impulso que uno siente cuando le agreden no es el de poner la otra mejilla.

De hecho, yo creo que esa invocación a hacerlo viene después de haberse dado cuenta de que la violencia lleva a pocos sitios recomendables.

Pepe Viyuela durante la entrevista para El Español.

Pepe Viyuela durante la entrevista para El Español. Cristina Villarino

P.- Él se vuelve de hecho un poco misántropo, pero a Pepe Viyuela solemos verlo como todo lo contrario, como un filántropo. ¿O tiene ratos?

R.- Claro, claro. No hay un posicionamiento inamovible. Uno tiene principios y los defiende, pero a veces la emoción te lleva a tener deseos muy malos.

Hay que irse educando, hay que ir corrigiendo el rumbo. Siempre que me ocurre algo que me mueve a la ira, intento respirar en lugar de dejarme llevar por ella.

Creo que por eso quizás se me ve calmado. Porque, bueno, estoy permanentemente revisándome e intento corregir las cosas que no me gustan.

Sobre todo si tienen que ver con la ira o con la cólera, procuro alejarme del mundo hasta que se me pase, meterme en un baño en un momento determinado y pedir tiempo muerto: 'por favor, necesito un minuto'.

De hecho, cuando me ha ocurrido que me he dejado llevar, luego no me he sentido bien.

P.- Tiene un coste.

R.- Sí, o una mala contestación por teléfono… Después, inmediatamente intento arreglarlo como pueda. Pedir perdón o remediarlo de algún modo.

P.- Aún os quedan funciones de El barbero de Picasso. Te he oído referenciar a la hija de Picasso, que decía que su padre no fue un genio ni un monstruo, sino un hombre. ¿Qué hacemos con lo del hombre y su obra, separamos, no separamos…?

R.- Yo creo que hay que separarlo. Creo que lo que uno hace mal está mal hecho y lo que uno hace bien, está bien.

A no ser que de pronto descubramos que en la obra de Picasso está su vida privada y que se ha alimentado de ese hombre, digamos, malo que tenía dentro para explotar la faceta de artista.

Pero yo pienso que no es el caso. Pienso que Picasso tiene muchas malas referencias, por parte sobre todo de mujeres, pero luego hay otras que no hablan así de él y su obra es magnífica, y es indudablemente uno de los referentes del arte del siglo XX.

Hay casos extremos de gente muy perversa con la cual no puedes separar, pues su obra artística, en comparación con su maldad, no pinta nada.

Pero es que en el caso de Picasso era un hombre tan genial, tan absolutamente influyente y necesario en la historia de la pintura que esto otro hay que tenerlo en cuenta, no hay que olvidarlo, pero hay que separar.

Pepe Viyuela durante la entrevista para EL ESPAÑOL.

Pepe Viyuela durante la entrevista para EL ESPAÑOL. Cristina Villarino

P.- Tu personaje es su amigo y, como tal, es testigo de ocasión de algunos comportamientos reprobables por parte del pintor. ¿Cómo podemos querer a alguien difícil?

R.- Todos somos difíciles. El hecho de que a mí me quieran, por ejemplo, muchas veces también me asombra. Sobre todo las personas que más cerca de ti están, porque te han visto todo.

Cuando han visto tus oscuridades, tus errores, tus equivocaciones, tus momentos peores en la vida, que te sigan queriendo, la verdad es que ayuda mucho. Ayuda mucho a querer tú también y a perdonar.

Que te quieran quienes te conocen poco es muy fácil, porque no saben nada de ti. Que te quieran quienes saben todo es ya la prueba definitiva del amor.

Hay quien puede decir que es perfecto, pero yo desconfío y me asusta. Me asustan las personas que se consideran absolutamente necesarias y maravillosas, como el presidente de los Estados Unidos, que se adora y, en cambio, es un ser muy monstruoso.

P.- Y habrá quien le quiera.

R.- Y habrá quien le quiera aún así, seguramente. Yo desde fuera no puedo quererle demasiado, pero a lo mejor si fuera mi padre, pues tendría una visión diferente.

P.- Por oficio de hijo.

R.- Seguramente iría con el cargo de hijo.

P.- También habéis estrenado la segunda parte de La familia Benetón. Tu personaje le echa un cable importante a su amigo Toni. Cuando llegan situaciones realmente fuertes en nuestra vida, como la paternidad sobrevenida, ¿pueden estar ahí al mismo nivel los amigos que los lazos de sangre?

R.- Cuando ocurre es maravilloso. Yo no he tenido la experiencia, pues fuimos los primeros que tuvimos hijos y es verdad que, jolín, notas una distancia que se abre.

Bueno, quizá porque tus circunstancias han cambiado tanto que ya ni siquiera eres reconocible para ellos.

Pero cuando tus hijos son muy bien acogidos y cuando se comparte con otros padres el hecho de serlo, es muy hermoso.

Porque la paternidad está llena de dudas, de errores y de problemas y es genial cuando los puedes compartir con alguien y te das cuenta que no estás solo, sino que todos nos equivocamos y estamos perdidos.

Un hijo es para siempre, es una bendición y al mismo tiempo una obligación absoluta para toda la vida. Sus problemas, sus desamores, sus conflictos internos, su economía, son para siempre.

El actor durante la entrevista para El Español.

El actor durante la entrevista para El Español. Cristina Villarino

P.- Quería preguntarte por tus padres, sobre qué tienes todavía de ellos.

R- Escribí un libro cuando murió mi padre que se titula La luz en la memoria, y eso es lo que queda de ellos en mí.

No hay día que no me acuerde de ellos varias veces, que no los tenga en cuenta, que no les pregunte. Creo que es bonito saber de dónde vienes porque hay una cadena en la que nos vamos transmitiendo todo lo bueno y malo que somos.

Yo creo que mis padres no eran perfectos, y quizá cuando me di cuenta de eso me decepcioné un poco, cuando vi que mi padre se equivocaba mucho o tenía mal genio, o cuando decía ‘mi madre qué pesada es’.

Ahora resulta que eso me encanta porque me doy cuenta de que hicieron lo que pudieron y a mi juicio lo hicieron muy bien porque yo tengo muy buenos recuerdos.

Pepe Viyuela durante la entrevista para El Español.

Pepe Viyuela durante la entrevista para El Español. Cristina Villarino

P.- Aún les pregunta.

R.- Ellos me siguen aconsejando. Cuando tengo algún problema o alguna decisión que tomar pienso. ¿Qué harían ellos? ¿Qué me dirían que hicieran?

No es porque yo les haya hecho caso en todo, pero siempre es tener una referencia y una cierta seguridad por sentirte observado por ellos.

Yo no soy creyente, pero sí que tengo muy presente a mi padre y a mi madre y aquí al lado (Pepe se señala los hombros), les pregunto y ellos me responden.

P.- Qué bonito cuando has llegado a conocer tanto a alguien en vida que puedes seguir escuchando su voz para siempre.

R.- Sí, efectivamente. A mí me parece hermoso.

Ellos están enterrados en Logroño y cuando voy a verles, sé que no voy a ver a mi padre y a mi madre, pero sí que voy a ver ese punto de referencia que me queda del lugar en el que reposan sus restos y no dejo de emocionarme, por mucho tiempo que pase.

Seguramente uno de mis últimos pensamientos, el día que me esté marchando, será hablar con ellos.

Pepe Viyuela durante la entrevista para El Español.

Pepe Viyuela durante la entrevista para El Español. Cristina Villarino

P.- Y la sombra de tu abuelo, Gervasio, siempre te ha iluminado también. Hiciste un documental sobre él, que fue refugiado y soldado republicano. ¿Por qué sientes que tienes tanto en común con él sin haberlo llegado a conocer?

R.- Pues mira, yo creo que precisamente la ausencia es lo que me dio la curiosidad. Mis padres, mis tíos... hablaban tan bien de él que yo sentía que me había perdido algo importante.

Y cuando se acabaron esas referencias, cuando ya por más preguntas que hiciera acerca de dónde estuvo en la guerra, o lo que pasó en Francia, no había respuesta, sentí un deseo grande de llenar ese hueco de información, y por eso perseguí su rastro.

Estoy muy contento de haber encontrado cosas que no hubieran venido solas, que estaban en archivos durmiendo, esperando a ser encontradas y eso me ha hecho poder reconstruir ese recorrido y de alguna manera también hacer presente al abuelo.

Luego está esa emoción que comunicas y que compartes con amigos, que se traduce en cosas muy hermosas: tengo un retrato de él de cuerpo entero en casa, hecho por un amigo que de puro pesado que soy me lo hizo a partir de dos fotos.

Ocupa un lugar central en casa, y cuando hablo con Lola, con mi nieta, le digo, ¿sabes quién era este señor? Y ella ya sabe que era su tatarabuelo.

Ya hablaremos de él más adelante y de cuál fue su recorrido, sin pretender adoctrinar, sino simplemente informar, contar lo que sufrió. Sobre todo en el tema de la guerra.

Creo que eso deja un poso importante en nuestros descendientes a la hora de valorar qué lugar ocupan las guerras en la historia. Y nosotros también tenemos víctimas en nuestra familia de una guerra, no por ser republicanos, sino por haber padecido una guerra.

P.- Pepe Viyuela tiene una larga trayectoria, pero quizá el personaje que más popular le hizo fue el de Chema, en Aída. Así que quiero hacerte un pequeño test para ver si compartes algunas características personales con él. La primera, ¿tú crees que eres comprensivo? Por ejemplo, cuando su hijo salió del armario, Chema le brindó un enorme apoyo.

R.- Me cuesta más trabajo, quizá. Es decir, forma parte de esas asignaturas pendientes que uno tiene que estar estudiando permanentemente para recuperarlas.

Creo que soy comprensivo, pero no tanto como el personaje, que era un pedazo de pan absoluto.

Yo tengo que luchar para comprender. Muchas veces tengo que enfrentarme a mí mismo para ponerme en el lugar del otro y decir 'no seas tan intransigente, comprende qué es lo que le pasa y por qué ha tenido este mal día, o por qué ha elegido este camino que a ti no te gusta'.

Tengo que esforzarme más que Chema para comprender.

P.- Ok. ¿Y tienes esta cosa un poco pedantilla, pero adorable, de intentar culturizar al personal a tu alrededor?

R.- Sí, yo creo que eso sí. Tengo una vena un tanto pedagógica.

Muchas veces me creo poseedor de conocimientos que me gustaría hacer llegar a los otros y que luego me doy cuenta de que no tiene ningún sentido porque cada uno tiene su recorrido, y muchas veces quizá el intentar convencer a alguien de algo es el mejor camino para que no te haga caso.

Entonces, sí, también tengo ese impulso, pero intento reprimirlo muchas veces. Con los hijos pasa mucho.

El humorista posando en una pared para El Español.

El humorista posando en una pared para El Español. Cristina Villarino

P.- Y por último, ¿eres utópico como era Chema? ¿Se nos está quedando un mundo para ser utópicos, o cuesta más?

R.- Yo creo que la utopía es necesaria porque si nos quedamos simplemente en los límites de lo que creemos que es posible, nos quedamos cortos.

Ya sé que probablemente no vaya a conseguirlo, que no soy Superman, pero tengo que pensar en un mundo inmensamente mejor para que lo que consiga finalmente merezca la pena.

Si me quedo simplemente en el posibilismo, creo que probablemente no vaya muy lejos.

P.- Hace años te presentaste por Podemos en la lista de Errejón. Si te lo pidiera ahora un candidato con el que estuvieras alineado, ¿accederías?

R.- Qué pregunta. Claro, no se me ha planteado.

Soy tan... o sea, me ilusiono con tanta facilidad, que probablemente diría que sí, si confío en el proyecto.

No estoy escaldado, no estoy en un punto en el que diga nunca más, se acabó, no quiero saber nada. Creo que si un proyecto o una persona me gusta lo que plantea, diría que sí.

P.- ¿Pagaste alguna factura por aquello?

R.- No, no, yo reivindico mucho el error. Cuando doy un paso hacia algún sitio no estoy seguro de lo que estoy haciendo.

Entonces, cuando me equivoco, digo, pues mala suerte, me equivoqué, o lo hice mal, o hay algo que no estaba en mí, en verlo, y no me di cuenta.

No creo que cuando haga las cosas esté acertando. Necesito de tiempo para mirarlo después.

P.- Y más allá, si fueras presidente de gobierno, ¿cuál sería la primera medida que tomarías para este país?

R.- La primera medida que tomaría sería... utópica. Intentaría convocar al diálogo, a la tranquilidad en el debate público, e intentaría provocar consensos.

Es lo que me gustaría, más que nada.. Que no todo fueran golpes y cortes de manga, y exabruptos.

P.- Claro, cómo se instaura eso por ley…

R.- No, sencillamente creo que habría que provocar actitudes y cambios en tu forma de hacer y en tu forma de gobernar.

Es decir, llamemos constantemente al adversario político para el diálogo. Es una cuestión más de talantes y de energía que de una imposición legal.

Es verdad que hay elementos dentro de la política que a veces te da ganas de echarlos. 'Lo siento, no estás hecho ni siquiera para parlamentar'.

Pero claro, ¿cómo echas a alguien de algún sitio donde se supone que tienes que hablar? Tienes que hablar hasta con tu peor enemigo.

Pepe Viyuela durante la entrevista para El Español.

Pepe Viyuela durante la entrevista para El Español. Cristina Villarino

P- Pepe Viyuela es también poeta.

R.- Bueno. (Pepe pone cara de desacuerdo).

P.- Tienes un montón de poemarios. ¿Por qué crees que la gente le teme a la poesía y por qué no le temes tú?

R.- Creo que la poesía quizá está mal vista porque a veces se complica demasiado y deja de ser poesía y se convierte en juegos de palabras, en arquitecturas incomprensibles que alejan a la gente.

La poesía que a mí me gusta es la de abrir ventanas, la de la transparencia, la de desnudarse ante alguien, y ante uno mismo el primero. Que yo muchas veces soy incapaz.

Cuando escribo digo 'esto no lo puedo escribir así porque soy incapaz de contarme a mí mismo desde aquí porque me van a ver'. Pero a la vez esa poesía del desocultamiento a mí me interesa mucho y quizá sea por eso por lo que tanto le tememos.

Me interesa por eso y me da miedo también, porque cuando yo me pongo a escribir sin filtro digo ‘uy, esto no se lo contaría ni a mi mejor amigo, ni a mi pareja, ni a mis hijos’. No sé hasta dónde seré capaz de llegar con ese...

De hecho, hace tiempo que no escribo, porque ya me aburría un poco de decir lo mismo. Si no vas un paso más allá, mejor cállate. Y si vas un paso más allá, pues piénsatelo dos veces antes de decirlo. Me da un poco de miedo descubrirme tanto. De la misma manera que me da miedo salir desnudo a la calle.

P.- Y hasta te pueden multar.

R.- Claro. ¡Puede ocurrir también!