Seguimiento del operativo sanitario desde Granadilla, Tenerife.

Reportajes Operación hantavirus

Mascarillas, monos y una nube de cámaras: un desembarco montado por el Gobierno para mostrar "orgullo de país"

El Gobierno convirtió el puerto industrial de Granadilla en el centro de un operativo sanitario y político sin precedentes para evacuar a los pasajeros del crucero tras el brote de hantavirus detectado en alta mar.

Más información: Tenerife activa un operativo de alta seguridad para evacuar a los pasajeros del MV Hondius: "Hay que correr; el lunes será tarde"

Puerto de Granadilla (Tenerife)
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El MV Hondius apareció frente al puerto de Granadilla poco antes del amanecer, remolcado lentamente por el Heroínas de Sálvora y escoltado por un silencio extraño para un domingo en Tenerife Sur.

A esa hora, el muelle industrial parecía menos un puerto comercial que un decorado cuidadosamente preparado para una crisis sanitaria internacional: agentes con mascarillas FFP3 y monos blancos junto a todoterrenos de la Guardia Civil, autobuses de la UME alineados frente a la dársena.

Pero también cámaras apostadas detrás de las vallas y decenas de trabajadores pendientes de cada movimiento del barco que durante días mantuvo en vilo a media Europa desde aguas de Cabo Verde.

El Gobierno había elegido precisamente este lugar —remoto, gris, separado de la ciudad y del turismo— para evitar cualquier imagen de contacto entre el crucero del hantavirus y la vida ordinaria de Canarias.

El crucero neerlandés MV Hondius ha entrado a las 6.05 horas de Canarias (5.05 GMT) en el puerto de Granadilla de Abona (sur de Tenerife) para fondear y desembarcar a sus ocupantes.

El crucero neerlandés MV Hondius ha entrado a las 6.05 horas de Canarias (5.05 GMT) en el puerto de Granadilla de Abona (sur de Tenerife) para fondear y desembarcar a sus ocupantes. Europa Press.

Todo, desde la elección del puerto hasta el recorrido blindado hacia el aeropuerto, parecía diseñado para transmitir una idea concreta: control. A las 5.30 de la mañana, el buque polar de la naviera Oceanwide quedó finalmente fondeado frente a Granadilla tras una semana convertida en una anomalía flotante en mitad del Atlántico.

Hantavirus Andes

Tres muertos, un médico británico evacuado en estado crítico y un brote sospechoso de hantavirus Andes —la única variante con transmisión entre humanos documentada— habían obligado a intervenir a la Organización Mundial de la Salud, al Gobierno español, a las autoridades sanitarias europeas y a Canarias, que hasta pocas horas antes seguía negándose públicamente a autorizar el desembarco.

La noche anterior, el Gobierno central terminó imponiendo la operación ante la resistencia del Ejecutivo autonómico de Fernando Clavijo, preocupado por el impacto político y sanitario de recibir el barco en Tenerife.

Una hora después del fondeo comenzaron a subir al barco los equipos de Sanidad Exterior para evaluar uno por uno a los casi 150 pasajeros y tripulantes que seguían a bordo.

El MV Hondius, atracado en el puerto de Granadilla (Tenerife), este domingo.

El MV Hondius, atracado en el puerto de Granadilla (Tenerife), este domingo. Hannah McKay / Reuters.

Según las autoridades, todos permanecían asintomáticos. El dato era clave para sostener el operativo y, sobre todo, para sostener el relato institucional construido alrededor de él.

"El mecanismo está funcionando con toda normalidad", repitió varias veces la ministra de Sanidad, Mónica García, durante una comparecencia improvisada frente al puerto junto a Fernando Grande-Marlaska y Ángel Víctor Torres.

La rueda de prensa arrancó tarde, justo cuando el avión militar que trasladaba a los pasajeros españoles sobrevolaba el muelle camino de Madrid. El ruido seco de las turbinas obligó a detener momentáneamente las intervenciones.

Algunos periodistas levantaron la vista. Los ministros callaron durante unos segundos. Después retomaron exactamente las mismas frases: "seguridad", "normalidad", "salud global", "orgullo de país".

Los españoles, primero

Mientras tanto, detrás del cordón policial, el desembarco seguía avanzando con una precisión casi aeroportuaria. Los primeros en bajar fueron los 14 españoles —13 pasajeros y un tripulante—, trasladados directamente desde el puerto al aeropuerto de Tenerife Sur en autobuses de la UME escoltados por la Guardia Civil.

Desde allí despegaron hacia la base aérea de Torrejón de Ardoz para continuar el aislamiento en el Hospital Gómez Ulla, el mismo complejo militar que España convirtió en símbolo sanitario durante la crisis del ébola de 2014.

Después llegaron los franceses. Más tarde, los canadienses. Luego sería el turno de neerlandeses, británicos, turcos, estadounidenses e irlandeses. El orden no respondía a criterios médicos sino logísticos: la secuencia de vuelos que cada país había conseguido organizar para sacar a sus ciudadanos de Tenerife.

El Airbus a310 del Ejército del Aire que transportó a los españoles que viajaban a bordo del MV Hondius, este domingo embarcando en el aeropuerto de Tenerife Sur.

El Airbus a310 del Ejército del Aire que transportó a los españoles que viajaban a bordo del MV Hondius, este domingo embarcando en el aeropuerto de Tenerife Sur. Borja Suárez / Reuters.

En el aeropuerto, convertido por unas horas en una terminal de evacuación internacional, los pasajeros cruzaban la pista lejos de las terminales comerciales habituales. La mayoría caminaban con mascarilla y bolsas con sus pertenencias.

A pocos metros, miles de turistas seguían entrando y saliendo de Tenerife Sur como cualquier otro domingo. Ese contraste —la normalidad turística funcionando al lado de un operativo sanitario excepcional— era precisamente lo que las autoridades querían preservar.

De ahí la obsesión por los recorridos cerrados, los tiempos medidos y la distancia física entre el MV Hondius y el resto de la isla. La propia elección de Granadilla formaba parte de esa lógica.

Un puerto aislado

El puerto, levantado durante años entre polémicas medioambientales y críticas por su escasa actividad, ofrecía ahora exactamente lo que necesitaba el Gobierno: aislamiento. Un espacio industrial sin tránsito urbano, sin paseantes y sin hoteles alrededor.

Un lugar donde un crucero con un posible brote infeccioso podía desaparecer del paisaje. El choque político entre Moncloa y Canarias se había concentrado precisamente ahí. El Ejecutivo autonómico quería evitar cualquier interacción del barco con infraestructuras centrales de Tenerife.

10 kilómetros separan el puerto del aeropuerto.

10 kilómetros separan el puerto del aeropuerto.

Por eso también generó tensión el anuncio posterior de Oceanwide de trasladar el buque a Santa Cruz para repostar combustible y cargar suministros antes de poner rumbo a Róterdam con la tripulación restante a bordo. Horas después, Sanidad Exterior matizó que el repostaje se realizaría finalmente "en la misma dársena" de Granadilla.

A medida que avanzaba el día, el puerto empezó a vaciarse lentamente. Los autobuses iban y venían entre el muelle y el aeropuerto. Los agentes repetían recorridos idénticos. Los sanitarios seguían entrando y saliendo del barco con carpetas y equipos de protección.

Y el Hondius, inmóvil frente al espigón, empezaba a parecer menos un crucero atrapado por una crisis sanitaria que el escenario de una operación política y logística cuidadosamente coreografiada para demostrar que España podía gestionar, lejos de la ciudad y lejos del ruido, una emergencia internacional sin perder el control de la imagen.