Un espectáculo de luces durante la inauguración oficial del escenario del Wiener Stadthalle, donde se celebrará la 70 edición del Festival de Eurovisión.

Un espectáculo de luces durante la inauguración oficial del escenario del Wiener Stadthalle, donde se celebrará la 70 edición del Festival de Eurovisión. AFP

Reportajes

Una investigación de ‘The New York Times’ cuestiona el televoto español a favor de Israel en Eurovisión 2025

‘The New York Times' cuestiona el televoto español a Israel y revela una campaña impulsada desde el entorno de Netanyahu.

Más información: Las claves de Eurovisión 2026, la edición más política y sin España: fechas y horarios, cómo verlo en nuestro país y favoritos

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En la semana de Eurovisión, Israel vuelve a estar en el punto de mira.

Este lunes, a un día de la primera semifinal del certamen, el diario estadounidense The New York Times publicó un extenso reportaje de investigación sobre cómo el Gobierno israelí habría utilizado el festival como herramienta de "poder blando" internacional.

La investigación pone el foco, entre otros casos, en el televoto español, que otorgó la máxima puntuación a Israel durante la final de 2025.

En ese momento, el resultado chocó de frente con el clima político y social que España llevaba meses viviendo alrededor de la guerra de Gaza: manifestaciones multitudinarias a favor de Palestina, universidades movilizadas y un Gobierno que había reconocido oficialmente el Estado palestino.

El reportaje sostiene que ciertas campañas institucionales y la movilización coordinada de votantes pudieron influir en los resultados del concurso en plena guerra de Gaza, reabriendo así una de las mayores crisis internas que ha vivido Eurovisión en décadas.

Manifestantes portan una pancarta y banderas palestinas durante una protesta contra el candidato israelí antes de la gran final del Festival de Eurovisión 2025 en Basilea, el 17 de mayo de 2025

Manifestantes portan una pancarta y banderas palestinas durante una protesta contra el candidato israelí antes de la gran final del Festival de Eurovisión 2025 en Basilea, el 17 de mayo de 2025 Sebastien Bozon AFP

Defiende, además, que el Ejecutivo de Benjamin Netanyahu ha desarrollado durante años una estrategia organizada para reforzar la presencia israelí en el certamen europeo, hasta el punto de que diplomáticos, ministerios y organizaciones afines participaron activamente en campañas de promoción del voto.

La investigación llega en uno de los momentos más delicados de la historia reciente del festival.

La edición de 2026, que comienza este martes en Viena, está marcada por los boicots y la fractura interna dentro de la Unión Europea de Radiodifusión (UER).

España, Islandia, Irlanda, Eslovenia y Países Bajos han decidido no participar este año tras meses de tensión con la organización por la presencia israelí en el concurso.

47.570 votos para Israel

Uno de los puntos centrales de la investigación es el comportamiento del televoto español en la final de 2025, celebrada en Basilea.

El New York Times ha obtenido los porcentajes detallados y los ha contrastado con el total de votos comunicados en su día por RTVE.

Según los datos analizados, la representante israelí, Yuval Raphael, obtuvo el 33,34% de todos los votos emitidos desde España, equivalente a unos 47.570 votos.

La diferencia con Ucrania, el segundo país clasificado, es sorprendente: apenas un 6,74%, unos 9.620 apoyos.

Yuval Raphael de Israel llega a la alfombra turquesa antes del 69º Festival de la Canción de Eurovisión celebrado en el Rathaus.

Yuval Raphael de Israel llega a la alfombra turquesa antes del 69º Festival de la Canción de Eurovisión celebrado en el Rathaus. Europa Press

A partir de esos datos, el periódico plantea una de las cuestiones que más debate está generando desde la publicación de la investigación: hasta qué punto el sistema de votación de Eurovisión permitía alterar fácilmente el resultado mediante campañas coordinadas.

Hasta este año, cada espectador podía votar hasta 20 veces por canción.

Según los cálculos del reportaje, bastaban "unos pocos cientos de personas votando en masa" para garantizar la victoria israelí en el televoto español.

El diario incluso cuantifica el escenario: si cada usuario agotaba sus 20 votos, solo habrían hecho falta alrededor de 482 personas para superar la cifra de Ucrania y asegurar el triunfo israelí en España.

"No hay pruebas de que Israel utilizara bots", aclara expresamente la investigación.

El problema reside en la vulnerabilidad del sistema ante campañas masivas perfectamente legales, financiadas y coordinadas desde estructuras políticas o diplomáticas.

Algo que convirtió a Eurovisión en algo más que un festival de música.

Lo que estaba en juego ya no eran canciones y coreografías, era la imagen internacional, el relato político y el "poder blando" en mitad de una guerra.

Eurovisión como arma diplomática

Cuando las protestas contra la participación de Israel comenzaron a crecer en toda Europa, el Gobierno de Benjamin Netanyahu entendió rápidamente que Eurovisión podía convertirse en algo más importante que un concurso televisivo de canciones.

En plena ofensiva sobre Gaza, con crecientes críticas internacionales y acusaciones por parte de organismos de Naciones Unidas, el festival ofrecía una oportunidad única: demostrar que, pese al aislamiento político, Israel seguía contando con respaldo popular entre millones de europeos.

Según la investigación de The New York Times, diplomáticos israelíes contactaron discretamente con radiotelevisiones públicas y responsables políticos europeos para evitar que Israel fuese expulsado del certamen.

Algunos países amenazaban con boicotear el festival por la guerra y varias cadenas cuestionaban abiertamente la presencia israelí.

La respuesta del Ejecutivo israelí fue convertir Eurovisión en una operación de soft power. Es decir: utilizar un evento cultural de masas para mejorar la imagen internacional del país.

Un grupo de manifestantes pro-palestinos protesta contra los organizadores del Festival de Eurovisión, exigiendo la exclusión de Israel de la competición y que se preste atención a los crímenes de guerra perpetrados en la Franja de Gaza.

Un grupo de manifestantes pro-palestinos protesta contra los organizadores del Festival de Eurovisión, exigiendo la exclusión de Israel de la competición y que se preste atención a los crímenes de guerra perpetrados en la Franja de Gaza. Europa Press

"Israel debe hacer oír su voz en todas partes", afirmó el presidente israelí Isaac Herzog, que llegó a abordar la polémica en reuniones con líderes internacionales.

Y Eurovisión, con más de 160 millones de espectadores, ofrecía un escaparate imposible de igualar.

"Debemos participar, levantar nuestra bandera y llevar a los mejores artistas a Eurovisión".

La maquinaria institucional llevaba años funcionando, pero la guerra disparó la inversión.

Según documentos analizados por el periódico estadounidense, el Gobierno israelí gastó más de 800.000 dólares en publicidad vinculada a Eurovisión 2024.

Parte del dinero procedía incluso de la oficina de "hasbara" de Netanyahu, el departamento encargado de la comunicación internacional y la propaganda exterior israelí.

El objetivo era claro: lograr una buena posición en el televoto europeo para utilizarla como prueba de legitimidad internacional.

La campaña, según el Times, incluyó anuncios en YouTube, mensajes coordinados en redes sociales y movilización internacional de grupos proisraelíes.

El propio Netanyahu publicó gráficos animando explícitamente a votar "20 veces" por Yuval Raphael.

Incluso diplomáticos israelíes participaron activamente en la movilización. Ilay Levi Judkovsky, viceembajador israelí en Austria, reconoció al diario estadounidense que había contactado con organizaciones de la diáspora para recabar apoyos para Raphael.

Una publicación en la cuenta de Instagram de Benjamin Netanyahu pedía a la gente que votara por Yuval Raphael.

Una publicación en la cuenta de Instagram de Benjamin Netanyahu pedía a la gente que votara por Yuval Raphael.

RTVE y la fractura en la UER

Las sospechas sobre el televoto no comenzaron este lunes.

Tras la edición de 2025, RTVE reclamó públicamente una auditoría externa para esclarecer el funcionamiento del televoto y pidió a la UER acceso a datos más detallados.

Según el New York Times, la organización nunca llegó a encargar esa auditoría independiente ni facilitó el desglose completo de votos.

El director del festival, Martin Green, reconoció al periódico que el órgano rector de Eurovisión solo recibió "datos generales" y no un análisis detallado del voto.

Mientras tanto, el malestar fue creciendo dentro del festival.

La investigación describe reuniones internas tensísimas, amenazas de boicot y discusiones sobre una posible expulsión de Israel del certamen.

Finalmente, la organización evitó votar directamente sobre la continuidad de Israel y optó por aprobar cambios técnicos en las normas.

Entre ellos, reducir el límite de votos por persona de 20 a 10 y prohibir explícitamente campañas "desproporcionadas" promovidas por terceros o gobiernos.

Nuevo aviso a Israel

La polémica, sin embargo, está todavía lejos de cerrarse.

Este mismo sábado, la UER envió un aviso formal a la delegación israelí después de que el representante de este año, Noam Bettan, difundiera vídeos en varios idiomas —incluido español— pidiendo a los espectadores que votaran diez veces por su candidatura.

Martin Green aseguró este lunes en Viena que la organización actuó "en 20 minutos" tras detectar los vídeos y pidió su retirada inmediata.

Aun así, restó credibilidad a la investigación del New York Times.

"Creo que esto es dudoso. Hay demasiadas hipótesis", afirmó el director del festival. "No reconozco las cifras con las que están trabajando".

La propia Unión Europea de Radiodifusión ha terminado admitiendo que nunca había vivido "una crisis semejante" y aunque el organismo ha intentado apagar la polémica modificando parcialmente las reglas del televoto y limitando las campañas promocionales, el debate ya ha escapado del control del festival.

Eurovisión, el concurso que nació en los años 50 con la utópica idea de unir a Europa a través de la música, se ha convertido en un festival fracturado internamente y convertido en un campo de batalla cultural y diplomático.