A la izquierda,  Mohammad Reza Pahleví, último sha de Irán; en el centro, su hijo Reza Pahlaví; y, a la derecha, Benjamin Netanyahu, primer ministro de Israel.

A la izquierda, Mohammad Reza Pahleví, último sha de Irán; en el centro, su hijo Reza Pahlaví; y, a la derecha, Benjamin Netanyahu, primer ministro de Israel. Diseño: Arte EE

Reportajes

Por qué Israel quiere entronizar a Reza Pahlaví en Irán: el pacto del Mossad con su padre para asegurarse el flujo de petróleo

Tras la Guerra de los Seis Días, en 1968 Israel acordó con el sha la construcción de un oleoducto esencial para la supervivencia del Estado hebreo.

Más información: Objetivo, asesinar a Jamenei: el plan secreto de la unidad 'Amán' del Mossad que vigiló 24 años al ayatolá hasta matarlo

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El inicio de la operación León Rugiente (Furia Épica, para los estadounidenses) llevó al primer ministro israelí Benjamin Netanyahu a pensar en pleno 2026, como pensó su antecesor en el cargo, Levi Eshkol, en 1968, hace ahora 58 años.

Entonces, tras la Guerra de los Seis Días, Israel comprobó su enorme superioridad militar, pero también que tenía un talón de Aquiles: el suministro de petróleo para sostener una campaña larga.

El estado hebreo puso así sus ojos en el petróleo persa del sha Mohammed Reza Pahlaví y firmó con él un pacto secreto que no llegó a materializarse por la irrupción de la Revolución Islámica de 1979: un ambicioso oleoducto que conectaría el Mar Rojo con el Mediterráneo israelí evitando el canal de Suez.

Los problemas son los mismos hoy que ayer. Y al igual que en su día ocurrió con el director del Mossad, Yitzhak Haka Hofi, hoy su sucesor, David Barnea, sabe que el petróleo se ha convertido en una especie de 'oro negro' que Israel necesita para su supervivencia.

En el mes de abril de 2023, Reza Pahlaví, hijo del antiguo sha de Irán y en el exilio estadounidense desde 1979 junto a su familia, realizó un viaje a Israel.

Una parte de su programa fue abierto y público.

Asistió a las conmemoraciones del Día de Recuerdo del Holocausto (Yom HaShoah) en el Museo Yad Vashem en Jerusalén y envió un mensaje de amistad y reconciliación histórica entre los pueblos iraní e israelí.

Visitó lugares emblemáticos como el Muro de las Lamentaciones y la sede del Centro Mundial Bahá'i en Haifa. Pero también parte de su agenda fue secreta.

Lo que más llamó la atención es que el comité de recepción que recibió a Pahlevi en el Aeropuerto Internacional Ben Gurion fue la ministra de Inteligencia Gila Gamliel, una de las personas de mayor confianza de Netanyahu.

En los días siguientes, el heredero de la Corona Imperial persa se reunió con altos funcionarios israelíes, incluido el propio primer ministro, la ministra de inteligencia Gamliel, el director del Mossad David Barnea y el director del Consejo de Seguridad Nacional, Tzachi Hanegbi.

También se sabe que tuvo reuniones con Israel Katz, ministro de Energía, con Erez Halfon, presidente del Consejo de Administración de la Eilat-Ashkelon Pipeline Company y con Itzik Levy, director general y responsable de la gestión operativa y estratégica de la compañía.

Reza Pahlaví en el Muro de las Lamentaciones de Jerusalén, durante una visita a Israel en 2023.

Reza Pahlaví en el Muro de las Lamentaciones de Jerusalén, durante una visita a Israel en 2023. Ariel Zandberg, GPO; Pazit Dank

En aquella reunión se decidió que si Estados Unidos e Israel querían algún día acabar militarmente con el régimen de los ayatolás, el gobierno de Netanyahu apoyaría sin fisuras, incluso ante la Casa Blanca de Donald Trump, la restitución de Reza Pahlaví, heredero de la Corona y jefe de la Casa Imperial Pahlavi en el trono de Irán.

Sin duda, Netanyahu sabe que si se consigue, Israel volvería a ser una pieza importante en el inestable tablero del juego de ajedrez del petróleo en el Oriente Próximo. En ello va la supervivencia de su Estado.

'Éxodo 3:8'

Israel era aún un joven Estado de apenas 20 años, y que tan solo un año antes había dejado con la boca abierta a los grandes estrategas militares de todo el mundo, cuando el 5 de junio de 1967 y por sorpresa atacó a tres países árabes a la vez: Egipto, Jordania y Siria.

El primer día liquidaron por completo a la fuerza aérea egipcia y de otros cuatro países árabes. En total, 451 aeronaves.

El segundo y tercer día penetraron a gran velocidad de avance en la península del Sinaí y en la Franja de Gaza.

El cuarto día, Israel tomó el control de Jerusalén Este y Cisjordania tras enfrentamientos con el ejército de Jordania.

Y el quinto y sexto día, Israel avanzó sobre los Altos del Golán, arrebatándole esta zona estratégica a Siria.

Soldados israelíes celebran su victoria en la Guerra de los Seis Días.

Soldados israelíes celebran su victoria en la Guerra de los Seis Días. Reuters

Pero a pesar de aquel éxito militar, el gobierno de Levi Eshkol entendió que su supervivencia no sólo dependería de un ejército eficiente, sino también de un suministro de petróleo constante.

Muchos analistas aseguraron entonces que si la Guerra de los Seis Días hubiese durado un mes más, probablemente Israel habría sido derrotado al no acceder a reservas de crudo.

El propio Eshkol y Moshe Dayan, su ministro de Defensa, sabían que sus aviones Dassault Mirage III, Mystere IV y Ouragan, no habrían tenido combustible para alzar el vuelo.

Eshkol llamó entonces a su director del Mossad, Meir Amit, para pedirle que estableciera relaciones secretas con aquellos países de la región que estuvieran dispuestos a suministrar crudo a Israel.

Aquella operación llevaría por nombre 'Éxodo 3:8'. El nombre hacía referencia a la tierra prometida descrita como "tierra que fluye leche y miel" (Éxodo 3:8), simbolizando prosperidad y abundancia.

Eshkol y Amit entendían que esa 'leche y miel' de la que hablaban las Sagradas Escrituras no era otra cosa que el negro petróleo.

El objetivo del Mossad sería el poderoso general Nematollah Nasirí, director de la temible SAVAK, el servicio de inteligencia y seguridad del Irán bajo el sha Mohammad Reza Pahlaví.

Nasirí, un hombre que admiraba Israel, conectó de forma inmediata con su homólogo israelí, a quien consideraba un 'maestro' en el mundo de la inteligencia y la seguridad.

El último Sha de Irán, Reza Pahlavi.

El último Sha de Irán, Reza Pahlavi.

La primera reunión entre Amit y Nasirí sucedería en una habitación del famoso Dan Tel Aviv Hotel, el hotel más prestigioso de la ciudad desde 1935.

Situado frente al mar Mediterráneo, en la avenida costera de Hayarkon, se había convertido en un punto de encuentro habitual para diplomáticos, periodistas internacionales, empresarios, políticos, visitantes extranjeros y, por supuesto, espías de todo tipo y condición.

Aquella nueva 'amistad' en las sombras daría paso a una de las mayores y más secretas operaciones entre el Mossad y la SAVAK imperial.

El oleoducto invisible

En el verano de 1968, mientras Oriente Medio seguía sacudido por las consecuencias de la Guerra de los Seis Días, dos países que hoy se perciben como enemigos irreconciliables sellaban en silencio uno de los acuerdos energéticos más sorprendentes de la historia contemporánea.

El Israel de Eshkol y el Irán del sha Pahlavi decidieron construir juntos un oleoducto que atravesaría el desierto israelí y conectaría dos mares.

El proyecto dio origen a la Eilat-Ashkelon Pipeline Company (EAPC), una empresa creada para gestionar una infraestructura estratégica que durante décadas permaneció rodeada de absoluto secreto.

Su objetivo era simple pero ambicioso: transportar petróleo desde el Mar Rojo hasta el Mediterráneo sin pasar por el Canal de Suez, una vía vital para el comercio mundial que había quedado cerrada tras el conflicto árabe-israelí de 1967 y aún bajo el control del general Gamal Abdel Nasser.

El sistema funcionaba como una arteria energética invisible. Petroleros iraníes llegaban al puerto de Eilat, en el extremo sur de Israel.

Allí descargaban el crudo, que era bombeado a través de un oleoducto de gran diámetro hasta la ciudad israelí de Ashkelon, en la costa mediterránea.

Desde ese punto, el petróleo se volvía a cargar en barcos con destino a refinerías europeas.

La infraestructura permitía crear un atajo energético entre Asia y Europa. Irán aseguraba así una ruta más rápida para sus exportaciones, mientras Israel obtenía un suministro energético estable y se convertía, discretamente, en un nudo-socio estratégico del comercio petrolero regional.

El expresidente de EEUU, Lyndon B. Johnson, en una imagen de archivo.

El expresidente de EEUU, Lyndon B. Johnson, en una imagen de archivo.

Durante los años setenta, el sistema funcionó con eficiencia y bajo una estricta confidencialidad.

La alianza entre Teherán y Jerusalén no era tan extraña en aquel momento.

Ambos gobiernos mantenían relaciones estrechas con Estados Unidos y compartían intereses estratégicos frente a varios regímenes árabes de la región.

Además, tanto el sha de Irán como el primer ministro Levi Eshkol habían recibido el 'visto bueno' de la Casa Blanca de Lyndon B. Johnson para semejante operación. Pero todo cambiaría en 1979.

Fin de la monarquía

La Revolución Islámica iraní derrocó al Sha y llevó al poder a un régimen teocrático liderado por el ayatolá Ruhollah Jomeini.

La nueva república islámica rompió relaciones con Israel y lo declaró enemigo.

El Sha se vio obligado a huir de Irán el 16 de enero de 1979, y Nasirí, socio de Israel en el oleoducto secreto, permaneció en prisión hasta la caída del gobierno de Shapur Bajtiar, el 11 de febrero de 1979.

Cuatro días después, Nematollah Nasirí, el que fuera todopoderoso hombre del régimen imperial a través de la SAVAK, fue ejecutado por un pelotón de fusilamiento tras un juicio sumario.

Una pancarta del ayatolá Jomeini, durante la Revolución Islámica iraní.

Una pancarta del ayatolá Jomeini, durante la Revolución Islámica iraní. Reuters

Sobre el papel, la cooperación energética entre ambos países debía desaparecer inmediatamente. Pero el mundo del petróleo rara vez se rige por líneas políticas simples.

Diversos informes y testimonios posteriores sugieren que el sistema siguió operando durante un tiempo en la sombra, gracias a intermediarios privados capaces de navegar entre sanciones, rivalidades geopolíticas y mercados internacionales.

El comerciante

Entre esas figuras apareció uno de los personajes más influyentes —y controvertidos— del comercio mundial de materias primas: Marc Rich.

Nació en Amberes (Bélgica) en 1934, en el seno de una familia judía que emigró a Nueva York huyendo del nazismo.

En los años 50 comenzó a trabajar en la empresa de comercio de materias primas Philipp Brothers, una de las mayores del mundo en ese sector.

Allí aprendió el negocio del comercio internacional de metales y petróleo. Rich fue uno de los pioneros del trading moderno de crudo.

El empresario Marc Rich.

El empresario Marc Rich. Reuters

Fundó en 1974 la empresa que con el tiempo se convertiría en el gigante global Glencore y desarrolló un modelo de negocio basado en comprar y vender materias primas en mercados políticamente complejos.

Su red de contactos se extendía desde gobiernos hasta compañías petroleras, desde bancos internacionales a servicios de inteligencia.

Esa amplia red le permitiría actuar como intermediario en operaciones que otros comerciantes evitaban, incluido el comercio de petróleo iraní en los años posteriores a la revolución.

Según diversas fuentes, Rich facilitó la circulación de crudo iraní a través del sistema del oleoducto secreto israelí y su posterior venta en mercados occidentales.

Algunas investigaciones señalan también que mantenía estrechos vínculos con el Mossad, el servicio de inteligencia israelí, actuando como colaborador informal en operaciones que combinaban comercio y estrategia.

Se sabe de sus buenas relaciones con el entonces primer ministro Menajem Begin y con el director del Mossad, Yitzhak Haka Hofi.

El empresario acumuló gracias a aquella operación secreta una fortuna inmensa y al mismo tiempo consiguió que ya una aislada Israel continuara recibiendo crudo iraní de forma clandestina del régimen de los ayatolás.

A lo largo de su carrera también comercializó petróleo con la Sudáfrica del apartheid, con la Cuba de Castro o con el Irak de Saddam Hussein, porque para Rich cuantos más embargos tuviera un país, más dinero era posible ganar.

Pero su carrera también lo llevó a enfrentarse con la justicia estadounidense. En 1983, fue acusado de evasión fiscal y de violar sanciones comerciales contra Irán.

Vivió durante años en Suiza como fugitivo hasta recibir un controvertido indulto presidencial en 2001 por parte del presidente Bill Clinton.

Rich moriría doce años después en su refugio de Lucerna (Suiza) llevándose con él los secretos de una de las operaciones más controvertidas del Mossad con el régimen islámico de Teherán.

Una empresa secreta

Mientras tanto, el oleoducto seguía existiendo. Tras la ruptura política definitiva con Irán, Israel asumió el control completo de la infraestructura.

Teherán, sin embargo, nunca renunció a su participación original y reclamó durante décadas compensaciones por el 50% que poseía en la empresa conjunta.

El conflicto ha generado largas batallas legales internacionales. Dentro de Israel, la actividad de la Eilat-Ashkelon Pipeline Company (EAPC) sigue siendo considerada un asunto sensible para la seguridad nacional.

Todo lo relativo a esta operación fue clasificado por orden de Menajem Begin bajo la Ley de Protección de Secretos de Estado de 1957, que regula la salvaguarda de información clasificada y la protección de la seguridad nacional.

Establece delitos y sanciones por divulgar, comunicar o manejar de forma indebida información considerada sensible para la defensa o los intereses estratégicos del Estado y aquel asunto del petróleo iraní lo era.

Durante años, las autoridades israelíes han limitado la divulgación pública de información sobre sus operaciones, y la empresa EAPC ha operado con un nivel de secretismo poco común incluso para el sector energético.

Con el paso del tiempo, el oleoducto dejó de ser simplemente un vestigio de una alianza pasada. Israel modernizó la infraestructura y adaptó el sistema para invertir el flujo del petróleo, permitiendo transportar crudo desde el Mediterráneo hacia el Mar Rojo.

En años recientes, el sistema ha estado vinculado a proyectos logísticos regionales que buscaban conectar el Golfo Pérsico con Europa a través de Israel, con participación de inversores de los Emiratos Árabes Unidos.

Lo que comenzó como una alianza secreta entre dos aliados estratégicos durante la Guerra Fría sigue influyendo en la geopolítica energética del siglo XXI.

La secreta historia del oleoducto Eilat-Ashkelon recuerda una realidad poco visible de Oriente Medio: las relaciones entre Estados pueden cambiar radicalmente, pero las infraestructuras y los intereses energéticos suelen sobrevivir mucho más tiempo que las alianzas políticas que las crearon.