Pedro Sánchez acudirá en viaje oficial a China esta semana para estrechar las relaciones bilaterales con el régimen de Xi Jinping.

Pedro Sánchez acudirá en viaje oficial a China esta semana para estrechar las relaciones bilaterales con el régimen de Xi Jinping. Arte / E.E.

Reportajes

Exembajadores de España en China, ante el viaje de Sánchez: "Es un rival sistémico; no hay que alejarse de nuestros aliados"

Eugenio Bregolat, Juan Leña y Rafael Dezcallar reflexionan sobre el estrechamiento de las relaciones bilaterales promovidas por el Gobierno de Pedro Sánchez.

Más información: La China de Xi Jinping 'invade' silenciosamente Canarias sin oposición alguna del Gobierno.

David García
Publicada

Este fin de semana Pedro Sánchez y Begoña Gómez han despegado desde España rumbo a China en viaje oficial por cuarto año consecutivo para estrechar las relaciones bilaterales entre ambos países.

La agenda pública del presidente del Gobierno comenzará el lunes, cuando visitará la Universidad de Tsinghua, una de las más prestigiosas de China; la Academia China de Ciencias, que le concederá un título honorífico; y las instalaciones de la tecnológica Xiaomi.

Sánchez también tiene previsto reunirse con inversores chinos, con el primer ministro Li Qiang, con empresarios españoles afincados en el Gigante Asiático vinculados con el sector de la automoción, la energía y las telecomunicaciones, y hasta recibir un fastuoso banquete en su honor presidido por Xi Jinping en el Gran Palacio del Pueblo.

El Gobierno ha revestido su ruta de formalismos ("mantener una agenda de alto nivel"; "estrechar relaciones comerciales, estratégicas y bilaterales"). Habrá acuerdos en materia de tecnología, cooperación económica y colaboración académico-científica.

Sin embargo, no se han brindado más detalles sobre la letra pequeña que se firmará con Pekín.

Más allá de las implicaciones bilaterales de la visita, esta llega en un momento de especial tensión entre la Casa Blanca y Moncloa.

Donald Trump tiene en el punto de mira a Pedro Sánchez por haberle negado el uso de las bases de Rota y Morón para atacar a Teherán y por haber cerrado el espacio aéreo a todas aquellas aeronaves destinadas a la agresión contra el régimen de Irán.

Pedro Sánchez, presidente del Gobierno, saluda a Xi Jinping, presidente de la República Popular China, en su último viaje a Pekín, en abril de 2025.

Pedro Sánchez, presidente del Gobierno, saluda a Xi Jinping, presidente de la República Popular China, en su último viaje a Pekín, en abril de 2025. EFE

China, de hecho, ha elogiado la posición de España y su discurso del 'No a la guerra', lo que ha irritado aún más a Estados Unidos.

Incluso el 'halcón' de Marco Rubio, Mario Díaz-Balart, en conversación con este diario, alertó de que "Ceuta y Melilla no están en España sino en Marruecos" y que no le sorprendería que "el presidente Trump estuviera buscando opciones alternativas" ante la "tristeza" de que se esté "poniendo en peligro la alianza entre EEUU y España".

Fuentes diplomáticas creen que la visita de Sánchez puede tensionar aún más las relaciones con Estados Unidos. Hace justo un año, su secretario del Tesoro, Scott Bessent, advirtió a España de que hacerlo era como "cortarse el cuello".

Eugenio Bregolat, exembajador de España en China en tres ocasiones (1986-1991; 1999-2003; 2011-2013), asegura que las palabras de Bessent fueron "de una zafiedad indescriptible" y que, pese a que España deba "intervenir con cuidado" en sus relaciones con Pekín en materias como la ciberseguridad, no debe seguir los pasos marcados por Washington ni amedrentarse ante sus amenazas.

"Las relaciones comerciales entre España y China se rigen por Europa. Es Bruselas la que manda. Si los americanos quieren considerar a China su enemigo, que lo hagan, pero la UE no tiene por qué. Al contrario, debemos adoptar una actitud conforme a nuestros intereses", asegura el diplomático en conversación con EL ESPAÑOL.

Bregolat sitúa la retórica estadounidense en un contexto histórico paradójico: recuerda que Washington la que, al expandir la OTAN hasta las fronteras rusas, empujó a Moscú hacia Pekín.

También que el mismo secretario del Tesoro fue el primero en acercarse a China en cuanto Pekín restringió la exportación de tierras raras —sin consultar a los europeos—, evidenciando la doble vara de medir de una potencia que exige a sus aliados "un vasallaje que ella misma no practica".

De la misma opinión es el exembajador Rafael Dezcallar (2018-2024), quien considera que "los norteamericanos están haciendo negocios gigantescos con China todos los días", lo cual "incluye venderles semiconductores y otros productos sensibles".

(De izquierda a derecha) Eugenio Bregolat, Rafael Dezcallar y Juan Leña Casas.

(De izquierda a derecha) Eugenio Bregolat, Rafael Dezcallar y Juan Leña Casas.

"No sé si a eso también le llaman cortarse el cuello", se pregunta el diplomático. "España sabe muy bien cuál es su papel en relación a China como miembro no menor de la UE y de la Alianza Atlántica. No veo a España alejándose del consenso europeo".

Y añade: "Todos los países europeos sabemos que hacerlo en favor de China sería un grave error. Ese consenso, tal y como lo define la Comisión desde 2019, indica que puede ser en ciertos casos un rival sistémico. Pero añade que en otros casos también puede ser un competidor e incluso un socio. Hablamos de un país complejo".

El exembajador Juan Leña Casas (1993-1999) pone la nota discordante y advierte de que "a la hora de desarrollar las relaciones internacionales hay que tener claro el terreno que se pisa y las bazas con las que se cuenta".

"Algunos ven en este viaje de Sánchez la retórica de cierto antiamericanismo, un 'No a la guerra', un posicionamiento en contra de Israel que no nos beneficia. Principalmente, porque China ni siquiera nos lo va a agradecer. Para China la relación con Israel y Estados Unidos es más importante que la que mantiene con España. No podemos tener un posicionamiento ciego, sin contenidos".

Esto se vuelve especialmente relevante cuando el deterioro en las relaciones diplomáticas empieza a tener consecuencias visibles. El viernes 10 de abril, Netanyahu expulsó a España del órgano que supervisa el alto el fuego en Gaza y amenazó con que pagaría "un precio inmediato".

"Si no estamos en el organismo para la reconstrucción de Gaza, las empresas españolas no podrán beneficiarse del paquete económico milmillonario".

Eso explica por qué España "debe ser prudente en los pasos que da", ya que "Trump es un presidente singular", y porque "China es un rival sistémico, pero no 'rival' de campo de batalla, sino en cuanto a su sistema político y social".

"España debe tener claro que no puede desprenderse del núcleo duro de la Unión Europea o la OTAN", incide Leña Casas. "No debemos alejarnos de nuestros aliados. Hemos de estar en nuestro su sitio: ser un socio y un interlocutor fiable. Cualquier desmarque de manera irreflexiva no tendría sentido".

Tres exembajadores de España en China conversan con EL ESPAÑOL sobre las relaciones bilaterales entre ambos países.

Eso no le exime de "ser un socio muy importante" que, incluso, recuerda el diplomático, "mantiene relaciones comerciales incluso más intensas con Alemania o Italia, solo que con España se ha avanzado mucho en el intercambio de visitas".

En ese contexto se entiende mejor otra imagen que, hace apenas unos meses, dio la vuelta al mundo: Felipe VI y Letizia realizaron una ofrenda floral en la plaza de Tiananmen tras reunirse en el Palacio del Pueblo con Xi Jinping y la primera dama, Peng Liyuan.

Una estampa atípica, casi icónica, que sellaba la primera visita de Estado del actual monarca al gigante asiático.

La Casa Real no pisaba Pekín desde 2007, cuando Juan Carlos I y Sofía se reunieron con Hu Jintao en el Gran Palacio del Pueblo.

Han pasado 18 años desde aquella visita y siete desde que Xi pisó Madrid en noviembre de 2018.

Desde entonces, el Presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, viajó tres veces a China [esta es la cuarta] para reforzar las relaciones bilaterales. Es, junto a Zapatero, el líder que más veces ha pisado la tierra del dragón.

Una relación que comenzó con Felipe González en los 80. "Él fue el primero en llevar a los empresarios a China, en promover los créditos Fondo de Ayuda al Desarrollo (FAD) y en dinamizar las buenas relaciones con la cúspide".

El dilema de Huawei

Más allá de las divergencias geopolíticas que puedan surgir del viaje de Sánchez a China, el epicentro de la controversia reside en los contratos que España tiene con Huawei, ya que el Gobierno no ha impuesto ninguna prohibición explícita hasta ahora a la compañía china.

Por ejemplo, está la adjudicación por parte de Interior de contratos por 12,3 millones de euros a Huawei para suministrar servidores de almacenamiento destinados al Sistema de Interceptación de Telecomunicaciones.

Concretamente, se trata de un contrato para el mantenimiento del sistema OceanStor 6800 V5, utilizado para almacenar las escuchas telefónicas autorizadas judicialmente por las fuerzas de seguridad del Estado.

Mientras el gigante chino fue expulsado de las infraestructuras 5G del país siguiendo recomendaciones de Estados Unidos y la Unión Europea, se le permitió participar en la custodia de las escuchas telefónicas judiciales.

Imagen del 'stand' de Huawei durante el Mobile World Congress 2026.

Imagen del 'stand' de Huawei durante el Mobile World Congress 2026. Huawei

La Guardia Civil y la Policía Nacional también utilizan desde hace años la tecnología de la multinacional para las conferencias y videollamadas que mantienen en las salas de operaciones y los centros de mando, tal y como confirmaron a EL ESPAÑOL diversos mandos policiales y testigos presenciales.

Interior sigue firmando contratos con Huawei seis años después de que Defensa ordenara en 2019 a sus trabajadores la "desconexión inmediata" de dispositivos móviles de la compañía asiática.

Fuentes internas de la Policía Nacional y la Guardia Civil expresaron su preocupación ante lo que consideraban una "incongruencia estratégica" en materia de seguridad.

Washington ha sido uno de los más críticos con esta decisión. Los presidentes de los comités de Inteligencia del Congreso y el Senado, Rick Crawford y Tom Cotton, enviaron el 16 de julio de 2025 una carta a la hoy ex directora de Inteligencia Nacional, Tulsi Gabbard, solicitándola que revisara los acuerdos de intercambio de inteligencia con España.​

"Le escribimos para instarla a revisar los acuerdos de intercambio de inteligencia con el gobierno de España, a fin de garantizar que cualquier información compartida con los servicios de inteligencia, defensa y seguridad del Estado españoles no revele secretos de seguridad nacional de Estados Unidos al Partido Comunista Chino", señalaron los legisladores.​

Crawford fue aún más contundente al afirmar que "España está jugando con fuego al poner en riesgo su seguridad nacional y la de sus ciudadanos al confiar en un conocido agente del Partido para recopilar y almacenar cantidades ingentes de datos sensibles", lo que hace que "se exponga a amenazas claras contra la seguridad y la soberanía, no sólo propias, también de aliados en todo el mundo".

Asimismo, la Comisión Europea se posicionó en contra de la estrategia de España de apostar por la tecnología de Huawei.

La vicepresidenta para la Soberanía Tecnológica, Seguridad y Democracia, Henna Virkkunen, advirtió en una respuesta parlamentaria que los contratos de Interior "tienen el potencial de generar una dependencia de un proveedor de alto riesgo en un sector crítico y sensible que aumentaría el riesgo de injerencia extranjera".

Felipe VI y el presidente de China, Xi Jinping, durante la recepción de honor en el Gran Palacio del Pueblo en la Plaza de Tiananmen en 2025.

Felipe VI y el presidente de China, Xi Jinping, durante la recepción de honor en el Gran Palacio del Pueblo en la Plaza de Tiananmen en 2025. Casa Real

La Comisión Europea advirtió a España de que realizará una "revisión general" de los contratos suscritos con la china Huawei en "sectores críticos" al considerarlo un "proveedor de alto riesgo".

De hecho, la Abogada General del Tribunal de Justicia de la Unión Europea, Tamara Capeta, avaló que los Estados miembros de la UE puedan excluir a fabricantes tecnológicos de "alto riesgo", como Huawei, de sus infraestructuras de telecomunicaciones por motivos de seguridad nacional, aunque el dictamen no fuera vinculante.

Para Juan Leña Casas, los puntos problemáticos de las relaciones España-China tienen que ver, precisamente, con la ciberseguridad y las telecomunicaciones.

"Hay que poner el ojo en todo lo que tiene que ver con las tecnologías. No se puede pasar al 'otro lado' dándole puntos a China a cambio de perderlos nosotros respecto a nuestro propio mundo natural".

El exembajador defiende la postura de la Unión Europea y asegura que "hay que colaborar con China hasta los límites en los que la seguridad" no se ponga en juego. "Es lo que se llama derisking: evitar riesgos", que implica reducir dependencia estratégica sin llegar a un desacoplamiento total (decoupling).

El déficit comercial

El desequilibrio entre España y China también es estructural y se ha disparado a niveles históricos.

En 2025, las importaciones españolas procedentes de China alcanzaron los 50.249,5 millones de euros, mientras que las exportaciones al gigante asiático apenas sumaron 7.971,6 millones, lo que genera un déficit comercial de 42.278 millones, el mayor jamás registrado.

"El déficit es súper exagerado", resume Juan Leña Casas. "Las inversiones chinas en España no pasan últimamente de 650 millones y las españolas en China son extremadamente bajas. La relación bilateral es políticamente correcta, pero los contenidos no son satisfactorios".

China representaba en 2024 el 94% del déficit comercial total de España, y la tasa de cobertura española (las exportaciones como porcentaje de las importaciones) se situaba en sólo el 15,9%. Para comprender la verdadera magnitud de este desequilibrio, hay que observar el saldo exterior de España en su totalidad.

Al término de 2025, la economía española registró un déficit comercial total de 57.054,7 millones. De esa cifra, 55.736,4 millones proceden de los intercambios con China y Estados Unidos conjuntamente, lo que significa que el 97,6% de todo el déficit comercial se concentra en estos dos socios.

Lo que España importa de China no son ya artículos de bajo coste ni textil básico, sino bienes de alto valor añadido y tecnología verde.

En 2025, la partida más voluminosa fue de aparatos eléctricos (11.430 millones de euros), que incluye teléfonos móviles por valor de 2.590 millones; aparatos mecánicos (7.719 millones), prendas de vestir (2.358 millones), juguetes (2.109 millones) y muebles (2.014 millones).

El salto del 11,2% en las importaciones asiáticas en 2025 ha estado liderado por la entrada masiva de bienes de equipo, aparatos eléctricos, ordenadores y equipos de telecomunicaciones.

Paneles solares, coches eléctricos y baterías de litio copan la transición verde importada: de enero a mayo de 2025, el 10,12% de todos los automóviles matriculados en España procedían de China, más del doble que el año anterior, con BYD creciendo un 1.100% interanual hasta 7.788 unidades vendidas en ese periodo.

A cambio, lo que vende España a China son materias primas y alimentos: los principales productos exportados en 2025 fueron farmacéuticos (1.298 millones), minerales (1.259 millones), carne de porcino (996 millones) y cobre (836 millones).

La asimetría es elocuente: España exporta a China recursos naturales y productos primarios, y compra tecnología industrial de alto valor añadido.

Por cada euro que España logra vender en el mercado chino importa algo más de seis euros en bienes manufacturados y tecnología procedentes de China.

El presidente chino Xi Jinping pasa revista a sus tropas.

El presidente chino Xi Jinping pasa revista a sus tropas. Reuters

China gana con claridad el intercambio comercial, pero España ha apostado por reequilibrar la relación atrayendo inversión directa. La inversión china en España se disparó un 331% en 2025, hasta alcanzar 643 millones de euros, su nivel más alto desde 2018, en un año en que la inversión extranjera total en España cayó un 22%.

Los sectores que absorben ese capital chino son la industria electrónica (casi la mitad del total), seguida de la energía, la distribución de automóviles y la fabricación de vehículos.

Sin embargo, los analistas advierten de que el patrón se repite: la inversión llega, pero las exportaciones españolas no crecen al mismo ritmo.

Pedro Sánchez viajó a Pekín en abril del año pasado y firmó siete acuerdos para mejorar el acceso al mercado chino de porcino, cerezas y cosméticos, buscando doblegar ese desequilibrio histórico.

A veces esto trae beneficios. España, mayor productor de cerdo de la UE, vio cómo los aranceles de Trump al porcino estadounidense le abrían una ventana en China justo cuando un brote de peste porcina africana en Collserola amenazaba con cerrarla.

Lo que salvó al sector fue un protocolo de regionalización sanitaria negociado durante diez años con Pekín, que entró en vigor días antes del brote y permitió que solo las provincias afectadas perdieran el acceso al mercado chino.

Para el exembajador Leña Casas, la ambición de España es insuficiente: "Lo que tenemos que hacer es que el nivel de relaciones e intercambios sea mucho más profundo del que tenemos, y que a la retórica siga la realidad".

Con China, concluye, "hay que ser exigente: si no nos quejamos demasiado del desequilibrio, ellos se sienten cómodos, porque es lo que más les beneficia".